Seis horas con viento y sin luz para rescatar a los montañeros que quedaron colgados en Picos de Europa

Agentes del SEPA durante el rescate. /
Agentes del SEPA durante el rescate.

«No pensamos en que nos jugamos la vida, solo en hacer bien nuestro trabajo», aseguran los rescatadores que participaron en el operativo

L. ramos
L. RAMOSLeón

«Cuando estás en un rescate no piensas en que te juegas la vida, sino en hacer tu trabajo y hacerlo bien». Así se expresaban, en conversación con El Comercio, los componentes del Grupo de Rescate de Bomberos del SEPA que en la noche del viernes se encargaron de auxiliar a dos montañeros, un hombre de 30 y vecino de Gorliz (Vizcaya) y una mujer de 23 residente en San Sebastián, que habían quedado colgados en la pared de la Peña del Fresnidiellu, en la vertiente cabraliega de los Picos de Europa. Fue cuando se encontraban a unos 180 metros de altura, en la 'Vía de los Buitres', cuando el viento enredó sus cuerdas, por lo que decidieron dar aviso al 112.

Eran las 17.33 horas, un mal momento para los rescates, pues según explicaron desde el grupo, en esta época del año cualquier llamada por la tarde entraña la posibilidad de que caiga la noche en pleno operativo, algo que «lo complica todo» y obliga al helicóptero a regresar a base. No obstante, en este caso, si no hubiese sido por la complicada meteorología, hubiese dado tiempo a evacuar a los afectados a bordo de la aeronave.

Sin embargo, las mismas rachas de viento que enredaron las cuerdas de los vascos, impidieron llevar a cabo su evacuación en helicóptero. «En un rescate de pared siempre hay que arrimarse, pero en días de viento es éste el que manda y llegamos a vivir un momento muy crítico», rememoraron José Luis Torres, Rafa Viña, Juan Figaredo y Juanjo Hierro. El problema, agregaron, es que las ráfagas de viento van cambiando de intensidad y pueden desequilibrar la aeronave, haciéndola incluso caer.

Así las cosas, el grupo decidió que Viña y Torres continuasen con el operativo a pie. Fue entonces cuando se solicitó la colaboración del Greim de Cangas de Onís, que envió a cuatro efectivos, por si las maniobras se complicaban. «Llegamos a la base de la pared casi a las ocho y con las últimas luces preparamos el material para iniciar la escalada. Los montañeros, nos estaban viendo en todo momento, por lo que se encontraban tranquilos», relataron los rescatadores.

El operativo

Fue en torno a las siete de la tarde, momento en el que la aeronave emprendió el regreso a la base de la Morgal, pues con la caída de la noche no puede volar con seguridad. A partir de ese momento comenzaba la segunda parte de una operación que se prolongaría casi hasta la medianoche y que se vio complicada no solo por el peso del material con el que los dos bomberos tuvieron que cargar hasta llegar a los alpinistas, también por la absoluta oscuridad que reinaba en una zona ya de por sí complicada.

Casi tres horas después de que el helicóptero les dejase en tierra y tras montar cuatro largos, los rescatadores lograban llegar a las 21.43 horas hasta los dos jóvenes, quienes seguían colgados en la pared de la peña, a unos 180 metros de altitud. Habían estado en permanente contacto con ellos, por lo que sabían, como pudieron comprobar una vez estaban junto a ellos, que ambos se encontraban en perfecto estado y animados. Tras asegurar a los alpinistas, los rescatadores iniciaron el descenso, rapelando, junto a ellos para llegar a la base de la peña a las 22.51 horas. Allí se encontraban también efectivos del Greim, cuyo apoyo habían solicitado desde el 112, para ayudar en las maniobras.

Una vez pisaron suelo firme, alpinistas, bomberos y guardias iniciaron el regreso hacia la zona donde los jóvenes habían dejado estacionado su vehículo y donde les esperaban sus acompañantes, con quienes se quedaron al no precisar atención médica. Tanto el Grupo de Rescate de Bomberos del SEPA como un tercer bombero que se había desplazado hasta el lugar desde el parque de Cangas de Onís y los efectivos de la Guardia Civil regresaron entonces a sus respectivas bases, dando por concluido un rescate con final feliz que quedará en la memoria de todos ellos.

Cerca de una hora y media después llegaron junto a ellos, tras una ascensión «que se vio muy ralentizada por la oscuridad». Ambos se encontraban bien, «el chico con un poco de frío debido al viento», y tras asegurarlos, alpinistas y bomberos comenzaron a bajar rapelando hasta la base, adonde llegaron a casi a las once y donde aguardaban dos guardias civiles.

Pese a que el complejo rescate estuvo en boca de todos los asturianos, los bomberos aseveraron que no quieren medallas. «Son para los héroes, y de ellos están las tumbas llenas», apuntaron, e insistieron en que se limitan a cumplir con su labor.

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