El lado oscuro de la alimentación infantil

Estanterías con productos infantiles en un supermercado. /Elena Martín López
Estanterías con productos infantiles en un supermercado. / Elena Martín López

La asociación Justicia Alimentaria alerta sobre el exceso de grasa, azúcar y sal en productos para niños

ELENA MARTÍN LÓPEZ

Los más pequeños, en plena etapa de crecimiento, necesitan llevar una alimentación lo más saludable posible. Esto es lo que quiere conseguir la campaña #MiPrimerVeneno, desarrollada por la asociación Justicia Alimentaria, que denuncia que los alimentos procesados dirigidos al público más joven son insanos. En los últimos años, numerosos colectivos, como la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), han dado la voz de alarma del problema real existente, el exceso de grasa, azúcar o sal, que se esconde en los alimentos infantiles y que perjudica notablemente la salud, presente y futura, de los niños.

La Organización Mundial de la Salud advierte que «alimentar a los lactantes con productos hipercalóricos, con altos contenidos de grasa, azúcar y sal, es uno de los principales factores que propician el sobrepeso y la obesidad infantil». Estos problemas, prevenibles con una alimentación adecuada, afectan actualmente en España al 40% de los niños, propensos a desarrollar diabetes, enfermedades cardiovasculares y de las articulaciones, cáncer y problemas de salud mental en la edad adulta.

«Mi primer veneno: la gran estafa de la alimentación infantil» trata de prevenir y cambiar esta situación. «Las multinacionales han encontrado un nicho de mercado en los productos de 0 a 3 años, la que llaman 'alimentación complementaria', consiguiendo que la alimentación natural quede relegada y los productos procesados, muy insanos, estén en primer plano», expresa Javier Guzmán, director de la Asociación Justicia Alimentaria.

La 'alimentación complementaria' es aquella que se inicia a partir de los seis meses de vida y consiste en incluir poco a poco alimentos diferentes a la leche materna, hasta integrar al niño o niña por completo en la dieta familiar. Durante esta etapa, la OMS recomienda que se evite por completo el azúcar y la sal.

Azúcar por un tubo

Estas recomendaciones, sin embargo, se pasan por alto en multitud de productos procesados, ya sea porque se dirigen a niños a partir de los cuatro meses de edad o porque, a pesar de señalar que contienen «0% azúcares añadidos», realmente están llenos de azúcar disfrazado de otros ingredientes como almidón o cereales hidrolizados.

La leche de crecimiento que se puede adquirir en los establecimientos, por ejemplo, además de contener grasas saturadas, monoinsaturadas y poliinsaturadas, perjudiciales para la salud, tiene entre sus ingredientes harinas de cereales hidrolizados, sacarosa y fructosa, todos ellos azúcares.

Algo parecido ocurre con otros productos como los potitos, las papillas, los yogures o los snacks destinados a los más pequeños. Un caso destacable es el de algunas galletas infantiles sin glúten, que contienen hasta 22,6 gramos de azúcar por cada 100 gramos, a pesar de que el máximo recomendado por la OMS para un adulto son 25 gramos de azúcar al día.

A pesar de todo, lo que más asombra es que muchos de estos productos están avalados por asociaciones de prestigio, dando al consumidor, y en este caso los padres, que dichos alimentos son saludables para sus hijos.

Etiquetas incomprensibles y publicidad dañina

Con la campaña 'Mi primer veneno', la Asociación Justicia Alimentaria además denunciar esta situación quiere conseguir cambiarla. Para ello, piden, en primer lugar, un etiquetado fácil de comprender. «El 64% de la población no entiende las etiquetas de los productos», expresa Guzmán, «por eso pedimos que se implante un etiquetado como el de Inglaterra o Chile, basado en un semáforo, de tal modo que los alimentos menos saludables se señalen en rojo y los más saludables en verde», agrega.

Otro de los retos de la asociación es prohibir la publicidad infantil perjudicial. En 2016, un estudio sobre la exposición de los niños a anuncios de bebidas y alimentos señaló que, en España, los menores ven una media de 25 spots de estas características al día, siendo dos tercios de ellos sobre productos poco saludables.

Por otra parte, consideran absolutamente necesario que el Estado desarrolle una normativa de calidad en la que no tengan cabida los conflictos de intereses entre las empresas y las asociaciones de salud, y que los alimentos infantiles insanos dejen de comercializarse en establecimientos de referencia para los consumidores como las farmacias.

Educar el paladar

Los hábitos alimenticios se adquieren en casa, por ello, Luján Soler, dietista -nutricionista y Decana del Colegio Profesional de dietistas-nutricionistas de la Comunidad de Madrid (CODINMA), recomienda que, en la medida de lo posible, los productos que se den a los niños procedan de alimentos naturales y se cocinen en casa, utilizando los productos procesados lo menos posible y únicamente como alternativa cuando no exista otra opción.

Por otra parte, «los padres primerizos pueden acudir a distintas asociaciones de nutricionistas y dietistas especializados en alimentación infantil para que les asesoren sobre posibles recetas saludables para niños y sobre el etiquetado de los productos que ven en el supermercado, así como posibles alternativas más saludables», expresa la nutricionista.

Una de estas alternativas es 'Smile Eat', una empresa fundada por un grupo de emprendedores cuyo objetivo es «cambiar y mejorar la categoría de alimentación infantil». En su web, además de productos ecológicos para niños, también se incluye información de interés para el consumidor como una guía básica para aprender a leer las etiquetas de los productos alimenticios.

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