Un libro que intenta «legitimar, a cualquier precio, incluso el de la mentira, la actual situación administrativa»

Las asociaciones leonesistas exigen al Ayuntamiento que retire el libro conmemorativo del Fuero porque «tergiversa la historia del Reino»

LEONOTICIAS

En un escrito, las asociaciones leonesistas han detallado lo que para ellos «es una tergiversación de la historia del Reino de León» en relación al libro conmemorativo del Fuero ‘El Fuero del Reino y de la ciudad de León’. Para ello, han remitido al Ayuntamiento para exigir «una rectificación en toda regla tanto y la publicación de una nueva edición, corregida y rectificada que sirva para el conocimiento, reconocimiento, difusión y puesta en valor de la Historia Leonesa en general y del Fuero de León en particular, y como homenaje al rey Alfonso V y a los leoneses de 1017 que hicieron posible aquel episodio de nuestra historia». Este es el contenido del escrito:

Página 4, párrafo 4º

Nos encontramos el siguiente texto:

“Destacamos también un manuscrito del siglo XIII por estar escrito en romance. Cuando se promulgó el Fuero, la lengua que hablaba el pueblo en León se parecía más al asturiano o al gallego que al castellano. No existía norma lingüística y una palabra se escribía y se decía de varias formas.”

El párrafo en cuestión es realmente vergonzoso al dar tantos rodeos para, simplemente, ocultar la existencia de la lengua leonesa, primero llamándola “romance” (como si no fueran romances todas las demás lenguas derivadas del latín) y citando seguidamente al gallego y al castellano así como al asturiano que, tal y como dejó escrito Menéndez Pidal, es una de las variantes de la lengua leonesa.

Ocultación mucho más sangrante si tenemos en cuenta que Galicia, Asturias y Castilla, eran en aquel momento territorios dependientes del Reino de León y que el primer testimonio escrito de una lengua romance diferenciada del latín vulgar, es la Nodicia de Kesos, que se encuentra en el Archivo de la Catedral de León y que procede del Monasterio de los Santos Justo y Pastor de Rozuela, hoy desaparecido y que se encontraba en término municipal de Ardón. ¿Cómo es posible que alguien pueda creer que la lengua nacida en el alfoz de la urbe regia legionense pudiera tener otro nombre que no fuese leonés? ¿Cómo es posible que desde la propia ciudad de León se trate de ocultar de un modo tan burdo la existencia de la lengua leonesa?

Página 6

Se traduce “Regni Ispaniae” por “Reino de España” con la consiguiente confusión que dicha equiparación con el término actual puede crear en el gran público.

Hace un milenio, en los albores del siglo XI, el concepto de “Ispaniae”, además de resultar inusual en un reino cristiano, ya que en muchas ocasiones servía para designar el territorio ocupado por los musulmanes, no tenía equivalencia con la actual España que, no lo olvidemos, sólo es uno de los dos países que ocupan la península ibérica. El norte de Portugal era territorio leonés (y lo siguió siendo hasta 1143) y el propio rey Alfonso V de León, murió de resultas de la herida que recibió en el cerco de Viséu.

Página 8, párrafo 1º

El final de dicho párrafo es, realmente, increíble, al decir, textualmente, lo siguiente:

“concretamente hasta 1230, año en que se divide el reino en León y Castilla”.

En 1230 fallece Alfonso VIII de León (pues VIII fue y no IX en la línea de sucesión leonesa por una cuestión de simples matemáticas, tras el VII siempre viene el VIII) y en dicho año lo que se produce es la usurpación del Reino de León a sus legítimas herederas, sus medias hermanas las infantas Sancha y Dulce por parte de Fernando I de Castilla que, a partir de entonces, sería conocido como Fernando III cuando, en realidad, es III únicamente en tanto que rey de León.

Fue en 1157 cuando, al fallecimiento de Alfonso VII “El Emperador”, se produjo la división del Reino en León y Castilla.

Página 11, párrafo 3º

“Alfonso IX su padre y último rey de León...”

Dicha afirmación, que parece dar a entender que el Reino de León desapareció a partir de 1230, no se sostiene de ninguna manera y es una clara manipulación de la verdad y de la historia.

