«Ya no tengo la angustia de las audiencias»

Mercedes Milá con su inseparable schnauzer de cinco años./
Mercedes Milá con su inseparable schnauzer de cinco años.

«Con Jesús Calleja y María Ruiz, los productores, me voy al fin del mundo», asegura la presentadora que regresa con nuevos capítulos de 'Scott y Milá'

JULIÁN ALÍA

Mercedes Milá (Esplugas de Llobregat, Barcelona, 68 años) tenía entre ceja y ceja «hacer un programa social» además de 'Gran Hermano' cuando trabajaba en Telecinco. Y a su idea la periodista catalana asegura que la respuesta de Paolo Vasile, consejero delegado de Mediaset, fue: «Bah, tonterías». Lo dijo en la presentación de cuatro nuevas entregas de 'Scott y Milá', ese formato que andaba persiguiendo, y que regresa hoy a las 22.00 horas a Movistar con una entrega sobre el amor. Acompañada de su inseparable schnauzer de cinco años, que la antecede en el título del formato, Milá también afirmó que el directivo italiano «está anticuado» y que no entendió que ella «era mucho más moderna que él». La que fuera presentadora de 'Gran Hermano' durante dieciséis años tampoco elude la actualidad política, y compartiendo su comida con su querido Scott, que permanece tranquilo sobre sus rodillas, considera una «tomadura de pelo» que haya que celebrar unas nuevas elecciones, sobre todo por la alta participación de las últimas, que «no han servido de nada».

- ¿Cómo ha cambiado Mercedes Milá de cara a estos nuevos capítulos?

- Yo creo que hay una enorme diferencia en mí. La vez anterior, hasta que entendí lo que mi jefa quería que yo hiciera. tela. O sea, el suelo se me movió mucho. Lo pasamos mal. Yo lo pasé mal porque no entendía hasta qué punto yo me tenía que desnudar. Entonces, lo hacía, porque mi confianza en Zanskar (la productora) es tan ciega, que es hasta peligrosa. Cuando te enamoras de Jesús Calleja y de María Ruiz (responsables de Zanskar), dices: 'Yo con estos me voy hasta el fin del mundo'. Pero hasta el extremo, hasta el punto de que cuando todavía no se había decidido en qué cadena íbamos a estar, María me decía que Movistar, y yo: '¿Pero cómo me voy a ir yo a Movistar? ¡Si vengo de la Fórmula 1! ¿Estás loca tú o qué?'. Y hasta en eso me convenció, y bendita la hora.

- ¿Tanto ha agradecido el cambio?

- Sí. Estoy feliz por la carencia de la angustia que conlleva estar en una generalista con una audiencia tan importante. Aquí trabajas con otra serenidad. Me costó entenderlo, pero ahora sé a lo que vamos, porque me entusiasma lo que vi, y me tienen muy en cuenta. Parecerá una tontería, pero me preguntan por los temas que me provocan, que me dan curiosidad, después lo discutimos y vamos por ahí o por otro lado. Ellos dicen sí o no, que por suerte hasta ahora todo ha sido sí. No hay dinero para pagar que el capitán sepa a dónde va. Me da vergüenza hablar tan bien, pero mentiría si dijera lo contrario.

- ¿Cómo surgió esa conexión?

- Yo tonta no soy. Cuando me fui al Polo Norte con Jesús y María a hacer el programa aquel famoso en el que me bañé en el agua helada y que se ha visto cuarenta veces, nada más llegar y verles trabajar dije: 'Uy, uy, uy. Yo no paro hasta que no trabaje con estos'. Y me costó un año.

- ¿Por qué?

- ¡Porque son dificilísimos de aceptar! Decían que yo les iba grande, y yo que se quedasen con mi exclusiva, que yo era toda suya. Yo sabía que me iban a dar la tranquilidad que necesitaba. Y así es la vida.

- ¿Por qué sufría con las audiencias?

- Yo sufrí las audiencias desde el año en el que aparecieron las privadas. Antes, ancha es Castilla. Cuando trabajaba para TVE ni preguntaba lo que habíamos hecho. ¿Veinte millones? ¿Quince millones? Es que me daba igual. Luego, en Antena 3, al principio fue muy bien con el programa 'Queremos saber', e hicimos dos temporadas. Y luego cambiamos, por esta moda española tan ridícula que consiste en que un programa que va bien hay que cambiarlo y hacer otro... Que espero que con este no pase lo mismo y lleguemos a no se sabe cuántos. Aunque yo con la edad que tengo no sé cómo pretendo llegar a muchos más.

- ¿A partir de ahí sí empezó a prestar atención al 'share'?

- Ahí empecé a sentir el aliento del caballo de la audiencia. Cuando hicimos un segundo programa que se llamaba 'Más que palabras', yo, por honradez hacia mis compañeros, dije: 'Este programa no va bien de audiencia. Hay que cortar, porque no va lo bien que tiene que ir'. Ahí empezó la angustia, y luego volvió a desaparecer cuando llegó 'Gran Hermano', porque te levantas al día siguiente de estrenarlo y ves que la audiencia ha sido apoteósica. Y tú no sabes por qué, porque no tienes ni idea del programa. He pasado 16 años de mi vida gozando de esa tranquilidad de 'Gran Hermano', y resulta que ahora la audiencia se mide de otra manera en estas plataformas.