Barcelona y Madrid, las primeras en calidad de vida en España

Vistas de Barcelona y Madrid. / Agencias

Un estudio analiza las principales áreas urbanas que hay en España a través de variables de carácter económico, como la renta o el empleo, pero también de otros aspectos como las condiciones de salud, la seguridad ciudadana o el clima

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Barcelona y Madrid son las áreas urbanas con mejor calidad de vida en España en términos generales. Así lo revela un estudio realizado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) y la Fundación BBVA que analiza las 73 Áreas Urbanas Funcionales (AUF) identificadas en España por Eurostat, que son aquellas con una densidad mínima de 1.500 habitantes por km2 y un umbral mínimo de población de 50.000 personas, así como sus áreas de influencia, es decir, municipios limítrofes en los que al menos el 15% de sus residentes trabajan o estudian en la ciudad de referencia.

El informe, elaborado por los investigadores del Ivie Francisco J. Goerlich y Ernest Reig, en colaboración con los técnicos también del Ivie Carlos Albert y Juan Carlos Robledo, analiza la calidad de vida no solo a través de las variables de carácter económico, como la renta o el empleo, sino también contemplando otros aspectos como las condiciones de salud, la seguridad ciudadana, el clima, o algunos aspectos ligados a la accesibilidad… En este sentido, son Barcelona y Madrid las que destacan, por ejemplo, en el ránking que mide la capacidad innovadora y también se encuentran en los primeros puestos en cuanto a nivel socioeconómico, condiciones de vida urbana y salud. Sin embargo, otras áreas menos pobladas registran mejores resultados en algunas de las variables o indicadores. Es el caso de Ibiza, San Sebastián y Girona que obtienen excelentes posiciones de acuerdo con el indicador de condiciones socioeconómicas, o de algunas ciudades de tamaño intermedio como Toledo o Guadalajara que se sitúan en el indicador agregado de condiciones de salud por encima de otras de mayor dimensión.

Son, en total, 35 variables las analizadas que se agrupan en tres bloques temáticos y dan lugar a tres indicadores agregados: condiciones socioeconómicas (nivel de ingresos de los hogares, situación del mercado de trabajo, accesibilidad de la vivienda, nivel educativo y profesional de la población residente, etc.), condiciones generales del medio urbano (incidencia de la delincuencia, grado de participación ciudadana en procesos electorales, gasto municipal por habitante, tiempos de desplazamiento de los residentes al lugar del trabajo y algunas variables medioambientales) y condiciones de salud (tasas de mortalidad, incidencia de suicidios, esperanza de vida, etc.).

El ranking elaborado con los resultados correspondientes al primer grupo sitúa a Ibiza, Barcelona, San Sebastián, Madrid, Girona y Palma de Mallorca, a la cabeza del sistema urbano español, seguidas de un grupo de ciudades pertenecientes principalmente al cuadrante Nordeste de la Península, al que se añaden algunos municipios turísticos.

En el segundo grupo, relacionado con las condiciones generales de habitabilidad o confortabilidad del medio urbano, las posiciones más destacadas pertenecen a Barcelona y Madrid, aunque también destacan algunas otras de las ciudades de mayor tamaño del sistema urbano español (San Sebastián, Sevilla, Bilbao y Valencia), más dos importantes destinos turísticos (Benidorm y Palma de Mallorca) y una serie de ciudades de dimensión intermedia del País Vasco, Navarra y Cataluña. También Granada, León, Guadalajara y Salamanca aparecen en buena posición.

Por último, en el tercer grupo, que refleja las condiciones de salud, es más difícil encontrar una pauta geográfica definida que caracterice a las ciudades que obtienen las mejores puntuaciones. Las más destacadas forman un grupo bastante heterogéneo, entre las que aparece en los primeros lugares Toledo, junto con Guadalajara, Madrid, Murcia, Vitoria y Albacete. De las 16 mayores ciudades aparece también en este grupo, además de Madrid y Murcia, la ciudad de Barcelona.

Durante la presentación del informe también se ha tocado el tema de la España vacía dado que alrededor del 70% de la población reside en Áreas Urbanas Funcionales. Ernest Reig ha explicado que es «muy difícil ir contra esto». «La gente se mueve del campo a la ciudad porque hay más oportunidades de empleo. Hay una gran parte de despoblamiento pero no creo que sea fácilmente reversible», ha señalado. A este respecto, ha explicado que «generalmente la gente actúa racionalmente». Y ha ido más allá: «Habrá gente que vaya al campo pero será por las demandas de las personas que viven en las áreas urbanas».

Por su parte, Goerlich ha explicado que la «unica forma de retener a la población en determinados sitios es generar actividad económica que mejore la vida de quienes vivan allí». Pese a todo, Goerlich aconseja no verlo «de forma tan catastrofista. Cuando la población está concentrada, el coste de la prestación de servicios públicos no es tan elevado».

Según el estudio, esta concentración genera efectos positivos en el mercado de trabajo, en la capacidad de innovación, en la productividad y en la atracción de capital humano altamente cualificado, aumentando variables como la renta, el empleo o la solicitud de patentes y registro de diseños o marcas.

Según los cálculos realizados por los investigadores, doblar el tamaño de la población de un área urbana supondría aumentar los ingresos por habitante de sus residentes en un 2,8%. En el caso de las patentes, duplicar la población deriva en un incremento de los registros de patentes del 140%. Del mismo modo, ese incremento de la población en un 100% daría lugar a un incremento del orden del 110% en la población con estudios universitarios.

En términos de empleo, el conjunto de las 73 áreas registró una caída media anual del empleo del 2,2% entre 2009 y 2013 y un crecimiento del 3,1% entre 2013 y 2016, mientras que la media de las 16 AUF más pobladas obtuvieron cifras ligeramente más favorables (caída del 2% y crecimiento de 3,3%). Madrid y Barcelona figuran entre las AUF que mostraron una mayor capacidad de resistencia en la fase recesiva, pero en la etapa de recuperación fueron superadas por áreas más pequeñas en las que generalmente tenía más peso el sector turístico.

Según explican los autores, las AUF impulsan las economías de aglomeración, que tienen efectos positivos sobre la productividad del trabajo y la innovación. En concreto las ventajas que se derivan de la concentración de población y actividad económica se refieren a una mayor accesibilidad al mercado y reducción de costes de transporte, mayor facilidad en la transmisión de ideas y conocimientos entre los agentes económicos y mejora de la eficiencia en el funcionamiento del mercado de trabajo, ya que es más fácil para las empresas encontrar al trabajador adecuado, que, a su vez, dispone de mayor oferta de empresas que pueden necesitar de sus servicios. La literatura económica especializada ha observado también un efecto positivo sobre los niveles salariales.

Eso sí, esta tendencia a las aglomeraciones demográficas ofrece también riesgos medioambientales, y puede ocasionar una pérdida excesiva de población en algunas áreas rurales, señalan los autores.