Los ojos invisibles que escuchan los incendios

La escucha de la torre de Mojados, Marta Díez. /Rodrigo Jiménez
La escucha de la torre de Mojados, Marta Díez. / Rodrigo Jiménez

Más de doscientas torres de vigilancia ubicadas en zonas estratégicas integran una red clave en el operativo de la Junta para la prevención y detección de los fuegos forestales

M. J. Pascual
M. J. PASCUALMojados (Valladolid)

La temperatura dentro es como cuando dejas el coche al sol en pleno mes de julio en las horas de más calor. No es la más alta de las doce, pero seguramente la de Mojados sí es la más cochambrosa de las torres de vigilancia contra incendios de Valladolid y, de hecho, la idea de la Junta, ya hace cuatro años, era desmontarla y reubicarla en otro punto mejor situado. Desde la terracilla de la asfixiante cabina acristalada, ni siquiera se tiene una visión de 360 grados pues, hacia el este, la mirada se topa con un cerro vertical sembrado de secano que corta la panorámica al vigía.

Pero las precariedades denunciadas con insistencia desde hace un año por Csif, como las de no disponer de aseo ni de agua potable, ni tan siquiera de un toldo que mitigue las elevadas temperaturas (de hasta 42 grados a la sombra en el exterior) y le permita no deslumbrarse cuando mira por los prismáticos, no desalientan a Marta Díez del Amo. Para contrarrestar la larga lista de carencias e incomodidades de la desvencijada instalación que fue levantada hace más de cuatro décadas, la única ocupante del cubículo indica que en los últimos cuatro años la Junta les ha dotado de nuevos prismáticos, una estación meterorológica y han arreglado parte del camino de acceso instalando una tubería que canaliza las aguas de lluvia, porque siempre se inundaba ese tramo y era impracticable. Tanto, que tuvo que ser rescatada con su coche en una ocasión, atascado en el barrizal. Incluso con la reparación, el camino hacia la torre, enclavada en una pequeña meseta flanqueada por unos bosquecillos ralos de pinos y unas rastrojeras, deja bastante que desear hasta para los todoterrenos.

Datos

215
torres y cámaras de vigilancia controlan cinco millones de hectáreas forestales, de las que tres millones son zonas arbolada
388
personas, dos por cada torre, realizan esta misión de alerta

Vallisoletana de 38 años, ingeniera de montes, técnica forestal y deseando que la Administración convoque la oposición para agentes medioambientales, Marta Díez puntualiza que su categoría laboral no es «vigilante» sino «escucha», y es una de los 388 contratados para esta campaña de incendios en Castilla y León. Ella realiza este trabajo desde 2009, aunque había desempeñado antes otros cometidos relacionados con el medio ambiente en Salamanca, Zamora y Extremadura, como el de peón de brigada helitransportada y «emisorista». Es la cuarta temporada que está encaramada en la torre de Mojados –en su turno actual está de 12:00 a 21:30 horas– para dar la voz de alarma en cuanto divise una columna de humo o si detecta cualquier anomalía en los predios que divisa desde su atalaya. También da el parte meteorológico y puede alertar de accidentes de tráfico, pues el flujo de vehículos, constante, de la carretera nacional 601 de Mojados a Valladolid, se aprecia perfectamente y sin necesidad de prismáticos.

El incendio de Segovia

Como perfectamente, en días claros, se perfila en el horizonte la Mujer Muerta de la Sierra de Guadarrama. «El incendio de Segovia se veía desde aquí, daba una impotencia total», se lamenta Marta, no solo por las hectáreas vegetales quemadas, «todos esos pinos que tardan 30 años en crecer», sino también, «por la fauna que ha perecido y que pierde su hábitat, los animales son los grandes olvidados de los incendios».

Mientras la vigía sube por las tripas de la torre para responder la llamada de la emisora, en las inmediaciones Roberto Jiménez, José María Gaíl López y Óscar Martín Sánchez, miembros de una de las cuadrillas de una de las subcontratas de la Junta, llegan en dos vehículos para podar, entresacar y recoger la basura forestal –yesca siempre propensa a arder– en las 99 hectáreas de las laderas próximas a la torre. Ellos son también, explicó el capataz de 'Romeo 7', Juan Manuel Jiménez Gómez, quienes actúan en el caso de producirse algún conato en la zona.

El trabajo de torre es otro. Consiste en vigilar la masa forestal y, cuando detecta una columna de humo, el escucha lo comunica de inmediato al Centro Provincia de Mando (CPM) donde, por triangulación con otros puestos de vigilancia, ubican las coordenadas del conato. Entonces se pone en marcha el dispositivo y se despliegan los medios necesarios para hacer frente a la emergencia. Afortunadamente, señala Díez, «Valladolid es una provincia tranquila, suelen ser conatos producidos por rastrojos o por rayos», explica.

Csif lleva más de un año inspeccionando estas destartaladas instalaciones y reclama «dignidad laboral» para los vigías

La torreta en al que trabaja Carolina Fernández Vega, escucha de Monte Blanco (Puente Duero)
La torreta en al que trabaja Carolina Fernández Vega, escucha de Monte Blanco (Puente Duero)

La labor de los vigías, reconoce la Junta, «es fundamental para dar una respuesta rápida y eficaz y así evitar una tragedia mayor». Dos escuchas por puesto funcionan en turnos de diez horas, que cubren las de máximo riesgo del día y finalizan su jornada al ocaso, aunque en zonas de especial vulnerabilidad se alargan 24 horas. Pero la importancia que la Junta otorga a los avisadores es inversamente proporcional a la dignidad de sus condiciones laborales, denuncia Csif , que lleva más de un año inspeccionando estas instalaciones. Las delegadas Gloria Prieto y Milagros Núñez sostienen que, muchas veces, «no es tanto cuestión de invertir como de sentido común y de voluntad política».

