De profesión, alguacil

Juan Manuel Álvarez, alguacil de Torrelobatón, cuida de lo setos y plantas de las calles del municipio. / R. UCERO

Realizan infinidad de tareas en los pueblos, desde la poda de árboles hasta el lanzamiento de cohetes en las fiestas

Laura Negro
LAURA NEGROTorrelobatón

Son guardianes de sus pueblos. Siempre están atentos a cualquier necesidad de sus vecinos. Son diligentes, eficientes, imprescindibles y serviciales. Muy serviciales. Y no porque su trabajo se lo exija, sino porque disfrutan haciendo aquello que les hace felices, que es ayudar a los demás. Hablamos de los alguaciles. Hombres y mujeres multitarea. Hacendosos trabajadores públicos a los que nada se les pone por delante y sin los cuales, la vida en los pueblos sería mucho más complicada.

A Juan Manuel Álvarez, Juanma, todo el mundo le aprecia. Lleva 36 años velando por el bien de Torrelobatón. Siempre está vigilante. Al acecho de cualquier fuga en cualquier tubería. Arregla cada desperfecto, cuida de la limpieza de parques y jardines y lleva el mantenimiento de las piscinas municipales. Eso, sin contar las fiestas, los días de más trabajo para este eficiente operario público. Se encarga de que todo esté listo para que los demás se diviertan. Prepara las talanqueras para el encierro, barre la plaza de toros, monta los escenarios e incluso, suelta el chupinazo que marca el inicio de los festejos.

En tantos años de fiel servicio a la comunidad, ha estado a las órdenes de cinco alcaldes y presume de que con todos se ha llevado bien. Sus manos siempre están ocupadas con herramientas o con bandos con los que mantener a sus vecinos informados de las novedades municipales y su teléfono siempre está disponible para todo el mundo. Su época fuerte de trabajo es el verano, y su mayor ocupación, el mantenimiento de la piscina, que le exige mucha dedicación. «Tengo que limpiar los filtros, ocuparme del limpiafondos, echar cloro, vaciar las papeleras y cortar el césped», enumera. Sus días de descanso los reserva para septiembre, cuando los veraneantes han dejado el pueblo y ya ha pasado todo el apogeo de las fiestas.

A lo largo de todos estos años, su trabajo ha variado mucho. Todavía recuerda cómo a principios de los años 80 se encargaba de la recogida de basuras, una tarea ahora mancomunada. «Un día recogíamos la basura de medio pueblo, y al día siguiente, del otro medio. Al principio, la gente era reacia a este servicio. Pensaban que si me daban la bolsa se les cobraría la tasa de basura, así que muchos se la volvían a guardar», recuerda.

Los detalles

«Durante muchos años he estado pavimentado calles y aceras haciendo el hormigón a mano. Era un trabajo duro, pero nunca se me ha puesto nada por delante. Fijarse en los detalles es primordial en un oficio como el mío. A día de hoy, arreglo las averías de agua y realizo las acometidas. Estudié maestría industrial del automóvil y mi padre, que era muy manitas, me enseñó mucho. También los vecinos ponen de su parte para facilitarme las cosas», cuenta sin parar de faenar.

Cada tres meses se recorre todas las casas del pueblo revisando los contadores de agua. Al abrir uno de ellos, encuentra una nota que le ha dejado su vecino Félix. «Juanma, no me abras la llave del agua», enseña con una sonrisa. «Tienen mucha confianza conmigo», dice mientras guarda el mensaje de su vecino. «Si detecto un consumo elevado, les aviso por si hubiera alguna fuga», dice este guardián de Torrelobatón. «En un pueblo, siempre hay cosas que hacer. A mí nunca me han organizado el trabajo. Simplemente me informan de las actividades que hay y yo me organizo», dice.

Muy importante es echar una mano a aquellos que lo necesitan. Aparca su furgoneta en casa de Mari Carmen, una de sus vecinas. Lleva las tijeras de podar y enseguida se pone a arreglar el seto de la entrada. «Nosotros ya no podíamos hacerlo y Juanma se ofreció para podarlo él. Tenemos un buen alguacil, que siempre está dispuesto para todos y siempre con una sonrisa», dice esta vecina agradecida. No es la única que lo piensa. El pueblo reconoce la entrega de Juanma y en su 25 aniversario como alguacil le nombraron pregonero y le hicieron entrega de una placa. «Hay que tener mucho aguante, pero me encanta mi trabajo», dice con brillo en los ojos. «Es bueno que se sepa todo lo que conlleva este oficio. La gente se encuentra las calles limpias y todo en su sitio, pero no sabe el esfuerzo que hay detrás», dice Juanma, que durante los meses de verano cuenta con la ayuda de cuatro operarios temporales contratados a través del programa de fomento del empleo que el Ecyl promueve en colaboración con las administraciones públicas. Él se encarga de repartirles el trabajo.

