Jornada 11

Solari y su admiración por Ronaldo, el 'conductor de rallies'

Solari (i) y Ronaldo, durante un entrenamiento con el Real Madrid en 2005. /Reuters
Solari (i) y Ronaldo, durante un entrenamiento con el Real Madrid en 2005. / Reuters

El argentino, que fue compañero del 'Fenómeno' en el Real Madrid durante tres campañas, hasta 2005, destaca la importancia del ahora dirigente del Valladolid en el ánimo del vestuario

Rodrigo Errasti Mendiguren
RODRIGO ERRASTI MENDIGURENMadrid

Seguro que cuando Santiago Hernán Solari y Ronaldo Nazario jugaron su último partido juntos, un 1-3 al Zaragoza en La Romareda el 28 de mayo de 2005, nunca pensaron que se enfrentarían en un Real Madrid-Valladolid (el sábado en el Santiago Bernabéu), uno como técnico y otro como máximo mandatario del club rival. Aquella no fue una buena campaña. Era el casi final de la 'era galáctica' -la temporada empezó con José Antonio Camacho, cuya dimisión dejó paso a Mariano García Remón y después a la llegada navideña de Vanderlei Luxemburgo. El argentino optó por irse al Inter, de donde había llegado el 'Fenómeno' al Real Madrid. Volverían a medirse en el derbi de Milán, en un partido en el que Ronaldo marcó un gol a la que fue su afición cuando le estaba pitando mientras el 'indiecito' estaba en el banquillo.

En su etapa de columnista en 'El País' el ahora técnico madridista le dedicó varios artículos al que consideró «el mejor futbolista de su época» y en ellos, además de su juego, destacó su personalidad, forjada a prueba de lesiones. Ronaldo, para Solari, fue «la excepción de la industria». «El talento rotundo. La fisión nuclear del átomo. El purasangre en la gatera. La victoria del instinto. El disparo quirúrgico. La técnica acabada. La pureza arquetípica del engaño y la finta. La imaginación desconcertante. Todo enfocado en una sola y obsesionada dirección: el gol. Cada jugada una sensación vespuciana de descubrimiento. Cada gol una sentencia inapelable. Izado en lo más alto de su generación, flamea solitario. Hay entre él y los demás un eslabón perdido, una fase misteriosa de la evolución que nos elude, un salto genético. Su nombre ya es de un material incorruptible como lo son Pelé, Di Stéfano, Garrincha, Maradona. Pero vos sos presente y acá todos esperamos tu sonrisa. ¡Vamos Ronie, todavía!», le decía Solari en 2008.

El día que Ronaldo anunció que colgaba las botas, en febrero de 2011, Solari usó la «melancólica» frase del brasileño en su despedida: «Jugar fue maravilloso». El argentino escribió desde «una profunda empatía y una lúcida visión del abismo que se extiende entre él y el resto de nosotros, futbolistas». La nostalgia de Ronaldo conmovía a Solari: «Me arrastra con precisión a aquellos lugares que ya no visitaré. Lo que hacía Ronaldo era, en cambio, único. Su anuncio no nos transmite algo que no supiéramos de antemano, ya que hacía tiempo que no jugaba al nivel que nos había acostumbrado, sino que nos deposita por un momento en ese espacio vacío, que es el que ocupaban las cosas que se pierden para siempre. En su frase no sólo anuncia el final de su carrera, sino también el final de su don. Nacer para ser el mejor y asistir estoicamente al propio declive. Luego, salir en rueda de prensa y anunciar su caducidad, el final de lo que le ha hecho feliz».

La travesura de Japón

En cualquier caso, Solari siempre quiso destacar que Ronaldo, en la caseta, «era un tipo que vivía con alegría». «Contagiaba a todos con su humor y sencillez. El vestuario era, en su mundo, una continuación del patio del colegio y siempre estaba dispuesto a divertirse. Una madrugada, en Japón, después de ganar la Copa Intercontinental, en medio de festejos, le vi entrar en él con una gigantesca llave de plástico dorada con el nombre impreso de una conocida marca de autos japoneses. Había ganado el premio al mejor jugador del partido: una gran camioneta blanca. Le pregunté si, por casualidad, no le habían entregado también las llaves. Me miró con complicidad, intuyendo la travesura infantil. Nos escapamos a la cancha otra vez. Ronaldo no se limitó a dar vueltas olímpicas, convirtiendo el Estadio Internacional de Yokohama en una pista de Nascar. Fue una estupenda sesión de rally, ante la desesperación de los encargados japoneses, que concluyó sólo cuando nos incrustamos dentro de la portería donde, un par de horas antes, había marcado el gol».

Solari vivió entregado al talento y carisma de Ronaldo, que «subvertía sólo por diversión». «Se relacionaba con el público desde su carisma y con sus pares desde la sencillez. Jugaba al fútbol desde una natural superioridad y acribillaba a sus adversarios con su talento brutal. Disfruté al compañero y admiré al futbolista. Jugar con él fue maravilloso», reconoció el actual entrenador del Real Madrid tras la despedida del brasileño del fútbol activo. Ahora, siete años después, Solari, tras debutar con éxito en el banquillo en el duelo copero ante el Melilla, necesita que su Real Madrid se imponga el sábado al Pucela de Ronaldo para adelantarlo en la tabla, ya que ahora mismo el Valladolid -que apeó a los blancos de la Copa en la 2004-05, su última campaña juntos- tiene dos puntos. Ver para creer. Y es que Ronie, como ya decía el propio Santi, toca algo y lo convierte en mágico. Veremos si tiene Solari el mismo éxito que hace unas semanas, cuando se impuso al filial blanquivioleta en los Campos Anexos del José Zorrilla con el Castilla (1-2).

Contenido Patrocinado

Fotos