José Luis Puerto: «La literatura contemporánea en Castilla y León indaga en el mundo del origen y la memoria»

El poeta afincado en León, José Luis Puerto./Campillo
El poeta afincado en León, José Luis Puerto. / Campillo

El escritor salmantino afincado en León, Premio Castilla y León de las Letras 2018,subraya que «la raíz de lo poético también está en las creaciones anónimas y populares»

CÉSAR COMBARROS

Se cumplen 37 años desde la publicación de 'El tiempo que nos teje' (1982), el primer poemario del escritor salmantino José Luis Puerto (La Alberca, 1953), afincado en León desde hace 23 años, y el jurado del Premio Castilla y León de las Letras ha querido reconocer su vasta trayectoria literaria otorgándole el galardón. Compaginada con una extensa trayectoria docente en Sevilla, Segovia y León, Puerto ha desarrollado una fecunda obra poética y un admirable trabajo etnográfico, que tras décadas de investigación le ha permitido publicar obras monumentales como 'Leyendas de tradición oral en la provincia de León' (2013), 'Rumor de la palabra: tradiciones orales de la comarca leonesa de Rueda' (2014), 'Romances y cantares narrativos de tradición oral en la Sierra de Francia' (2016) o el reciente 'Leyendas de tradición oral en la provincia de Salamanca' (2019) , entre otros. «El Premio ha sido una gran sorpresa, porque creo que la tarea del escritor es estar en un segundo plano y así lo he intentado siempre», reconoce.

El fallo del jurado destaca su «dilatada y brillante trayectoria» y «amplia obra poética», además de la promoción de revistas y colecciones editoriales, pero buena parte de su dedicación se ha centrado también en la investigación etnográfica.

Efectivamente, para mí lo poético no solo se da en los creadores cultos, como los poetas o los novelistas, sino que también se da en el pueblo campesino, con sus creaciones tradicionales y anónimas en el trabajo, las celebraciones, las creencias o los ritos, a través de romances, cantares, cuentos o leyendas. Yo llevo indagando en ello desde los años 80 porque para mí la raíz de lo poético, de ese imaginario humano que se va configurando a lo largo del tiempo, también está en las creaciones anónimas y populares.

¿Ese trabajo es su forma de reivindicar y de que no se pierdan en el olvido las raíces de las que venimos?

Sí. Para mí una de las líneas decisivas de la literatura contemporánea en Castilla y León es que se trata de una literatura de la memoria, también del origen, de indagar en el mundo del origen y la memoria, de la raíz, de la semilla, de todo aquello que nos da sentido porque está ahí, y todo eso por ejemplo también está en mi poesía y en toda mi escritura.

Campillo

¿Estar ligado a la docencia durante tantas décadas fue fruto de su necesidad de contagiar esa pasión que siente por las letras a las nuevas generaciones?

Para mí mi tarea docente de iniciar a mis alumnos en el ámbito de la cultura y de la creación, ha sido muy importante. Yo he tratado de transmitir la pasión por leer, por analizar, por entender todas las señales y los signos de la cultura, y ha habido no pocos alumnos que lo han captado y siguen en contacto conmigo, de todas las etapas de mi docencia, tanto de la época andaluza en Sevilla como de la época segoviana, como también de León, y eso es algo muy hermoso y muy grato. Ha sido una de las tareas esenciales de mi vida.

¿Qué le empujó hacia la literatura?

Al final de mi niñez, en mi primera adolescencia, cuando contaba diez u once años, yo ya escribía sin que nadie me lo mandara y curiosamente a ese ser escritor, del que tengo conciencia a partir de ese momento, es a lo que más fiel he sido a lo largo de toda mi vida. He guardado una fidelidad a la escritura y a la necesidad de plasmar tu mundo propio, a la interioridad y la exterioridad, a todo aquello del mundo que te fascina y seduce, y lo he hecho de una manera continuada. Es decir, ha sido un largo proceso de formación, en el cual también está la lectura de poesía. El primer poeta que me enseña a escribir es Antonio Machado, luego aparecen Juan Ramón Jiménez, determinados poetas del 37 (con unos he congeniado más que con otros) y otros maestros como los poetas del 50 (donde los que más me han aportado han sido el zamorano Claudio Rodríguez, José Ángel Valente o Francisco Brines). En la generación de los novísimos destacaría a uno de mis maestros, que además es gran amigo: Antonio Colinas.

