Virginia Martín: «Cuando los hombres empezaron a diseñar ropa, se creó la palabra modisto»

Victoria Martín./Gabriel Villamil
Victoria Martín. / Gabriel Villamil

La profesora de la UVA defiende que la igualdad de género se aprenda en las aulas

J. I. FOCESValladolid

He aquí una periodista con vocación de profesora universitaria. Virginia Martín Jiménez, licenciada en Historia y Periodismo y doctora por la Universidad de Valladolid y licenciada en Ciencias Políticas y Sociología por la UNED. Es profesora de Periodismo y dirige el proyecto de innovación docente 'Enseñanza en igualdad e inclusión de género' de la universidad pública vallisoletana. Es una autoridad en igualdad de género y una apasionada de la comunicación política en la etapa de la Transición.

–¿A qué está orientada la 'Enseñanza en igualdad e inclusión de género'?

–Es un proyecto que puse en marcha hace cinco años y después se unió mi compañera Dunia Etura. Nació sobre todo por una necesidad: hacía falta formación en igualdad de género, tanto en los estudiantes como en el profesorado. Muchas veces partíamos de la base de que todo ya se conocía cuando se hablaba de violencia de género y nos dimos cuenta de que no.

–¿Qué es lo que no se conocía?

– Empezamos a investigar y lo que vimos es que la raíz de todo lo que pasa está en algo mucho más pequeño y cotidiano que es la falta de igualdad de género. Y empezamos a trabajar en lo que llamamos la alfabetización mediática con perspectiva de género...

–¿Que significa...?

–Informar a los estudiantes y al profesorado sobre como consumir los medios de comunicación o como trabajar para los medios de comunicación como periodistas teniendo perspectiva de género: los contenidos, el lenguaje...

–A la política española ha llegado un partido, Vox, que ha puesto sobre la mesa que no hay que hablar de violencia de género, sino de violencia doméstica.

–Son cuestiones distintas. Esta segunda está vinculada al ámbito doméstico, cuyo origen empieza y termina en dicho ámbito. Por ejemplo: cuando se informa de un suceso, ese suceso empieza y termina en él mismo. Mañana se publica otro y la explicación del mismo empieza y termina en él, no tiene nada que ver con el anterior suceso. En cambio, la violencia de género tiene una historia de continuidad. Si hablamos de asesinatos de mujeres por parte de sus parejas hoy, y hace diez años o hace cinco días, la historia es la misma aunque los protagonistas y las condiciones circunstanciales domésticas cambien. Hay algo que es común, la causa, y la causa es el género. Es una cuestión cultural.

–¿Cultural?

–Que tengamos asimilado, por ejemplo, que a las mujeres las violan y vemos los escandalosos datos que nos hablan de violaciones diarias y de manadas... Hemos naturalizado que eso es algo que les pasa a las mujeres y no nos planteamos por qué no les pasa a los hombres. Esa misma realidad es una cuestión de género. Culturalmente hay una serie de construcciones que llevan a que nos comportemos de una manera, que entendamos las relaciones amorosas de una manera, que entendamos la violencia o la posición que tiene que tener una mujer con respecto al hombre de una manera...

–Es decir...

–Las mujeres sufren violencia de género y son asesinadas por el hecho de ser mujeres, por lo que culturalmente se asocia que es una mujer.

–Usted ha escrito sobre comunicación en clave de igualdad de género. ¿Cómo se comunica en esa clave?

–Teniendo perspectiva de género.

–¿Y dónde o cómo se aprende?

–Debería aprenderse en las aulas. Hay dos lagunas en nuestra enseñanza desde pequeños: la educación en género y la educación y alfabetización mediática. Y además, en el siglo XXI se unen, porque todo es comunicación y los niños desde muy pequeños están inmersos en Internet consumiendo productos y aprendiendo con esa comunicación. Por una parte haría falta espíritu crítico, usando los medios de comunicación, las redes sociales, saber qué sentido tiene todo eso y luego, por otra parte, tener esa perspectiva de género. Todos los que no hemos sido educados en ese modo de ver la realidad tenemos que formarnos ahora.

–¿A qué se refiere con eso de 'todos los que no hemos sido educados en esa perspectiva?

–En la cultura en la que nos hemos educado, en los libros de texto no había referencias a mujeres. Lo más grave no es que no las hubiera... ¡es que no nos cuestionábamos que no las hubiera! En cualquier ámbito de la sociedad en el que nos movemos siempre hay hombres y mujeres al lado: en la sala de espera de una consulta, en un autobús... Convivimos en igualdad en el espacio mujeres y hombres. En cambio, cuando estudiamos filosofía o literatura o las referencias de opinión en los medios de comunicación no nos cuestionamos que la mayoría sean hombres y que en muchos casos ni haya mujeres.

