Cela, las mil caras de un creador salvaje

Ejemplar de 'Viaje a la Alcarria', de Camilo José Cela./
Ejemplar de 'Viaje a la Alcarria', de Camilo José Cela.

Su "poliédrica" trayectoria se refleja en las 600 piezas de la muestra que la Biblioteca Nacional dedica al Nobel en su centenario

MIGUEL LORENCIMadrid

Si algo define la vida y la obra de Camilo José Cela (1916-2002) es su carácter poliédrico. Conocido universalmente como literato, galardonado con el premio Nobel, fue un portento de múltiples intereses y capacidades. Su vida y su obra las repasa ahora la Biblioteca Nacional en la muestra que celebra el primer centenario del nacimiento de Cela. Un ser proteico y excesivo que, además de genial narrador fue poeta, novillero, pintor, censor, viajero, vagabundo, editor, actor, dramaturgo, articulista, memorialista, lexicógrafo, epistológrafo, coleccionista -de esquelas y orinales-, periodista, académico, o senador. Pero también un indesmayable provocador y polemista, un showman, amigo de sus amigos y dotado de una «salvaje potencia creadora» según el catedrático Adolfo Sotelo.

Todas estas facetas de sus personalidad «ecléctica, poliédrica y complicada» están presentes en la muestra 'Camilo José Cela 1916-2106. El centenario de un Nobel. Un libro y toda la soledad', organizada Acción Cultural Española (AC/E) y la Fundación Pública Gallega Camilo José Cela. La inauguró el rey Felipe VI en un recorrido guiado por Adolfo Sotelo, comisario de la exposición, gran especialista en la figura de Cela y futuro biógrafo, que la ha puesto el acento en ese carácter «diverso y multifacético», que a su juicio define el genio múltiple de Cela, y en su insólita capacidad creadora.

«Su potencia creadora, en especial en sus primeros años, es salvaje», apunta Sotelo, que entre libros, pinturas, dibujos, manuscritos, fotografías, objetos y toda suerte de documentos ha reunido más de 600 piezas procedentes de la fundación Cela. Con ellas conforma un recorrido «por la aventura personal, intelectual, literaria y artística de un clásico de las letras del siglo XX».

Sotelo habla de tres grandes momentos en la vida de Cela: la ascensión del escritor, de 1942 a 1956; su consolidación, -período central de la muestra, que abarca de 1956 a 1989-, y la etapa de los reconocimientos -«que llegaron antes fuera que a en casa»- en la que concatenó el Nobel, el Cervantes el premio Planeta, entre muchos otros galardones. Se desarrolla en 44 secciones en lo que es para el comisario «un viaje por las fortunas y las adversidades» del autor de 'La Colmena'. Además de destacar la importancia de sus novelas «evidencia su relación con la cultura y la sociedad de cada momento histórico» en un viaje que va del 'Pascual Duarte' (1942) a 'Madera de Boj' (1999).

«Quiere ser un recorrido veraz y atractivo por todos los perfiles del escritor -novelista, narrador, articulista, memorialista, dramaturgo, lexicógrafo, poeta- sin dejarse en el tintero la expresión de otras caras de su personalidad: académico, editor, promotor cultural, artista conocedor y amante de las artes, o coleccionista que conforman 'el otro Cela'», apunta Sotelo, catedrático de Historia de la Literatura Española de la Universidad de Barcelona y decano de su Facultad de Filología.

Desde su otero de «narrador», Cela «explica» su aventura personal, literaria y de agitador cultural y político. Sus explicaciones se nutren de sus textos autobiográficos, de su inacabable fondo epistolar y de su 'écriture du jour', los miles de artículos, que publicó en periódicos de muy diverso signo: de Arriba, Solidaridad Nacional, La Vanguardia Española o Informaciones, a El País, El Independiente o ABC.

Las 'joyas'

La muestra incluye 'joyas' como el manuscrito de 'La familia de Pascual Duarte', escrito sin apenas correcciones en un sencillo cuaderno con una quemadura de cigarro en su portada. «Se acabó el divagar» apunta por entonces el propio Cela, que logró publicar esta obra seminal en 1942 en la modesta editorial burgalesa Aldecoa. Se exhibe también parte del original de 'La Colmena', obra maestra que custodia la Biblioteca Nacional, o la mochila y el bastón con el que el futuro Nobel se ayudó en 1946 en su recorrido del 'Viaje a la Alcarria', junto al fotógrafo Karl Wlasak y la amante de este, Conchita Stichaner.

No faltan sus primeras pinturas expuestas en Madrd y Coruña, que invitaron a su amigo César González Ruano a afirmar que Cela era «más pintor escribiendo que pintando». Tampoco las gafas del escritor o las botellas que se bebió e hizo dedicar por literatos, artistas y amigos a lo largo de su vida -Picasso, Hemingway, Tzara, Aleixandre, Delibes, Dos Passos, Henry Miller, Gerardo Diego o Pla-, algunas de las esquelas de su vasta colección, -más de 3.500-, sus togas y algunos de la treintena de títulos de su doctorado Honoris Causa en los cinco continentes.

La muestra arranca con fotos de su infancia, cartas escritas por su padre y por Lolita Franco, su etapa universitaria y la Guerra Civil, a la que Cela se refirió como un «monstruo pavoroso y goyesco que el hombre ha inventado para laborar su perdición». También exhibe pasajes de las primera películas en las que intervino, desde su debut como actor en 1948 en 'El sótano' (Jaime de Mayora), a 'Facultad de Letras' (Pío Ballesteros) y 'Manicomio' (Fernando Fernán Gómez). Hay un ejemplar de 'Gavilla de fábulas sin amor', una edición que se avino a ilustrar Picasso tras su determinante encuentro con Cela en 'La Californie'.

Hay testimonios de las 'Conversaciones poéticas de Formentor' y de los primeros pasos de Ediciones Alfaguara que fundara Cela. Incluye la medalla y el diploma que le acredita como ganador del Nobel de Literatura en 1989, su trofeo del controvertiodo premio Planeta por el que fue acusado de plagio, o una amplia colección caricaturas que muestran alguna de sus mil caras. Aunque la exposición elude el perfl más escatológico del que es prueba su ausente colección de orinales o su 'Diccionario secreto'.

La muestra se abre y se cierra con un reloj, una doble alusión a la afición de don Camilo por estos ingenios cronométricos, como a la referencia en su discurso de aceptación del Nobel al reloj que observó en caso de su maestro, Pío Baroja, con la leyenda «todas las horas hieren, la última mata». A Cela le llegó la suya al alba del 17 de enero de 2002. Como él había demandado por escrito, sus restos reposan en el Cementerio de Adina, el su natal aldea de Iria Flavia y al pie de un centenario olivo.

La muestra viajará al Museo Centro Gaiás de la Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela, donde se verá del 18 de noviembre de 2016 al 19 de febrero de 2017.