¿Qué le ha aportado a nivel vital la poesía?

Para mí ha sido siempre una fuente de revelación. En la poesía siempre he descubierto belleza, pero también una iluminación sobre lo que es el mundo, el ser humano, el tiempo… Los grandes misterios los veo siempre expresados y resueltos en la poesía. Me ha acompañado como lector y luego también como escritor, y siento que no hay poesía posible, verdadera, sin que el escritor lleve una vida espiritual muy intensa e íntima, que de alguna manera se va tejiendo en el vivir, en el existir, contemplar, observar, en el arte, en la música, la pintura, la lectura, pero a la vez también en ese contacto con el mundo normal y corriente, humilde, que es el que tenemos siempre a nuestro alrededor.

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Además ha fundado y dirigido revistas literarias como 'Encuentros', 'Pavesas', 'Cuadernos del Noroeste', 'Plástica & Palabra'…

Ha sido siempre una de mis vocaciones. La tarea de editor siempre me ha seducido porque en España, ya desde los años 20, se ha editado muy bien la literatura. En Segovia creamos la revista 'Encuentros', luego yo en León los 'Cuadernos del Noroeste', 'Pavesas hojas de poesía' que lo hice desde Segovia, y ahora aquí en León codirigí una colección en la Universidad que se llama 'Plástica & Palabra', donde hemos editado por una parte textos de artistas que escriben y de escritores que pintan o que dibujan. Y ahora otra colección que codirijo en la Universidad de León se llama 'Caligramas', donde hemos publicado tres libros, entre ellos 'Abecevarios', poesía pintada que es una faceta de mi escritura que conoce poca gente.

El jurado del Premio Castilla y León también destaca la obsesión central por el tiempo en su trabajo.

La temporalidad siempre la he entendido como una suerte de urdimbre en la que vivimos. Cada uno tejemos nuestra propia tela en esa urdimbre del tiempo, que es siempre muy misteriosa y cuyo sentido se nos escapa. Esa vibración del tiempo sí está en mi escritura, pero también los espacios de la naturaleza, que siempre han sido fuente de inspiración para mí, los espacios arqueológicos, con el misterio que encierran sobre la vida antigua de nuestros antepasados, que son semillas enigmáticas y misteriosas que también nos transmiten mensajes. Todo eso está ahí, en la escritura.

Esa fijación por el tiempo atraviesa toda su obra, tanto la poesía como la vertiente etnográfica o la prosa.

Ya en mi primer libro había un verso que era como una suerte de anhelo: «Tachemos los calendarios, inventemos el tiempo». Es decir, hay un tiempo rutinario, el de los calendarios, que de alguna manera nos aniquila y nos lleva a la vida rutinaria, a veces sin sentido, que es la que aparentemente todos vivimos. Luego hay otro tiempo vivido de otra manera, que ya depende del proyecto espiritual de cada uno, que es un tiempo más fértil y más personal de cada uno, de la creación, del amor, también del dolor y del sufrimiento, todo ese tipo de experiencias humanas universales que nos configuran.

¿Qué proyectos tiene entre manos en este momento?

Por una parte estoy con un nuevo libro de poemas que empecé en 2016, y en el ámbito de la etnografía el pasado verano empecé un nuevo tipo de recogida de información sobre los romances tradicionales de toda la provincia de Salamanca porque creo que si no la hago yo no se va a hacer. Eso me va a llevar tiempo y en ello estoy.