Fútbol americano

Duelo generacional en la reedición de la Super Bowl que cambió la NFL

Jared Goff y Tom Brady se saludan antes de un partido entre los Rams y los Patriots en el Gillette Stadium. /Adam Glanzman (Afp)
Jared Goff y Tom Brady se saludan antes de un partido entre los Rams y los Patriots en el Gillette Stadium. / Adam Glanzman (Afp)

Los Rams del joven Goff son el último obstáculo para que el longevo Brady encumbre a los Patriots al peldaño de los Steelers, 17 años después del pulso entre ambas franquicias que abrió una dinastía

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Cuando Adam Vinatieri anotó aquel 'field goal' de 48 yardas que selló el inesperado triunfo de los New England Patriots ante los Saint Louis Rams el 3 de febrero de 2002 en el Superdome de Nueva Orleans, el curso de la historia de la NFL cambió. Robert Kraft, el dueño de la franquicia de Nueva Inglaterra, levantaba exultante los brazos en su palco. Ocho años atrás había comprado un equipo que andaba a la deriva para reflotarlo. En 1997 ya pisaban la Super Bowl, donde los Green Bay Packers de Brett Favre contuvieron el empuje de un conjunto liderado entonces por Drew Bledsoe y tutelado por Bill Parcell. En el año 2000 entregó el timón a Bill Belichick, un genio que consumaría una apuesta muy arriesgada tres meses después de su fichaje al emplear su opción en la sexta ronda del 'draft' para reclutar a un quarterback que había recurrido al psicólogo para lidiar con sus problemas a la hora de abrirse hueco en el equipo de la Universidad de Michigan. Ese mismo chico que creció soñando con emular algún día las hazañas de Joe Montana abandonaría Lousiana como MVP de la Super Bowl XXXVI tras un último 'drive' inolvidable. Jared Goff tenía entonces siete años. Como Tom Brady, idolatraba a Joe Montana y también anhelaba con igualar algún día las gestas del mito de los San Francisco 49ers.

Diecisiete años después, ambos medirán sus fuerzas en un duelo generacional que determinará si los Patriots alcanzan su sexto Trofeo Vince Lombardi, lo que les igualaría en la cima del fútbol americano a los Pittsburgh Steelers, o por el contrario son los Rams, ahora asentados de nuevo en Los Ángeles tras su paso por Saint Louis, quienes salen victoriosos del evento que paraliza Estados Unidos, que sólo conquistaron una vez al derrotar a los Tennessee Titans en ese 2000 en el que Kraft cocinaba su revolución.

A sus 41 años, Brady bien podría ser el padre de Goff por edad, como Bill Belichick (66 años) de un Sean McVay que a los 33 años dirigirá a los Rams como el técnico más joven de la historia en alcanzar la Super Bowl. Curtido a la sombra de Mike Shanahan en los Washington Redskins, McVay ya batió récords de precocidad cuando los Rams le nombraron entrenador jefe en 2017. Le faltaba un mes para cumplir los 31. Los californianos se estrellaron en su primera campaña. Cayeron en el duelo de 'wild card' con los Atlanta Falcons, que claudicarían a su vez en la ronda divisional con unos Philadelphia Eagles que abrocharían luego el título frente a los Patriots en Minneapolis.

Bill Belichick, durante el duelo ante Los Angeles Chargers en la ronda Divisional.
Bill Belichick, durante el duelo ante Los Angeles Chargers en la ronda Divisional. / John Catrino (Efe)

Una temporada después, McVay ha perfeccionado una formidable maquinaria que tras descabalgar a los Dallas Cowboys en la ronda divisional y superar con polémica a los New Orleans Saints de Drew Brees en la final de la NFC, amenazan con sepultar por segundo año consecutivo el afán de Brady de convertirse en el único jugador que gana seis veces la Super Bowl, lo que le permitiría romper el empate actual con Charles Haley, que logró dos veces el Trofeo Vince Lombardi con los 49ers de Joe Montana y otros tres con los Cowboys.

Sean McVay, durante un partido ante los Arizona Cardinals.
Sean McVay, durante un partido ante los Arizona Cardinals. / Christian Petersen (Afp)

Sin favoritos

Es una de las pocas marcas que le quedan por registrar al más mediático e incombustible quarterback de la NFL, que sigue sin contemplar la retirada, embarcado en una pelea contra el tiempo. Ya nadie quiere recordar cuando antes de que comenzase la pretemporada se alertaba de su presunta baja forma a raíz de unas fotos en bañador junto a su esposa, la modelo Gisele Bündchen. Le veían ya en el sofá hartándose de cerveza y perritos calientes como los que los estadounidenses devorarán este domingo. Cierto es que sus Patriots comenzaron titubeantes pero, como siempre, emergieron en el momento clave. Firmaron once victorias en la AFC Este, dos menos de las que cosecharon en la NFC Oeste unos Rams que el popular videojuego Madden NFL vaticina como ganadores de la Super Bowl LIII por un marcador de 30-27, y sacaron el boleto para el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta aniquilando a Los Angeles Chargers y los Kansas City Chiefs ya en los playoffs.

Tom Brady, durante el partido frente a los Kansas City Chiefs.
Tom Brady, durante el partido frente a los Kansas City Chiefs. / Ed Zurga (Efe)

Ante los Chiefs consumó Brady su primera victoria frente a uno de esos quarterbacks llamados a sucederle el día que se retire, Patrick Mahomes. Un triunfo que le permite disputar por novena vez la Super Bowl, algo de lo que nadie más puede presumir. Cinco de las anteriores le coronaron como el mejor de la historia. Si supera a los Rams, sería además el más veterano en lograr el trofeo, mérito que por ahora corresponde a Peyton Manning, vencedor a los 39 años y 320 días con los Denver Broncos en 2016.

La experiencia y efectividad en los duelos decisivos están del lado de los Patriots, que fiados al brazo de Brady pueden agrandar su leyenda. Pero los Rams han operado todo el curso como una máquina de precisión capaz de detener al mito pese a que, a diferencia de lo que sucedió hace 17 años, cuando la soberbia les traicionó ante un nuevo poder que nadie vio venir, ahora no parten como favoritos. Tampoco los Patriots.