Porque el surrealismo está muy presente en la vida de las torres. Como en la de Tordesillas, a la que le está creciendo un parque eólico al lado «y a ver que pasa con el enorme ruido de las aspas de los molinos». El camino, eso sí, lo han arreglado los promotores. En Íscar, sirve de atalaya contra incendios el Castillo, que tiene un emplazamiento envidiable pero es Bien de Interés Cultural (BIC), de forma que ningún amueblamiento postmedieval está autorizado en el monumento visitable. Así que los trabajadores municipales guardan sus aperos en un arcón de época, que no quieren compartir con el vigía forestal. Menos mal que el Ayuntamiento le ha proporcionado otro para que meta silla y prismáticos.

«Esta es la única torreta con baño»

Carolina Fernández Vega, escucha de Monte Blanco (Puente Duero) considera que lo primordial para su trabajo es «estudiarse al dedillo» la zona para informar correctamente y «que se pierda el menor tiempo posible»

:: M. J. P.

valladolid. Tiene la suerte, de que la torre forestal de Monte Blanco es la única de la provincia de Valladolid que tiene aseo desde el año 2013 y ella atribuye la excepcionalidad a que la zona en la que está enclavada, en Puente Duero, está muy frecuentada por ciclistas y otros deportistas, paseantes y familias enteras. No es cuestión de que alguien pille al escucha en un apretón, bajo un pino. Carolina Fernández tiene en su haber 15 campañas forestales y es escucha desde 2010. Empezó, recuerda, en la de Castronuño, «que la quitaron, nadie sabe por qué» y coincide en que en la de Mojados, que también la ha sufrido, «lo peor es el calor, es terrible».

En su turno, en las torres de la provincia de Valladolid, son cinco mujeres y siete hombres y señala que «no hay nada de machismo, porque esto funciona por bolsas de trabajo». Ella es la única fíja discontinua (con oposición) en torre y comenta que llegó a este trabajo «por casualidad, muy joven». Ahora tiene 42 años, un marido con una jornada laboral peor que la suya y unos hijos con los que concilia «gracias a los abuelos». Con este empleo de algunos meses al año completa la economía familiar y, aunque ella es ingeniera agrónoma, dice que este trabajo «engancha», si no fuera por las condiciones tercermundistas de los puestos de vigilancia. «No creo que ningún otro empleado de la Junta tenga que limpiar su centro de trabajo, no tenga agua potable o tenga que aguantar temperaturas de más de 40 grados en verano o gélidas en primavera, pero como somos cuatro gatos...».

Lo más importante en la tarea que desempeña, subraya, es «estudiarse al dedillo» la zona para informar correctamente sobre la localización del incendio al Centro Provincial de Mando, para no perder tiempo y que las decisiones sean eficaces. «Todavía hoy, tras diez campañas, cuando veo humo, me pongo nerviosa», indica. Ella fue una de las primeras en avistar y avisar del reciente incendio de Traspinedo, originado por un rayo. «Antes, a las torres subía gente que trabajaba en los pinares; ahora está más profesionalizado, pero creo que sigue haciendo falta mucha especialización, también en la extinción».

«Se han gastado millones en cámaras ineficaces, pero no invierten en toldos»
Agustín Argulo.

: m. j. p.

La eventualidad y las deficientes condiciones de trabajo marcan a esta categoría laboral de escuchas de incendios que ni siquiera está reconocida por su nombre en el servicio de empleo, donde tienen que apuntarse como peón forestal o agente medioambiental. Agustín Argulo, ingeniero técnico forestal que trabaja como jefe de jornada gestionando medios de extinción en el CPM de León, defiende a capa y espada el papel de los escuchas «porque su trabajo y valoración es esencial a la hora de decidir qué medios son más apropiados para ese fuego. Ten en cuenta que una hora de helicóptero son 3.000 euros». Pero, subraya, « todavía en la Administración hay gente muy obtusa: no entienden que en una torre un aseo es necesario y más desde que las mujeres se han incorporado al sector».

Calcula que hace diez años que la Junta no renueva las instalaciones de las atalayas, «excepto la de Camposagrado (León), porque se rompieron los cristales y los trabajadores se negaron a estar dentro por miedo a que se viniera abajo, y entonces se reparó». Para la de Mojados se ha pedido reiteradamente un toldo y en esta campaña, pero hasta hoy. Argulo considera que la reparación de caminos de acceso y acondicionamiento de atalayas para los escuchas es una inversión más eficaz y mucho más barata que las «mediáticas» cámaras de vigilancia. «En León, por ejemplo, tenemos nueve cámaras que tienen averías cada dos por tres y que generalmente dan avisos erróneos, confunden el brillo de una chapa metálica con un fuego».

El sindicalista se apresura a indicar que ellos no están en contra de la tecnología «si es eficaz», pero critica que «se gasten millones en unas cámaras inefectivas y no ponen un toldo». Por eso invitó al consejero de Medio Ambiente a visitar una de estas torres para que lo vea «in situ».