De ingenieros nucleares formados en la Unión Soviética a regentar un bar en Salamanca

De ingenieros nucleares formados en la Unión Soviética a regentar un bar en Salamanca

RICARDO RÁBADE

Regentan el bar café Panamericana en la céntrica calle Gómez Moreno de la capital salmantina, no muy lejos de la monumental Plaza Mayor. Pero antes de servir mojitos y endulzar los paladares con los inconfundibles sabores de la gastronomía de su tierra natal, Raúl Bravo y su esposa Mari Carmen Rabassa ya atesoraban un azaroso y deslumbrante periplo vital, que incluyó desde su formación universitaria como físicos y matemáticos en la desaparecida Unión Soviética en los años más esplendorosos del gigante comunista, donde se estrenaron profesionalmente como brillantes ingenieros nucleares, hasta su posterior quehacer profesional en su Cuba natal.

Los caprichosos avatares del destino los devolvieron a la isla y en el año 1996 hicieron las maletas con rumbo a Argentina, con el encomiable propósito de probar fortuna y afrontar nuevos desafíos laborales. En 2008 volvían a facturar en el aeropuerto, pero en esta ocasión con destino a España. En la capital del Tormes pusieron en marcha una academia de enseñanza y, dado que los virulentos efectos de la galopante crisis no hicieron rentable el negocio, se decantaron por una senda profesional mucho más pragmática, como es la hostelería al frente de un café bar, que congrega de forma habitual a la colonia cubana afincada en la ciudad, que está formada por una treintena de personas.

"Entre los cubanos que vienen al bar están profesores universitarios de Biología, Medicina y Farmacia", explica Raúl Bravo, un habanero de toda la vida que nació a unos pocos metros de la emblemática Plaza de la Revolución, que inmortaliza icónicamente al legendario Ché Guevara. Raúl permanece atento, junto con su esposa Mari Carmen (originaria de Santa Clara, en pleno centro de la isla) al aluvión de noticias que irradian las cadenas de televisión e Internet sobre el histórico viaje del presidente norteamericano, Barack Obama. "Era un viaje deseado y, al mismo tiempo, inesperado", argumenta Raúl Bravo quien, a sus 59 años, se muestra esperanzado con el imparable vendaval de cambios que van a soplar en su país como consecuencia directa de la sorprendente complicidad entre el máximo mandatario norteamericano y el actual presidente de la República de Cuba, Raúl Castro. "Este viaje era algo deseado por los cubanos, pero también ha resultado totalmente inesperado por la rapidez con la que se ha producido", enfatiza Raúl Bravo.

En opinión de este ingeniero nuclear hoy reconvertido en hostelero, «este viaje era un deseo del pueblo cubano y seguro que va a ser bueno para todos los cubanos" y, al mismo tiempo, "también va a suponer un tanto que se apunta el Gobierno cubano". Los augurios políticos de este entrañable matrimonio vislumbran que el periplo de Obama y su esposa Michelle en tierras cubanas va a desencadenar nuevos y profundos cambios, sin posibilidad de marcha atrás, en el inmediato presente político de la isla. "Para los cubanos va a ser para bien, pero estoy convencido de que también a haber cambios políticos en el próximo congreso del Partido Comunista, que se celebrará dentro de un mes", vaticina Raúl Bravo, quien confía, al igual que su mujer Mari Carmen, en que estos nuevos aires que se respiran en Cuba no provoquen heridas en el seno de la sociedad y se materialicen de forma pacífica, al margen de las ideas políticas que se postulan tanto en las filas del régimen, como de las tesis que predica la diáspora, como sucede con el combativo exilio afincado en Estados Unidos, especialmente en Miami.