Del amor a la decapitación

Foto de la pareja, él de 67 años, y ella de 61; él de origen vasco y ella andaluza, que ayer fue detenida por el supuesto homicidio. / E. C.

Un mujer de 61 años, detenida en Castro Urdiales tras aparecer en una caja que entregó a una amiga la cabeza de un hombre de 67 con el que mantenía una relación | Desde febrero no se tenían noticias del jubilado de origen vasco, que supuestamente se había ido para dedicarse a viajar

M. PÉREZ/ M. ÁLVAREZ/ S. G.

¿Cómo una pareja que lleva una vida aparentemente cómoda y sin sobresaltos puede terminar en un presunto caso de asesinato doméstico con decapitación incluida? Esa es la pregunta que se hacen los vecinos de Castro Urdiales y a la que tendrá que responder la Guardia Civil, responsable de la investigación en torno a la cabeza cortada que apareció el pasado sábado dentro de una caja en una vivienda de la localidad. El caso mantiene sobrecogido a un municipio que apura los últimos días de playa mientras el instituto armado bucea en el invierno de uno de los crímenes más espeluznantes ocurridos en la vecina Cantabria.

Las primeras pesquisas han sido las más sencillas dentro de la complejidad que entraña el macabro hallazgo. El paquete con los restos fue entregado el pasado marzo por Carmen M.G.L., natural de Cádiz y de 61 años, a una amiga con la que compartía amistad y clases de baile en la Casa de Andalucía castreña. La allegada quedó en guardárselo en su casa. Pero el sábado, sobre las dos de la madrugada, decidió abrirlo ante el insoportable hedor que despedía. Dentro reposaba el terror. Una cabeza. O más exactamente, lo que había sido una cabeza. Al parecer, se le habían aplicado sustancias químicas para destruir los tejidos y evitar el olor de la putrefacción.

Antes del amanecer, la Guardia Civil ya se hizo cargo del caso y el cráneo fue enviado al instituto forense para su análisis. El desenlace entró en cascada. Los agentes arrestaron a Carmen M.G.L. en su domicilio. Como se verá posteriormente, era una detención anunciada. Ya la tenían en su radar. Poco más fue necesario para identificar los restos: pertenecían a J.M.B.R., de 67 años, origen vasco y jubilado de banca, con el que la detenida mantenía una relación sentimental desde hace casi ocho años. Hasta el pasado febrero, cuando el caso se torna aún mas truculento. Ese mes, quedó interrumpida aparentemente, porque J.M.B.R. se ausentó de Castro Urdiales para dedicarse a viajar y «estar de pasota», según los mensajes de WhatsApp enviados a los móviles de sus amigos cuando éstos se alarmaron por su desaparición. La correlación de hechos lleva al instituto armado a pensar que en esa época tuvo lugar el presunto asesinato del hombre y que alguien envió los textos en su nombre. Luego están las sombras por iluminar. ¿Fue una muerte premeditada o accidental en medio de una de esas riñas que algunos amigos del fallecido dicen haber presenciado?¿Hubo cómplices? Y, sobre todo, ¿qué razón llevó a la supuesta asesina a decapitar a su pareja, de la que hasta anoche tampoco se había hallado el resto del cuerpo?

A medida que pasan las horas trascienden más datos del escalofriante suceso, instruido por el Juzgado de Primera Instancia número 2 de Castro Urdiales, que declaró el secreto de las actuaciones. Hay, sobre este asunto, bastante hermetismo. Ayer, sin embargo, se hizo público un comunicado oficial para informar de la detención de la mujer.

El instituto armado mantenía bajo custodia el inmueble número 12 de la calle Padre Basabe donde residían ambos. Según los vecinos, la vivienda pertenecía al jubilado vasco, que residió allí con su primera mujer y sus tres hijos antes de separarse. Tras la ruptura, él continuó en el piso, del que se le veía entrar y salir con su última pareja en los últimos años.