Aquí sí hay playa

Simulación de la playa artificial de Madrid. /R. C.
Simulación de la playa artificial de Madrid. / R. C.

Manuela Carmena quiere construir un arenal artificial con piscinas de olas en la madrileña plaza de Colón

J. Luis Alvarez
J. LUIS ALVAREZMadrid

Aquí sí hay playa. Para llevar la contraria a la pegadiza canción que popularizaron The Refrescos en los años 80, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, anunció ayer que quiere crear una playa artificial en la céntrica plaza de Colón. El proyecto contempla instalar piscinas de olas entre el paseo de la Castellana y las lujosas tiendas de la 'milla de oro', frente a los ventanales de la Biblioteca Nacional y del Museo Arqueológico. Todo a la sombra del mástil que sostiene una gigantesca bandera de España, la mayor de cuantas ondean en todo el país.

Con este sucedáneo de playa Carmena quiere equiparar a Madrid con París, Londres, Ámsterdam o Kiev, ciudades que aplacan los rigores del estío con estos parques acuáticos urbanos. De momento, y a falta que de el Ayuntamiento otorgue la licencia a una empresa, está previsto que la playa artificial esté abierta durante julio y agosto. Si finalmente se aprueba, la playa de Colón muy a duras penas podrá estar terminada en quince días. De entrada, la alcaldesa, que considera esta instalación «interesante» para los ciudadanos, ya se ha granjeado las críticas de todos los grupos de la oposición.

Aunque Carmena se empeñe en vender una playa en Madrid como algo nuevo, la ciudad ya tuvo su balneario hace un par de siglos, aunque entonces no fuera un lugar para tomar el sol. El 'aprendiz de río', como se conoce al Manzanares, ofrecía sus refrescantes orillas a su paso por la ciudad para que las mujeres acudieran a lavar la ropa, los hombres a abrevar las bestias, y los niños, como es habitual, a jugar. Allí se bañaron muchos madrileños por razones de higiene, hasta que se procedió a canalizar las escasas aguas del Manzanares.

También se conoció como 'la playa de Madrid' a la inaugurada por el régimen de Franco en 1958 en el llamado Parque Sindical, hoy el polideportivo de Puerta de Hierro. La instalación estaba junto a la carretera por la que pasaba el dictador camino de El Pardo, vía que hoy forma parte de la M-30. Este recinto cuenta con la piscina más grande de Europa. Según los periódicos de la época, en aquellas aguas cloradas llegaron a meterse en un sólo domingo hasta 40.000 personas, tal vez una exageración de la propaganda franquista. En todo caso no había peligro para los bañistas, que en su mayoría no sabían nadar. Contaba con tres piletas, una de 40 centímetros de profundidad, otra de 1,20 metros de hondo pero de 132 metros de largo por 80 de ancho, y una olímpica al uso. La motorización del país en los años 70 hizo que los madrileños cambiasen esta playa artificial por las auténticas, principalmente, en el litoral valenciano.

La penúltima playa urbana, por llamarla de alguna manera, fue construida por el Ayuntamiento en el parque de Madrid-Río, e inaugurada en 2011. Es una zona de surtidores y hamacas muy solicitadas en verano, pero con los mosquitos como incómodos invitados. Y es que en Madrid hay gente para todo y la playa de Carmena seguro que se llena.

 

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