El último superviviente de los videoclubs

Luis Manuel Pérez, frente a la puerta de su establecimiento, el único videoclub que queda abierto en Palencia. /Antonio Quintero
Luis Manuel Pérez, frente a la puerta de su establecimiento, el único videoclub que queda abierto en Palencia. / Antonio Quintero

Acuario es el único videoclub que queda en Palencia capital del medio centenar que poblaban las calles a principios de los 90

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

No se dejen guiar por el titular. Este reportaje no trata sobre las peripecias televisivas de un exmilitar al que sueltan en la jungla para luchar contra los peligros que se encuentra, tampoco vamos a hablar de la película bélica que, con el mismo título que encabeza estas líneas, se estrenó en 1962. Aunque esta historia va de cine, pese a que la película que nos atañe no tiene a Jeffrey Hunter como protagonista, sino a Luis Manuel Pérez, al que también se le puede denominar el último superviviente. Y es que, Luis Manuel regenta el único videoclub que queda en Palencia, el Acuario, un establecimiento que se resiste al cierre pese a los numerosos problemas que acechan sobre él.

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Primero fueron la televisión de pago y las copias pirata, después llegaron las descargas ilegales por Internet y, para dar la puntilla al negocio, la irrupción de plataformas digitales como Netflix, HBO o Amazon Prime han llevado a los videoclubes a ser casi en un mero recuerdo de décadas pasadas. Pero Luis Manuel no está dispuesto a tirar la toalla y ha convertido la canción 'Resistiré', del Dúo Dinámico en la banda sonora de su vida. «Es la que mejor define lo que hemos tenido que pelear tanto mi padre como yo por este negocio», explica.

Atrás queda aquella época en la que había hasta cincuenta videoclubes repartidos por la ciudad y el mayor problema al que se enfrentaban desde Acuario era la competencia feroz que llegaba de las calles colindantes. «Teníamos a 200 metros un videoclub de una cadena norteamerica y la mejor cadena nacional. Hemos llegado a tener al lado del negocio hasta cuatro videoclubes», recuerda el dependiente, que resume de esta manera la razón por la que su establecimiento ha sido el único que ha aguantado en un mercado tan difícil. «Creo que hemos conseguido resistir por varios factores: hemos echado muchas horas, estamos al día de las últimas novedades y del cine independiente y damos un trato personalizado al cliente. Estas cosas hay gente que las valora», asegura.

Este comerciante no ha hablado de sus habilidades de persuasión como uno de los causantes de la longevidad de su negocio, pero también debe ser uno de ellos. Solo hace falta leer cómo defiende que alquilar una novedad en un establecimiento físico es más barato que hacerlo otros formatos. «El videoclub es el sitio más económico para disfrutar de una película nueva. Con un bono de veinte películas te sale cada a una dos euros y las plataformas cobran más y nunca tienen todos los títulos», sentencia.

Los impedimentos son tantos que cualquiera puede llegar a pensar que un negocio como este puede ser deficitario, pero Luis Manuel Pérez asegura que no es así. «Esto da beneficios, pero para conseguirlos hay que tirar de ingenio y trabajar mucho. No hemos cerrado ni un solo día desde que abrimos, vendemos muñecos, golosinas, patatas y todo lo que alguien pueda querer para disfrutar de una película», apunta.

El videoclub Acuario abrió en 1985 y todo hace indicar que su existencia pende un hilo, pero Luis Manuel Pérez se niega a pensar en el futuro y hace suyo el latinismo 'carpe diem', aunque para explicar lo que piensa que le deparará el porvenir no parafrasea a Horacio, sino a otro personaje de nuestro tiempo que poco tiene de poeta, por mucho que la afición del Atleti recite cada domingo las alineaciones que confecciona en el Wanda Metropolitano. «He hecho mía la frase del Cholo Simeone que dice eso de 'partido a partido, aunque no soy muy futbolero. A mí me gusta más el cine», concluye este enamorado del séptimo arte, que aún se sigue ganando la vida como le enseñó su padre cuando solo tenía doce años y el alquiler de películas era un negocio boyante. No se sabe por cuánto tiempo seguirá con vida el último superviviente, pero está claro que los que le daban por muerto hace años se equivocaron.