–Siempre que aludimos al campo de la filosofía hablamos de Aristóteles, Plantón, Nietzsche... ¡Siempre hombres!

–Que no hayamos sido capaces de decir: «¡Pero bueno, ¿en miles de años de historia no ha habido dos mujeres que hayan tenido ideas filosóficas, planteamientos matemáticos...?!» Y como eso lo hemos visto día a día, vemos normal que las mujeres no estén, que ocupen un segundo lugar. Cuando de repente alguien te da esa perspectiva de género, empiezas a ver las cosas de forma distinta y a preguntarte dónde están las mujeres cuando no están. Te cambia el chip y empiezas a ver la realidad de forma distinta, pero tienes que hacer un esfuerzo porque tu cerebro no está preparado para eso.

–¿El lenguaje inclusivo es el fin o es el medio para avanzar en la igualdad?

–Es el medio. Si no utilizas un lenguaje inclusivo es difícil visibilizar a las mujeres. No significa tener que hablar siempre de 'todos y todas'...

–¿Entonces?

–¡Tenemos un leguaje tan rico! En vez de decir profesor puedes decir docente y en vez de alumno, estudiante.

–He entrevistado a hombres que ironizan con lo del lenguaje inclusivo.

–Es falta de conocimiento. Comprendo que hay que hacer un esfuerzo muy grande para que eso que hemos tenido siempre en nuestra mente como lo correcto, lo que hay que hacer, cambie. Dentro de unos años este debate nos parecerá bastante absurdo porque el lenguaje es un lenguaje vivo. Ahí está el caso de modisto y modista.

–¿Qué pasa con eso?

–Pues que modisto se crea cuando los hombres empiezan a diseñar ropa; se cambia la palabra, como algo natural, y se dice modisto. El lenguaje es flexible; no se trata de destruir nada sino de hablar correctamente y visibilizar.

–A mí me ha respondido alguna entrevistada que le agota eso de niños y niñas, amigos y amigas...

–Ser mujer no significa que tengas que ser feminista, ni que tengas que creer en el lenguaje inclusivo, ni que tengas que creer que falta mucho para la igualdad real... El lenguaje inclusivo no solo son los desdobles. ¡Claro que agota hablar siempre con desdobles! Es tomar partido por decir «voy a hablar para que todo esté incluido ahí».

–Pero para eso hay que tener un dominio muy alto del vocabulario...

–No es tan difícil. Palabras neutras en castellano tenemos muchas. En cuanto te cambia el chip de la manera de explicarte, haces por cambiar ese lenguaje ya que si no, no te estarán entendiendo.

–Usted estudió la igualdad de género en alumnos de la universidad. ¿Que se encontró?

–El primer estudio que se hizo en España, a nivel de toda una universidad, la de Valladolid, fue una encuesta a estudiantes, profesorado y personal de administración y servicios, dirigida al ámbito de la igualdad. Nos preocupaba también la violencia de género y la relación de esas dos realidades con los medios de comunicación. Y nos encontramos que había muy poco conocimiento sobe el tema.

–Por ejemplo...

–La población en general que estudiamos censuraba el machismo, no se consideraba machista, decía que la violencia de género es una lacra que tendría que solucionarse pero, cuando intentábamos ir más allá y preguntábamos de qué hablábamos cuando nos referíamos a violencia de género, un tanto por ciento muy elevado no sabía definirla correctamente, o identificar comportamientos machistas o situaciones en las que tus compañeras están en un estado de discriminación o de violencia... Eso nos demostró que hace falta formación. Si no hay formación, es muy fácil manipular esas realidades.

–¿Las cuotas ayudan, entorpecen...?

–Las cuotas ayudan ahora a que se permita el acceso a una mujer a un puesto al que de otra forma no podría acceder. Y dentro de unos años las cuotas no serán necesarias.

–Una rectora en la Universidad de Valladolid, una presidenta en el Gobierno de España, una presidenta en la Junta de Castilla yLeón, ¿serían revulsivos para que acabe calando en la sociedad la idea de la igualdad de géneros?

–Las cosas llevan mucho tiempo cambiando, como se ve en el panorama internacional. Llegar, llegará. Y claro que es importante, porque estarás dando referencias femeninas a la sociedad, que muchos pequeños y adolescentes no tienen en este momento.

