«No habrá otro Ibrahimovic»

Zlatran Ibrahimovic, se despide de la afición sueca. /
Zlatran Ibrahimovic, se despide de la afición sueca.

El portento que creció en un gueto de Malmoe sufre la despedida más sonada de la Eurocopa y un triste adiós a tres lustros con Suecia

IGNACIO TYLKOMadrid

Sin desmerecer al señor Cech, don Petr, el eterno guardián de los checos, el delantero sueco Zlatan Ibrahimovic es la gran estrella que se apaga tras la primera fase de esta anodina Eurocopa de la igualdad, los resultados más bien cortos. Tres lustros largos después de debutar ante las Islas Feroe y cerca ya de los 35 años, el gigante nórdico puso fin al idilio con su selección tras una actuación vulgar, con derrota ante los belgas y eliminación en la primera fase del gran campeonato continental.

«He recibido mucho de Suecia. Es duro y decepcionante marcharse así, pero he tenido la oportunidad de representar a este país en otra fase final y estoy orgulloso por ello. Me llevo un montón de buenos porque ha sido una bonita historia», contaba Ibra, emocionado, en las tripas del estadio Allianz Riviera de Niza.

«Sin los hinchas que me han apoyado hasta el final, no hubiera saboreado tantas cosas. Donde sea que vaya, voy a llevar siempre conmigo la bandera sueca», resaltaba, con los ojos vidriosos, este fornido ariete de padre bosnio y madre croata, emigrantes de la antigua Yugoslavia. En la hora del adiós, se acordó de su dificil pasado. «Es muy grande lo que me ha ocurrido. Sabemos de dónde viene uno, lo que se llama el gueto (su barrio natal desfavorecido en Rosengard, en Malmoe), pero he hecho de este país, mi país».

Su último partido, con gol anulado incluido a Ibra por falta previa de un compañero, estuvo presidido por escenas con aire nostálgico. Su concentración en el túnel de vestuarios, su mirada perdida durante el himno nacional y el apoyo de miles de hinchas suecos, con la camiseta del 10 de Ibrahimovic a la espalda y cantando el tema 'Go West' de los Pet Shop Boys. En el otro bando, los belgas correspondían con la misma música y la letra improvisada de 'Au revoir' (adiós), Zlatan.

Eliminada Suecia, se sucedieron los elogios a Ibra de compañeros y rivales. «Me hubiera gustado otro final para él. Habrá muy buenos jugadores suecos, pero no otro Ibra. Somos un país pequeño y es difícil que surjan estrellas así», subrayó Erik Hamren, técnico de los escandivanos. «Se marcha un gran campeón", proclamó Eden Hazard, la estrella belga. «Sé lo difícil que es dejar la selección y le deseo lo mejor porque es un gran personaje», dijo Marc Wilmots, hoy seleccionador de los 'Diablos Rojos' y antaño buen centrocampista.

Aquella espuela inolvidable

La brillante trayectoria en sus clubes, con títulos en Holanda, Italia, España y Francia, no se ha visto correspondida en la selección. Desde su explosión en Portugal 2004, donde Ibra dejó un gol de espuela inolvidable ante Italia que condujo a su equipo a cuartos, no ha vuelto a brillar en una fase final. Un hecho que tiene mucho que ver con la progresiva decadencia de Suecia. Tras la fallida clasificación para el Mundial de Brasil, el capitán se echó al equipo a la espalda y anotó 11 de los 19 goles suecos en el camino hasta Francia. Sobre todo, decidió con tres tantos, dos de ellos en el choque de vuelta jugado en Copenhague, la eliminatoria de repesca ante Dinamarca.

En el gran torneo francés, sin embargo, su desempeño ha sido pobre. Apenas un tiro a puerta, seis fuera y cinco rechazados por algún rival en tres partidos, saldados con empate ante la República de Irlandia (1-1) y derrotas por la mínima frente a Italia y Bélgica. Ibra, además, ha dado 102 pases, el 75% acertados, ha recibido seis faltas y ha cometido otras tantas. Signos de que pierde influencia en el área y cada vez retrasa más su demarcación.

No ha podido igualar a Cristiano como los dos únicos capaces de marcar en cuatro fases finales consecutivas de la Eurocopa, pero ha participado en 116 partidos con su país y ha anotado 62 goles, más que nunca en la historia. Un hito para este portento de la naturaleza, cinturón negro de taekwondo, aficionado a la pesca y que presume de que su tío Sabahudim fue un famoso boxeador en los Balcanes.

Adiós a Suecia, pero bienvenida a otro contrato sonado. Tras sellar casi 40 goles en su mejor temporada con el PSG, meses atrás anunció su final del gran club galo. «Llegué como un rey y me marco como una leyenda», dijo, en tono chulesco. No es oficial y también le quiere Carlo Ancelotti para el Bayern, pero se da por hecho que le esperan con los brazos abiertos José Mourinho y el Manchester United. Y un suculento contrato de cuatro años y 40 millones para un agente libre, un tipo capaz de que la academia sueca incluyera en su diccionario el neologismo 'zlatanear', que significa dominar con fuerza.