Gastrohistorias

El cuchillo eléctrico, icono y peligro viejuno

Fotografía promocional de un cuchillo eléctrico, años 70. /Colección Ana Vega
Fotografía promocional de un cuchillo eléctrico, años 70. / Colección Ana Vega

El auge y posterior caída de uno de los electrodomésticos más populares de los años 70 y 80 esconde varios misterios

Ana Vega Pérez de Arlucea
ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEAMadrid

Seguro que ustedes tuvieron uno. O que lo vieron, colgado orgullosamente de su soporte, en la cocina de la vecina o de un primo segundo que gustaba de sacarlo hasta para cortar el pan. El cuchillo eléctrico sigue vigente en nuestros días pero fue durante los años 70 y 80, los tiempos felices de la cocina viejuna, cuando triunfó como Los Chichos. Lo mismo servía para trinchar pavos que para rebanar mortadela sin esfuerzo o protagonizar accidentes domésticos con mucha sangre.

Siempre Moulinex, siempre en modelo bicolor naranja y blanco, el cuchillo eléctrico fue uno de los electrodomésticos triunfadores en la alegre sociedad española de los 70. El milagro económico y el desarrollo nos trajeron joyas como la yogurtera o la Minipimer, máquinas asequibles que facilitaban las tareas del hogar y servían como símbolo de status y cierta modernidad. El cuchillo eléctrico se sacaba en Navidades para fardar de posibles ante la parentela, cortar embutido como si no hubiera un mañana y acabar haciéndolo con el cuchillo normal porque el trasto de marras se atascaba. Ideado para cortar carnes firmes como el rosbif (que no es que sea un plato muy habitual en nuestro país), aquí fue aplicado a tareas como destrozar redondos de ternera rellenos, cortar chorizo, hogazas y hasta el turrón de Nochevieja con resultados más que indecentes.

Sin embargo, poseer uno se convirtió casi en una obsesión. Estrella de las listas de boda en Galerías Preciados, el cuchillo de marras aportaba un toque tecnológico a todas las cocinas. Que no se usara más que una vez en todo el año era lo de menos, porque los pequeños electrodomésticos tenían ese encanto de las cosas innecesarias a las que durante tanto tiempo los españoles no habían podido aspirar. El caso es que este discreto lujo, ubicuo durante unos veinte años, pasó a mejor vida en menos de lo que canta un gallo. ¿Por qué? Verán, el cuchillo eléctrico se ganó mala fama en el extranjero por cosas como la película 'La última mujer' (Marco Ferreri, 1976), una historia muy perturbadora protagonizada por Gérard Depardieu y Ornella Muti con demasiado drama pasional. Tanto, que al final del film él acaba cortándose el miembro viril con un cuchillo eléctrico, el mismo blanco y naranja que tenían todos los espectadores en casa. No les cuento la sinopsis porque igual después no duermen, pero el caso es que esa última escena hizo mella y al volver a casa nadie miraba de igual manera al inocente cuchillo.

Como en España somos de llegar tarde a las cosas y aquí esa película pasó sin pena ni gloria, nuestro electrodoméstico favorito siguió unos cuantos años más en la cresta de la ola. Hasta enero de 1988, cuando recién pasadas las fiestas navideñas saltó la noticia en prensa de que en Zamora una mujer le había cortado el cuello a su compañero sentimental con otro fatídico cuchillo de este tipo. Adiós muy buenas. El cuchillo eléctrico pasó rápidamente al cuarto de los trastos y no volvió a salir ni para trocear el cochinillo de Nochebuena. Si tienen ustedes uno, atesórenlo. A estas alturas es una pieza de coleccionista y la prueba de que los electrodomésticos no son tan inocentes como parecen.

 

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