Adiós hermano

La vida se queda corta ante personajes como el hermano Tomás, tan enormes, tan llenos de principios, tan gigantes en lo humano que resultan imposibles de encajar en lo cotidiano

El hermano Tomás en una de sus últimas comparecencias./Sandra Santos
El hermano Tomás en una de sus últimas comparecencias. / Sandra Santos
J. Calvo
J. CALVOLeón

La vida se queda corta ante personajes como el hermano Tomás, tan enormes, tan llenos de principios, tan gigantes en lo humano que resultan imposibles de encajar en lo cotidiano.

El hermano Tomás era bondad infinita. No es un regalo prendido a una muerte esperada pero dolorosa, muy dolorosa, que hace un enorme daño por el gran vacío que propicia.

Su personalidad, tan grande como cuanto creó en su entorno, define lo que este hombre grandullón en todos los sentidos había entregado a la sociedad leonesa. Y por ahí queda una lista interminable.

Quienes le conocieron, y le disfrutaron, quienes recibieron sus felicitaciones y sus 'bofetones' (siempre oportunos para enderezar a los descarriados) saben que su grandeza supera todo lo imaginable.

En Maristas, su colegio, enseñaba Matemáticas, o balonmano, o balonceso, o voleibol. Y eso era lo menos importante: enseñaba la vida, en realidad. «Y en la vida hay momentos buenos y momentos malos, y tenemos que aprender a superarlos», decía.

Fue padre de generaciones de estudiantes, entrenador de cientos de jugadores, consejero de no pocas familias y tutor sin descanso de aquellos jóvenes a los que ayudó a salir adelante, a no perderse en el camino.

Cierto que la vida le unió al deporte, y que en el deporte encontró una herramienta para no pocos chavales que no acertaban a 'conectar' con el entorno. «Hemos sacado buenos jugadores, pero ante todo hemos ayudado a crear excelentes personas», decía.

Condolencias

Y fue así, siempre fue así.

Lloró en primera persona la muerte de César, Algorri, la de Carlos Álvarez, lloró con desconcuelo la pérdida de Juan Arias, y la de tantos jóvenes que formaban su corazón, porque el corazón del hermano Tomás se había construido de pequeños trozos de vida de los alumnos que estuvieron bajo su tutela.

Quizá por ese motivo, este miércoles, cuando su corazón se ha detenido, se ha parado el de medio León.

Se ha ido el hermano Tomás, queda su memoria, su buen hacer, y sus enseñanzas. Queda el Ademar y el colegio Maristas. Queda su corazón prendido a León y al deporte. Queda sus enseñanzas, que serán eternas.

Capilla ardiente en Maristas

La capilla ardiente se podrá visitar desde las 18:00 horas de este miércoles a las 20.30 horas en el colegio Maristas San José de la capital. Este jueves estará abierta desde las 10:00 horas hasta la celebración de la misa de funeral, que será a las 17:00 horas.