‘La fuente de la edad’, de Luis Mateo Díez, celebra su 30 aniversario con la edición conmemorativa de «una historia de raíz quijotesca y resonancias míticas»

El escritor leonés Luis Mateo Díaz/
El escritor leonés Luis Mateo Díaz

El lunes llega a las librerías el volumen, que incluye una nueva nota de aniversario a cargo del autor, sobre la novela que más le ha perseguido a lo largo de su vida

CÉSAR COMBARROS

A mediados de junio de 1986 llegaba a las librerías españolas La fuente de la edad, la segunda novela de un prometedor escritor leonés llamado Luis Mateo Díez, que ahora define aquella obra como una historia de raíz quijotesca y resonancias míticas. Ya con su debut narrativo, Las estaciones provinciales (1982), había sido finalista junto a Juan Marsé (éste por Un día volveré) del Premio de la Crítica, el año que conquistó ese galardón Juan García Hortelano por Gramática parda, una inmejorable carta de presentación que se consolidó abrumadoramente con su segunda obra.

Justo treinta años después, este lunes 13 de junio llegará a las librerías españolas una edición conmemorativa del 30 aniversario de La fuente de la edad (Alfaguara, 18,90 euros), con un fajín que da cuenta de que la novela ha superado los 100.000 ejemplares vendidos en todas sus ediciones y traducciones. El volumen incluye nueva portada y una nota de aniversario escrita ex profeso por el autor, además de recuperar el prólogo que ya escribiera desgranando el origen de la obra en 2002, con motivo de la aparición dentro de la colección Letras Hispánicas de la edición crítica del libro, con un estudio a cargo de Santos Alonso.

La fuente de la edad es la novela que más me ha perseguido, confiesa el autor en declaraciones a Ical, antes de reconocer que hubo un momento en que sintió hastío por ello, ya que considera que después ha publicado obras mucho más ambiciosas. Sin embargo, explica que ahora se ha reconciliado en cierto modo con ella, y la vuelve a ver con enorme simpatía. Creo que es una novela muy bonita, que ofrece una lectura todavía muy agradable y llena de guiños. En ella hay algo que condensa de algún modo las raíces de este país, con sus metáforas y sus círculos. Como me decía recientemente una buena amiga, parece que esta novela ha aguantado el paso del tiempo más joven que yo, aunque sigo escribiendo con más convicción que nunca, sonríe afable.

Según precisa, dedicó cinco años a escribir la historia de unos cofrades un poco anarcoides que inician una disparatada aventura en busca de unas aguas virtuosas que podrían conceder a quien las encontrara no sólo la juventud, sino la lucidez. La fuente es un mito, una quimera, un ideal, un camino de salvación que sólo con emprenderlo ya proporciona satisfacciones, aunque probablemente la salvación sea lo más quimérico del mismo, no hay aguas redentoras pero sí existen búsquedas liberadoras, relata.

El germen del relato, aclara, fue el propio título, que evocaba en él una imagen poética con un grupo de pirados provinciales que, allá por los años 50, se echan al monte buscando la fuente de la eterna juventud. Era una cosa un poco disparatada, pero esa imagen tiene también mucho que ver con el mundo mítico y mágico tan presente en nuestra tierra, de las referencias, las aguas virtuosas, donde si uno encuentra lo oculto puede encontrar el destino de su vida, reflexiona.

Una novela inspirada

Rechazando la etiqueta de clásico para su obra, sí reconoce con una sonrisa que fue una novela que escribió con mucha inspiración. Tenía muy claro lo que quería hacer, y creo que es una obra que está escrita en un cierto estado de gracia. Es absurdo pero la vida es así. Yo ahora la veo y soy incapaz de volver a leerla, pero cuando la cojo y leo cosas al azar, todavía me río y digo: Esto qué bien contado estaba, señala.

Galardonada en su momento con el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Narrativa, La fuente de la edad se convirtió con su lanzamiento en un fenómeno editorial. Vendió tantos ejemplares en la Feria que nada más salir se agotó y las ediciones se fueron sucediendo. Aunque no es algo que yo hubiera pretendido al escribirla, es una novela que tuvo cierta resonancia generacional. Creo que comparte algunas fuentes literarias que están en lo popular, en el mito, en la tradición literaria española del Siglo de Oro y cierto espíritu cervantino, y eso tuvo que ver en los reconocimientos, defiende.

Luis Mateo Díez explica que La fuente de la edad era una cierta reivindicación provincial, que no provinciana, algo que provocó que en casi todas las ciudades de provincias los lectores se sintieron resarcidos y vieron en sus páginas un reflejo de algo, de unos tiempos también siniestros, como era el mundo de los años 50, donde la metáfora y la imaginación permitían sobrellevar los malos tiempos de la realidad.

El escritor reconoce que ese libro, como fábula, es muy intemporal, y hoy día puede tener una lectura parecida a la de hace treinta años. En su momento evité incluir elementos excesivamente sociológico políticos, aunque están por detrás. Y está la metáfora de la fuente, esa búsqueda de la quimera, de algo que es imposible, esa cosa quijotesca que conduce a la locura y a los excesos de la imaginación, relata.

Según apunta, en ese libro ya están presentes también elementos carnavalescos, casi de literatura del absurdo, que están más relacionados con su escritura actual. Al final, con unos procedimientos muy distintos, y pasando por el Camino de perdición y por El reino de Celama, llegas a La soledad de los perdidos, donde hay resonancias hechas en otra tonalidad y con una escritura muy distinta, pero se ve el subsuelo. Creo que soy un escritor bastante fiel, y la próxima novela que publicaré también tendrá un sustrato fuerte en muchas vertientes humorísticas que ya estaban muy presentes en La fuente de la edad, concluye.

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