El 90% de los adolescentes tiene móvil y perfil en Instagram

Menos de la cuarta parte de los estudiantes ha recibido formación para desarrollar un pensamiento crítico con el que valorar los contenidos ni cómo proteger sus datos personales

DOMÉNICO CHIAPPE

La casi totalidad de los jóvenes tiene al menos un 'smartphone' (90%) y muchos tienen tres o más dispositivos (75%). Con ellos crean perfiles propios en redes sociales, en las que predomina Instagram, un espacio donde exhiben cómo desean que los demás les vean, y cuyos resultados miden por la cantidad de respuestas que logran. Estos son algunas de los datos del estudio 'Las Tic y su influencia en la socialización de adolescentes', realizada por Google, Fad y BBVA, basado en encuestas a 1624 estudiantes de la ESO, entre 14 y 16 años, presentado esta mañana en la sede madrileña del buscador.

El tránsito para dominar la tecnología comienza entre los 11 y 12 años, en la preadolescencia, y se asienta unos años después. Pero durante este periodo de aprendizaje menos de la cuarta parte ha recibido formación para desarrollar el pensamiento crítico para valorar los contenidos (22%). «Los estudiantes deben desarrollar valores cívicos y éticos: libertad, tolerancia y no discriminación», alerta Isabel Celaá, ministra de Educación y Formación Profesional. «Hay que dotar de herramientas de pensamiento crítico y sólidos valores democráticos para defender a lo individuos de sí mismos y a la sociedad de doctrinas contrarias a los derechos humanos. Esto está en la base de la erradicación de cuestiones como la violencia de género».

Mientras los jóvenes carecen de formación en pensamiento crítico, el 76,7% ha recibido clases para crear presentaciones y el 63% para buscar en internet. En cambio, la generación de contenidos propios se queda en el 27,2% y la forma de proteger sus datos personales apenas llega a un 30,5%. Los adolescentes perciben, además, un escaso apoyo de padres y docentes en sus actividades en internet. «No hay nativos digitales, porque nadie nace aprendido. Es un proceso de aprendizaje», afirma Eulalia Alemany, directora técnica de Fad, que señala que el 72,4% de los adolescentes miran constantemente sus móviles. «Pero tienen sus propios límites, que disminuyen esas visualizaciones cuando están con gente y en clases. Las chicas miran más los móviles».

Las tecnologías son utilizadas para varias funciones, que pueden dividirse en tres áreas principales: la primera, ocio y tiempo libre, en la que escuchan música, sobre todo. La segunda, la búsqueda de información, no sólo para sus trabajos escolares, sino también para encontrar modelos de comportamiento, destrezas y modas. En este campo, que linda con el ocio, las chicas suelen visualizar más los vídeos de 'influencers' y los chicos de 'game-players'. Por último, usan sus pantallas para relacionarse y entrar en contacto con personas a las que no tienen acceso en su cotidianidad.

Verse a sí mismos

Entre las redes sociales, la que más utilizan los jóvenes es Instagram, pero donde más se consumen los contenidos es en YouTube. «Crean y comparten sus propios contenidos», dice Alemany. «Usan las redes para sentirse integrados, con una relación ambivalente: conscientes de las ventajas y de sus límites». Por ejemplo, los adolescentes consideran que las personas en las redes mienten (83%), que se puede llegar a establecer afectos intensos (58,8%), que los códigos de relación son diferentes que en el cara a cara (57%) y que la imagen en redes tiene poco que ver con la realidad, el 'postureo' (48,7%). «Las usan para autopresentarse, que los demás vean lo que publico, ése es el objetivo. Además quiero ver cómo me ven.

Hay un deseo de 'feedback', que me cuenten y expliquen cómo me ven. Y pongo límites a cómo quiero que me vean. La respuesta es lo que da valor a esa red social».

En conclusión, el estudio muestra que la gran mayoría de los jóvenes españoles están adaptados plenamente a las tecnologías, aunque existe una brecha digital relacionada con la capacidad adquisitiva de las familias; los adolescentes tienen «alta participación en las redes sociales, donde miden su nivel de integración social»; y el aprendizaje de estas tecnologías se centra en competencias prácticas y no en el desarrollo del pensamiento crítico.

«Las tecnologías de la información y comunicación se constituyen en agentes determinantes de los trepidantes procesos de la sociedad, y su capacidad de inmiscuirse en las vidas de los individuos ha superado los vaticinios», exhortó Celaá, mientras contaba a los adolescentes ganadores del Premio Conectados. «Siete mujeres y un hombre, lo nunca visto», dijo y se dirigió a ellos: «estudiantes y estudiantas (...) se incorporan a este confuso universo a través de estas tecnologías porque se han convertido en su rito de iniciación a la vida adulta».

 

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