El número de alérgicos aumenta en cien mil más en un solo año en toda la Comunidad

Un técnico del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental (ICTA) realiza un estudio de alergia. /EFE
Un técnico del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental (ICTA) realiza un estudio de alergia. / EFE

La contaminación, el cambio climático y la modificación de los alimentos disparan la hipersensibilidad de la población

Ana Santiago
ANA SANTIAGOValladolid | León

Una batalla contra el tiempo. Es lo que libran cada día los especialistas en Alergología que ven aumentar exponencialmente el número de pacientes. Eso sí, con los avances de diagnóstico y terapia, logran compensar en buenas proporciones este incremento con las altas por curas, por curas definitivas. Pero cada día hay más.

«En un solo año hemos registrado un incremento de alérgicos en Castilla y León de cien mil personas hasta casi llegar a los 600.000. No solo en primavera por la reacción al polen de muchas personas sino a otros alérgenos ambientales y muchos también por los alimentos», explica la jefe de la Unidad de Alergias del Río Hortega que atiende a las dos áreas de Valladolid, Alicia Armentia. La contaminación y el cambio climático «provocan una mayor cantidad de polen, pero sobre todo más agresivo porque tiene que sobrevivir a la sequía y con más tiempo de exposición al mismo», destaca. En los últimos diez años se ha duplicado el porcentaje de alérgicos a los pólenes más alergénicos. Las gramíneas han pasado del 35% al 74%; la arizónica, del 9% al 23%; el plátano de sombra y la salsola, del 7% al 14%, y el olivo del 30% al 52%.

Los afectados por el polen afrontan una primavera moderada en la comunidad

Con respecto a los alimentos «cada día hay más casos de hipersensibilidad por diferentes causas. La biotecnología que persigue, y logra, hacer cultivos más rentables al ser más resistentes al frío o bacterias; pero se introduce material genético de un bacilo y el sistema inmunológico del ser humano lo localiza e identifica como algo extraño y no lo tolera. Se nota hasta en el sabor por ejemplo de los melocotones. Son alimentos modificados y así llegan a la mesa y nuestro cuerpo se defiende. También hay más insecticidas; se hace el fruto con él incluido para que sea más fuerte a plagas, que se suma al fumigado, al del ambiente. Estudios recientes han demostrado que incluso llega al embrión a través de la madre. También nos comemos plástico con la comida. Cierto es que aumenta el rendimiento de las plantaciones; pero habría que testar todo esto mejor», explica la doctora Armentia, también catedrática de la especialidad. No obstante, apunta, «seguimos peleando, solo en el Río Hortega vemos nueve mil casos por primera vez cada año. Hay un índice, entre revisiones y nuevos que, si es inferior al 1, es que estamos dando resultados y el número de altas es bueno, son casos que dejan de serlo y, actualmente, estamos en 0,90; pero no se puede bajar la guardia. El diagnóstico de precisión y el desarrollo de la inmunología, de las terapias diseñadas para cada individuos, las vacunas, dan muy buenos resultados».

En cuanto a la recién estrenada primavera, la previsión de la Sociedad Española de Alergología e inmunología (SEAIC) para la zona norte, que incluye Castilla y León, junto a Madrid, Aragón y Castilla-La Mancha, es de una temporada leve tras el peor invierno para los alérgicos al ciprés en 25 años.

Primavera

La doctora Armentia puntualiza que, en concreto, para la comunidad «probablemente sea más bien moderada. Se estima como tal cuando hay una concentración de más de dos mil granos por metro cúbico. En Burgos estamos por debajo, pero en Salamanca ya se superan los 4.000. De todas formas, con solo 50 ya hay síntomas». Además, influye en clima que haya en adelante que parece que va a ser seco y, si como ha ocurrido en los últimos años, entra aire del Sáhara, arrastra las partículas, provoca que el polen sea aeronavegante y aumentan los casos. No solo importa la cantidad de polen en el aire sino su agresividad y, además, hay otros alérgenos importantes en el medio ambiente como los hongos».

Las concentraciones de pólenes en la atmósfera están directamente relacionadas con la lluvia, la temperatura, la humedad y el viento. Aunque el invierno ha sido bastante seco, las lluvias del otoño pasado, un 20% por encima de la media, favorecieron el crecimiento de todas las especies vegetales. De la misma forma, las oscilaciones térmicas y las temperaturas máximas muy superiores a lo normal en esta época contribuyen y adelantan la floración.

«Todas las plantas se reproducen por pólenes, pero por suerte no todos dan problemas alérgicos, comenta el especialista. En el centro los más frecuentes son los de gramíneas y olivo. En la capital, el porcentaje de polínicos alérgicos al plátano de sombra supera el 40%», añade el doctor Ángel Moral, presidente del Comité de Aerobiología de la SEAIC.

«La familia de las cupresáceas, entre las que se encuentran los cipreses y las arizónicas, liberan sus pólenes de enero a marzo y se han beneficiado notablemente de las circunstancias meteorológicas presentando valores mucho más altos en toda España», explica el doctor Moral.

La ausencia de lluvia no ha limpiado la atmósfera de pólenes y los fuertes vientos han ayudado a su diseminación. Los datos revelan que algunas ciudades de la comunidad como Ávila, Burgos, Segovia y Palencia han multiplicado entre 5 y 10 veces los niveles de polen de cupresáceas acumulados con respecto al año pasado. La emisión de partículas contaminantes procedentes de las calefacciones y de los motores diésel altera la estructura del polen haciendo que este genere proteínas de estrés como mecanismo de defensa y aumentando su capacidad de inducir una respuesta alérgica en personas susceptibles. Estas proteínas de estrés incrementan la agresividad del polen en las ciudades y en poblaciones que viven cerca de autopistas en comparación con los de zonas rurales sin contaminación. Por este motivo, en las ciudades se producen más casos de alergia a pesar de que la concentración de pólenes sea menor que en el campo.