Dejando aparte el hecho de que el infante Juan, tercer hijo varón de Alfonso El Sabio, reinó en León, Sevilla y Galicia como Juan I de León, entre 1296 y 1300, hecho que por si sólo echaría por tierra la afirmación anterior, no es posible que alguien que trata de escribir sobre Historia de León ignore que todos los reyes posteriores a Alfonso VIII de León (IX) se intitularon, como “de León” y el propio privilegio rodado de Fernando El Santo que aparece en la página que nos ocupa, desautoriza el texto citado ya que el mismo rey se identifica en dicho documento como “de Castilla y Toledo, de León y Galicia”.

Página 12, párrafo 2º

“Alfonso III (852-910), es el último rey de Asturias y el primero de León...”

La fea costumbre de cambiar a los reyes su intitulación se repite, en esta ocasión, una vez más ya que ningún rey se intituló como “de Asturias” sino que desde el inicio de la Reconquista hasta Alfonso II El Casto, los reyes se intitularon como “de los astures” y a partir del traslado por dicho rey de la capitalidad a Oviedo, como “de Oviedo”.

“Ordoño II (914-924) convierte a León en la capital del reino y de todo el territorio hispano...”

Fue a la muerte de Alfonso III El Magno, en 910, cuando sus tres hijos se repartieron el reino y García, al trasladar la capital a León empezó a firmar su documentación como “regnante in Legione” lo que dio lugar al nacimiento del Reino de León. Por no mencionar que la propia afirmación anterior de que Alfonso III es el último de Asturias y el primero de León, echaría por tierra el intento de atribuir a Ordoño II el cambio de capitalidad en el Reino.

Página 20, párrafo 3º

“A la muerte de Alfonso IX en 1230, el reino de León da paso al nuevo Reino de Castilla y León.”

Sin embargo, el siguiente párrafo nos dice: “Esta unión no supuso el sometimiento de un reino a otro, ni la fusión de los dos...”

Hay que reconocer que aquí, la autora se ha superado con semejantes “perlas” puesto que ¿cómo se pueden hacer dos afirmaciones tan antagónicas en dos párrafos seguidos?”.

Obviando el esclarecedor detalle, por otra parte, de que aparezca con minúscula inicial el Reino de León mientras que el imaginario de “Castilla y León” aparece con mayúscula inicial, dicha frase no puede ser más falsa y manipuladora.

NUNCA, JAMÁS, ningún rey se intituló como "de Castilla y León" sino que siempre se refirieron a ambos reinos por separado y eso fue así desde Fernando El Santo, III de León y I de Castilla hasta Isabel II (ambos inclusive).

Asimismo, a partir de Alfonso XII, hasta el actual rey Felipe VI, los reyes se han intitulado como “de España” pero conservando, en su intitulación extensa los títulos de Rey de Castilla, de León, de Aragón..., siendo el segundo de los más de cuarenta títulos que ostentan los reyes de España.

Sólo a la luz de un intento (otro más) de legitimar, a cualquier precio, incluso el de la mentira, la actual situación administrativa se puede entender semejante frase porque, la otra alternativa, la del desconocimiento supino de la historia, nos parece aún más preocupante en la Directora del Archivo Municipal de León y profesora asociada de la Universidad de León.

Página 21, párrafo 1º:

“En los últimos siglos de existencia del Reino de León, siglos XII y XIII...”

Una vez más, al igual que en la página 11, párrafo 3º, antes comentada, se intenta hacer creer al lector que el Reino de León desapareció en 1230, haciendo caso omiso de todas las evidencias posteriores de su existencia así como del actual escudo de España que en su 2º cuartel exhibe un orgulloso león rampante, representando un reino que, evidentemente siguió existiendo durante el resto de las Edades Media, Moderna y Contemporánea y que, bajo el nombre de “Reino de León”, dividido en las provincias de León, Zamora y Salamanca, llegó hasta nuestros días a través del Decreto-Ley de 30 de noviembre de 1833, conocido como “Ley de Javier de Burgos”.

Pues bien, tras este rápido repaso, debemos expresar nuestro profundo estupor ante la edición por parte del Ayuntamiento de la ciudad de León de un texto tan lleno de mentiras, medias verdades y manipulaciones que, en lugar de dignificar el Milenario de un hito tan importante de la Historia de León y, por extensión, de España y de Europa, sólo sirven para crear mayor confusión y caos y un sentimiento leonés de derrotismo, al tratar de convencernos de que desaparecimos en 1230.

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