Un ganadero asturiano denuncia que sus vecinos le esconden las vacas en Torrestío para echarle de su pueblo

El ganadero Miguel Martínez junto a sus reses en los pastos de Valle de Lago./B. G. H.
El ganadero Miguel Martínez junto a sus reses en los pastos de Valle de Lago. / B. G. H.

Miguel Martínez asegura que le cambiaron de lugar las reses hasta en cuatro ocasiones, desde Valle de Lago (Somiedo) hasta Torrestío (León) y que le llevó días hallarlas. «Vivo en un estrés continuo»

BELÉN G. HIDALGOSomiedo

Miguel Martínez tiene 22 años y hace dos que comenzó su andadura como ganadero en el pueblo asturiano de Valle de Lago. Allí tiene casa la familia y vive desde hace tres años, al menos, durante ocho meses. Es por ello que no logra entender por qué los vecinos se oponen a que explote los pastos.

«Para ellos no soy un vecino», lamenta este ganadero, que afirma cumplir con la exigencia de residir en el pueblo al menos seis meses y un día para poder hacer uso del pasto. Desde hace unos meses, Martínez vive con la incertidumbre de levantarse cada mañana sin saber si encontrará a sus 51 reses en Valle de Lago. «Vivo en un estrés continuo», confiesa. Desde junio, le cambiaron de sitio parte de su ganado en cuatro ocasiones.

«La primera vez me movieron seis vacas unos 15 kilómetros y tardé cuatro días en encontrarlas. El 19 de junio fueron once reses, que estaban en la braña de Murias Llongas y me las pasaron a Torrestío (León). Las busqué tres días. Me avisó un guarda y tardé cuatro horas y media en regresarlas», relata este joven somedano. La última quincena de julio se repitió el esquema en dos ocasiones, apareciendo las reses en Cerveiriz primero y, días más tarde, las mismas vacas fueron desviadas y localizadas, más tarde, en Endriga.

«En Torrestío, nos comentó un señor que vio llegar el ganado arreado. Lo dejaron allí y había un tercero esperando para recoger a estas personas con un coche, que salió en dirección a Somiedo», explicó el abuelo del ganadero, Guillermo Álvarez. «Su único delito es intentar vivir de su trabajo, pero no le dejan», lamenta Álvarez, sin ocultar su indignación. El Ayuntamiento de Somiedo, por su parte, confirmó a El Comercio, que habían concedido la licencia al ganadero ya que sí cumple con la legalidad vigente.

Como consecuencia de estos desplazamientos, las reses sufren daños en las patas y han perdido peso, además del estrés. «Una de ellas abortó en el 'primer viaje'», cuenta Martínez. Confiesa tener sospechas sobre la autoría de estos movimientos, pero no puede probarlo.

Lo que sí ha puesto en manos de la justicia son las amenazas recibidas a través de terceros a finales de julio. «Un amigo me mandó unos mensajes que ponían que me advirtiese y tuviese cuidado, que si el ganado volvía, la próxima vez me las mataban», relató el joven ganadero, que puso a disposición de la Guardia Civil del cuartel de Somiedo estos mensajes.

«No voy a renunciar a mis derechos», afirma este ganadero, que estudia qué medidas adoptar para poder proteger su ganado.