Crimen del concejal de Llanes, Javier Ardines | Pedro Nieva, obsesionado con su mujer y con un alto tren de vida

El supuesto instigador, en el juzgado de Llanes. / D. ARIENZA
El supuesto instigador, en el juzgado de Llanes. / D. ARIENZA

Tenía una grabación de móvil entre ambos en la que se evidenciaba que la relación iba más allá de lo familiar y de amistad

O. S. / L. R.

Pedro Nieva Abaigar, de 48 años, vasco y electricista de profesión, comenzó a urdir un plan meses antes del crimen al tener evidencias de que su mujer, Katia, y Ardines, marido de la prima, mantenían una relación sentimental. Desconocía que se remontaba a treinta años antes, creía que era algo reciente. Le pidió explicaciones a su esposa pero ella lo negó rotundamente. Él no lo creyó, tenía una grabación de móvil entre ambos en la que se evidenciaba que la relación iba más allá de lo familiar y de amistad. A través de un amigo -detenido ahora también por los mismos cargos de asesinato- conoció a los dos ciudadanos argelinos con los que durante semanas diseñó los pasos a seguir, les aportó datos relevantes para la emboscada, como los horarios de su primo político, el mejor lugar para colocar las vallas, el día perfecto y las vías de salida que tendrían que utilizar para evitar ser sorprendidos después de materializar su propósito. Según quedó acreditada en las investigaciones les ofreció 11.000 euros si el ataque dejaba a Javier Ardines herido y 25.000 si acababa con fallecimiento. Actuó presa de los celos, obcecado con su mujer, junto a la que llevaba toda la vida y de la que no se separó ni después del crimen. Cuando fue detenido en Amorebieta, dormía con ella.

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