–Su curriculum no se construye solo sobre materias vinculadas a la igualdad de género. Ha estudiado muy a fondo muchas materias vinculadas a la Transición, sin ir más lejos, los mensajes de la Corona en Navidad de 1975 a 1982. ¿Cómo halló atractiva una materia tan árida?

–Lo de los mensajes reales es solo un capítulo de mi tesis doctoral. Igual que me interesa muchísimo el género, desde el punto de vista de la investigación me apasionan la historia de la televisión y la relación entre la política y la televisión. Empecé investigando en el doctorado los periódicos en la etapa de la Transición.

–¿Qué buscaba?

–Habían tenido un papel fundamental a la hora de construir un estado democrático en España y de gestionar el cambio social y político. La televisión estaba en todos los hogares, era vista todos los días. Y si solo había una televisión y era la pública, en un estado en el que no había ni Constitución, una televisión en manos del gobierno me pregunté para qué sirvió.

–¿Y qué se respondió?

–Que la tele había sido un pilar fundamental del cambio. Gracias a la tele se había vendido a los españoles cómo se iba a hacer la Transición y se vendió una imagen de ella, de la monarquía y del gobierno. Y se educó mucho a la gente. La televisión utilizó mucho el poder de influencia que tenía para enseñar a la gente cómo votar, qué era una Constitución, que son las autonomías...

–Usted que tanto ha estudiado la comunicación de los partidos y sus líderes, ¿cree que ha ido a peor la comunicación política en España, ha ido a mejor, se ha modernizado?

–Peor y mejor... En realidad la comunicación política nace en la Transición; lo del Franquismo era propaganda, no comunicación. En la Transición los políticos se encontraron con que había tele, muchos no sabían como utilizarla. Pero Suárez y Felipe González demostraron que sabían que era distinto hablar a una cámara que en un mitin. Lo que veían era que comunicar a través de una televisión te servía para ganar unas elecciones. Suárez dijo que las primeras elecciones se iban a ganar con la tele; así fue y el resto de los partidos se dio cuenta del poder de la tele. Algo parecido a lo que después ha pasado con las redes sociales. O lo que ha pasado con el infoentretenimiento. Muchos políticos no querían entrar en las redes sociales o pasearse por las cadenas de televisión, yendo al 'Hormiguero 'o a entrevistas conBertín Osborne, pero se han dado cuenta de que eso te ayuda a ganar elecciones. La comunicación política se ha profesionalizado mucho más.

–Estamos en plena efervescencia política. Cuatro convocatorias electorales por delante en menos de dos meses. ¿Su curiosidad está ya en modo elecciones?

–Sobre todo por como se está moviendo el tema de las redes sociales. Todos esos bulos que se mueven en las redes, que buscan incidir en los sentimientos de la gente. Muchas veces te planteas quién está detrás de todo eso. Las campañas ya no se hacen en las pegadas de carteles o en la tele, como en la Transición, sino en las redes sociales y desde el anonimato, con mensajes que llegan no ya desde los partidos, pero que al fin y al cabo son actos de campaña.

–Las redes influyen en las campañas, pero también influyen en la comunicación política las comparecencias sin aceptar preguntas. ¿Qué recomienda a sus alumnos: que acepten ese tipo de comparecencias, que las rechacen y se vayan...?

–Es una forma de asfixiar el periodismo. A mis estudiantes les imparto historia del Periodismo para que lo que ha pasado les sirva para entender y valorar lo que hay ahora. Las libertades se ganan y se pierden. El hecho de una comparecencia sin preguntas lo que hace es no dejar que se ejerza el periodismo. Esta profesión del periodismo no es cualquiera, está ligada a un derecho que tenemos todos. Cuando el político de turno se niega a que le hagan preguntas le está diciendo a la ciudadanía que no tiene derecho a estar informada. Hay que reivindicar el preguntar. Tenemos obligación y derecho a ejercer el periodismo.

–¿Qué futuro le augura al Periodismo cuando los bulos parece que aplastan a la realidad más tozuda?

–Si estamos rodeados de bulos y de desinformación, si no terminamos de saber bien qué pasa porque cada vez nos dicen una cosa distinta, vamos a necesitar que de repente haya un periodista que nos diga y nos expliqué qué pasa.

–¿Qué quiere ser de mayor usted?

–(Ríe) Quiero seguir siendo lo que soy: profesora de universidad, seguir investigando y seguir enseñando a nuevas generaciones. ¡Me gusta mucho lo que hago!