La Fiscalía carga contra los Maristas por encubrir abusos

El pederasta confeso de los Maristas de Sants, Joaquín Benítez./EFE
El pederasta confeso de los Maristas de Sants, Joaquín Benítez. / EFE

El pederasta confeso pide perdón por los tocamientos y felaciones a sus alumnos y, entre lágrimas, asegura que desea ir a la cárcel

CRISTIAN REINOBarcelona

El juicio del 'caso Benítez', el pederasta confeso del colegio de los Maristas de Barcelona, quedó este miércoles visto para sentencia. La Fiscalía pide 22 años de prisión contra el antiguo profesor de gimnasia por abusar sexualmente de cuatro alumnos de 13 y 14 años entre 2006 y 2010. Con todos, dijo, actuó igual: les llevó a su despacho con la excusa de paliar una lesión deportiva con un masaje y terminó por hacerles tocamientos y felaciones. «Los masajes empezaban de forma natural y terminaban de forma sexual», argumentó.

El fiscal otorgó toda credibilidad los testimonios de las víctimas, que cree que fueron ratificados por las pruebas aportadas por los Mossos d'Esquadra. Recordó, además, que se trata de un escándalo mucho mayor. Hubo una veintena de denuncias, pero trece se archivaron porque los delitos habían prescrito. El fiscal está convenido de que, de hecho, hubo muchos más abusos. «Son 20 denuncias, pero imaginen los que no han denunciado», indicó.

Un escándalo en el que la Fiscalía, al igual que los abogados de las víctimas, considera que los Maristas tienen una «enorme responsabilidad moral». Y es que doce docentes del centro fueron también denunciados por delitos parecidos -aunque ya prescritos-, cometidos durante décadas. «Si en 1986 (cuando conocieron la primera denuncia) hubiesen actuado, estos hechos no se habrían producido», sentenció. Joaquín Benítez hizo uso de su derecho a la última palabra para pedir perdón. «Pido perdón porque de verdad estoy arrepentido, aunque no os lo parezca».

Entre lágrimas, el antiguo profesor de gimnasia, que nunca fue despedido a pesar de que la dirección del centro conocía los hechos, aseguró que quiere estar en prisión. «No pueden ustedes imaginarse cuánto lo he deseado». Su defensa, de hecho, pidió una pena de ocho años de cárcel. No por los cuatro abusos que se le imputan, sino solo por los dos que ha reconocido.

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