Hombres y mujeres

La de alguacil es una profesión que tradicionalmente ha sido desempeñada por hombres, aunque cada vez son más las mujeres que la llevan a cabo en los municipios de la provincia. Cristina Valles es una de esas pioneras. Lleva 23 años de oficio al servicio del Consistorio y de los vecinos de Castrodeza. Es de la opinión de que su trabajo exige más maña que fuerza, y nunca ha tenido problemas para cumplir con ninguna tarea. «Yo le pongo voluntad y siempre he seguido adelante. En todos estos años solo he cogido una baja laboral». Siempre está ocupada y asegura que en verano hay más quehaceres que en invierno. «Tengo que estar muy pendiente de los parques y jardines y tener todo muy limpio. En esta época también hay más actividades culturales que organizar y que requieren de ayuda por parte del personal del ayuntamiento», dice.

Para Cristina, lo mejor de su trabajo es «atender a los demás». «Mi horario es hasta las tres, pero si un vecino me pide que le haga fotocopias fuera de mi horario laboral, lo hago con gusto», dice. Entre otros menesteres, también tiene que encargarse del mantenimiento del depósito, hacer llegar las notificaciones a los vecinos, poner edictos y del mantenimiento y limpieza de todos los edificios e instalaciones municipales. «Es un trabajo que exige estar pendiente de muchas cosas», explica mientras arregla las petunias.

Empezó trabajando a media jornada, pero como la faena aumentaba, le ampliaron a jornada completa. «La mayor parte del tiempo trabajo a la intemperie. Prefiero estar abrigada y pasar un poquito de frío, que estar asfixiada de calor», dice antes de arrancar la segadora.

Luis M. Rodríguez, de Wamba, coloca un cartel informativo y Cristina Valles, de Castrodeza, cortando el seto. / R. UCERO

Anécdotas múltiples

Otro experimentado alguacil es Luis Miguel Rodríguez, quien tras años trabajando como operario de fábrica, hace dos décadas fue contratado por el Ayuntamiento de Wamba. «Para ser bueno en esto hay que saber hacer de todo. Hay que ser jardinero, albañil, fontanero, barrendero.... En definitiva, ser multifuncional», cuenta este empleado municipal. En este tiempo ha atesorado muchas anécdotas, como aquella vez que, en plenas fiestas, tuvo que ayudar a un vecino a entrar en casa. «Se le habían olvidado las llaves y me tocó ir a por las escaleras, subir al balcón y abrirle desde dentro», recuerda. «Lo hago con gusto, porque otras veces son los vecinos los que me ayudan a mí. En las fiestas, por ejemplo, nadie se aparta a la hora de echar una mano a sacar las mesas y los tableros para celebrar los refrescos», señala.

Su jornada arranca a las 7:15 horas, con una reunión con el alcalde, José Luis Álvarez. «Hablamos sobre las necesidades que hay y él es el que dirige, que para eso es el alcalde. Yo soy el que ejecuta. También yo propongo y hago muchas cosas por iniciativa propia. Siempre estoy pendiente. Incluso los fines de semana», indica mientras descuelga el móvil, que no deja de sonar. «Las vacaciones las cojo en septiembre. En ese tiempo, se queda al cargo un operario que está contratado durante seis meses por cuatro horas», dice Miguel.

Para él lo más difícil de su oficio es cuando hay una avería o el depósito se queda sin agua. «Eso fastidia mucho, porque es una necesidad básica. Por eso trato de resolverlo lo antes posible», prosigue mientras coge un trapo para limpiar el polvo. «A las ocho de la mañana ya tengo limpio y ordenado el consultorio médico. En este oficio nunca te aburres. Ahora empezaré con los preparativos de las fiestas. Uno de mis cometidos es contactar con los anunciantes del programa. En un pueblo pequeño, el alguacil lo es todo. Un pueblo funciona gracias al alguacil», explica mientras coloca el tablón de anuncios.