El año en que todo cambió para siempre

El año en que todo cambió para siempre

La periodista sueca Elisabeth Asbrink profundiza en su libro '1947' en el inicio del mundo contemporáneo

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Cuando los libros de historia recuerdan las décadas de los 30 y de los 40, 1947 es un año con poco pedigrí. Queda a la sombra de 1936, el comienzo de la Guerra Civil española; de 1939, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y terminó el enfrentamiento español; de 1942, el año en que Hitler descubrió que su ejército no era invencible; o de 1945, final del conflicto global. Y sin embargo, la escritora y periodista sueca Elisabeth Asbrink reivindica esos 12 meses, que considera vitales para entender la segunda mitad del siglo XX y el mundo contemporáneo, en su libro '1947. El año que lo cambió todo' (Turner).

En la geopolítica, 1947 consagra el inicio de la Guerra Fría. Bernard Baruch, asesor del presidente norteamericano Harry S. Truman, y el periodista Walter Lippmann, bautizan con ese nombre una nueva era que se caracterizará principalmente por el choque indirecto, a través de países interpuestos, entre Estados Unidos , que lanza ese año el Plan Marshall, y la Unión Soviética, que extiende su puño de hierro a los países del Este de Europa.

Pero mientras las dos potencias se amenazan con la destrucción mutua, el mundo se sigue moviendo. Tras la barbarie del 39 al 45, las recien creadas Naciones Unidas comienzan a debatir el concepto de «derechos humanos». «Nunca más, se dicen los seres humanos de todo el mundo. Nunca más, dicen los miembros del equipo de trabajo para la creación de los derechos humanos, sin apenas comprender el alcance de su cometido», escribe Asbrink, una reputada periodista de investigación que reveló los vínculos entre el fundador de Ikea y grupúsculos nazis en Suecia.

El reconocimiento de las facultades humanas y la catalogación de los crímenes nazis como genocidio, una palabra popularizada en ese 1947 por el jurista Raphael Lemkin, representaron una esperanza para el Derecho Internacional. También fue un año de esperanza para el pueblo judío, que sentó las bases de la proclamación de su Estado, Israel, en mayo de 1948. Asbrink recuerda en su obra que durante el 47 los británicos renunciaron a su mandato en Palestina y la ONU aprobó un plan de partición que, sin embargo, se convirtió en el germen del conflicto que desde entonces castiga a Oriente Próximo.

La debilidad británica dejó en 1947 otra partición, más sangrienta si cabe que la de Palestina. India se desgajó y nació Pakistán, el Estado que debía acoger a los musulmanes que vivían en el país de Gandi. Los trenes que transportaban a los musulmanes de la India hacia Pakistán y a los hinduistas de Pakistán hacia la India, en los que se cometieron matanzas atroces que el libro recuerda, fueron la metáfora del horror que provocan los nacionalismos exaltados.

En cualquier caso, Elisabeth Asbrink, ganadora de los premios Kapuscinki al mejor reportaje literario y el August al mejor libro de no ficción por 'Y en Wienerwald los árboles todavía están en pie', va más allá de la política y subraya que 1947 es también clave para el feminismo, la moda o la música. En ese año Simone de Beauvoir comienza a escribir 'El segundo sexo' mientras vive un apasionado romance con el escritor norteamericano Nelson Algren. También entonces Christian Dior pone de moda las faldas largas y nace el emporio sueco H&M, mientras Thelonious Monk, Dizzie Gillespie y Charlie Parker crean el movimiento 'be-bop' que revolucionó el jazz.

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