Concejo de Cabrales, naturaleza sin límites en el corazón de los Picos de Europa

Concejo de Cabrales, naturaleza sin límites en el corazón de los Picos de Europa

Esta comarca asturiana ofrece parajes de ensueño, diversión y actividades al aire libre para todos los gustos

ÁLVARO ROMEROMadrid

El concejo de Cabrales es una de las joyas de la geografía española, situado en la parte oriental del Principado de Asturias, ocupa parte del espectacular terreno montañoso de los Picos de Europa. Allí, entre verdes parajes aparecen bellos pueblecitos con vistas de ensueño que se hacen hueco entre las altas cumbres, donde la vida transcurre entre la tranquilidad del día a día y los caprichos de la naturaleza.

La región se abre de par en par al turista durante todo el año, siendo este sector uno de los más importantes para la economía local. La gastronomía completa la importante oferta hostelera de la zona, con restaurantes que ofrecen cocina local al mejor precio. Los productos de la comarca abanderan sus platos y pasean el nombre de Cabrales por todo el mundo, el mejor ejemplo de ello es el queso homónimo, que allí se produce.

Diversión todo el año

Cabrales es un escenario extraordinario para la práctica de todo tipo de deportes en contacto con la naturaleza. El senderismo y bicicleta de montaña son las actividades más comunes entre los turistas. Otros, sin embargo, prefieren el parapente, las excursiones a caballo y los deportes de aventura. El concejo ofrece diversión y actividades para todos los gustos, siendo también un escenario privilegiado para el disfrute en familia.

Su envidiable ubicación hace posible que montañeros y escaladores gocen de cumbres que superan los 2.000 metros de altura. Destacan el famoso e icónico Naranjo de Bulnes y el Torrecerredo que, con 2.648 metros se afianza como el techo de la Cordillera Cantábrica.

El relieve kárstico, frecuente en el terreno, sirve de reclamo para profesionales y aficionados a la espeleología. Cuevas, simas y torcas entre las que sobresalen el Sistema del Trave y la Torca de Urriellu, que se encuentran entre las más profundas del mundo y han sido declaradas Monumento Natural.

La actividad fluvial es frecuente durante todo el año, en un lugar donde abunda el agua que emana en el rincón menos esperado. Sus ríos son el hogar de salmonetes, reos o truchas, y atraen a pescadores de todo el mundo.

Sus municipios, de singular encanto, ofrecen arquitectura tradicional, espectaculares vistas y gentes hospitalarias. Entre los pueblos más destacados merece la pena nombrar localidades como Tielve, Sostres o Bulnes.

Ruta del Cares

Entre sus incontables rutas de senderismo brilla con luz propia la del Cares, una de las más conocidas y bellas de la Península Ibérica. Discurre entre imponentes paisajes de roca y bosque, asomando sobre la profundidad del valle erosionado por las frías y cristalinas aguas del río Cares, con el omnipresente Naranjo de Bulnes siempre de fondo.

Doce kilómetros de recorrido que unen la localidad asturiana de Poncebos con la leonesa de Caín. Merece la pena disfrutar del camino, haciendo paradas periódicas para observar y fotografía un paisaje único. Pese a no necesitar experiencia previa para realizar la ruta, es necesario extremar las precauciones, pues parte de ella discurre al borde del precipicio natural que dibuja el desfiladero.

Gastronomía

La cocina local sigue los cánones de la contundente y deliciosa gastronomía asturiana. Guisos clásicos como el pote o la exquisita fabada asturiana que se unen a carnes y pescados de calidad. En sus ríos abundan salmonetes y truchas y en sus verdes campos pasta el ganado bovino, del cual se obtienen carnes tiernas y leche fresca que posteriormente se transforma en productos lácteos de calidad superior.

El más claro ejemplo de ello es el queso de Cabrales, producto exclusivo de la zona que abandera el nombre del concejo por todo el mundo. Un producto natural elaborado de forma artesana por los propios ganaderos locales, a base de leche de vaca, aunque en algunos casos también se mezcla con leche de oveja y cabra. Su maduración tiene lugar en cuevas naturales en plena montaña, donde pasan entre dos y cuatro meses. El queso desarrolla moho aportando tonos verdosos y se caracteriza por su olor fuerte y gusto ligeramente picante. Todo un manjar mimado bajo Denominación de Origen Protegida.

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