«Fue un creador de sueños»

Héctor Castresana, con la Copa Asobal de 2008./Albert Dalmau / EFE
Héctor Castresana, con la Copa Asobal de 2008. / Albert Dalmau / EFE

Jugadores y exjugadores del Ademar que han pasado por las manos del hermano Tomás recuerda su «disciplina», su «pasión» y la gran formación que recibieron a su lado

Dani González
DANI GONZÁLEZLeón

«Nuestro sueño ha sido posible gracias a él». Esta es una de las frases más repetidas entre los jugadores que han pasado por las manos del hermano Tomás.

Santo y seña del Ademar, del balonmano en León y de la formación en este deporte pero, además, «como personas», el fallecimiento del hermano Tomás ha pillado por sorpresa a muchos y, sin duda, ha causado un gran dolor en todos ellos.

Castresana: «Gracias a él, he sido lo que llegué a ser»

«Fue un creador de sueños», asegura Héctor Castresana, que recuerda que «primero nos hizo personas y luego jugadores, nos hizo creer en unos valores deportivos y en la exigencia, porque era un ganador nato».

El histórico pivote del Ademar señala que se le va a echar «mucho de menos» y le agradece toda su labor. «Gracias a él, Héctor Castresana ha sido lo que llegó a ser».

Recuerda, en especial, cómo les cuidaba y lo «estricto» que era con la educación. «Era capaz de mantener a raya a un grupo de 15 chavales de 16 años», rememora.

García Vega: «Decir balonmano es decir hermano Tomás»

Otro jugador con gran historia en el Ademar, Jorge García Vega, recuerda los «entrenamientos en el patio de Maristas» con el hermano Tomás y destaca que era «una persona totalmente entregada al balonmano» y el «precursor» de que León tenga «una de las mejores canteras de España». «Decir balonmano en León es decir hermano Tomás».

Destaca, al igual que Castresana, su faceta de «formador de personas y jugadores, por este orden» y el hecho de estar «al pie del cañón, todos los días, con los niños». «Se pasaba la vida en el patio, entrenando a los centenares de niños que jugaron a balonmano».

Juan Castro: «Entrenábamos en los recreos con la ropa de calle»

Otro que también pasó por sus manos fue Juan Castro que, asegura, le entrenó tanto a él como a su padre. «Era una persona muy desinteresada, que echaba muchas horas. Tenía sus formas de trabajar, pero reunía todos los valores del deporte y destacó, sobre todo, como formador de personas», afirma.

Castro recuerda, en especial, que les hacía entrenar en los recreos. «Estuve dos años, prácticamente, sin recreo. Nos llevaba al pabellón y entrenábamos con la ropa de ir a clase: botas, vaqueros, abrigo... y si no ibas, se enfadaba. También recuerdo que iba por los pasillos del colegio y, a todo aquel que veía alto o ágil, lo llamaba para ir a entrenar», asegura.

Una persona afable, que se ganó el cariño de todos y que es historia del balonmano de León. Así lo recalcan todos sus pupilos, todos los que aprendieron de deporte y de la vida junto a él y que ya le han empezado a echar de menos.