Masella y el constante éxito de su temporada

En el Pirineo Catalán las condiciones siguen siendo envidiables/Masella
En el Pirineo Catalán las condiciones siguen siendo envidiables / Masella

Después de sumar 150 días de apertura en las pistas catalanas afrontan la recta final más larga del país

JUANJO GONZALOMADRID

La entrada del mes de abril sirve a muchos centros para comenzar a hacer balance de su temporada. Con la nieve empezando a escasear y las temperaturas tendiendo a subir, cada vez son más los que empiezan a despedir el curso, ya sea con el trabajo mejor o peor realizado. Situación que ha ocurrido en este complicado año, con muchos centros diciendo adiós de forma prematura ante la falta de precipitaciones y las adversas condiciones climatológicas.

Algo que, sin embargo, no ha ocurrido por la zona del Pirineo Catalán, donde desde el inicio se ha podido disfrutar de unas condiciones excelentes, ofreciendo la opción a los amantes de los deportes invernales de acudir a unas pistas en las que deleitarse. Fue prácticamente durante un mes, en el que las opciones eran realmente limitadas. Con el cierre de alguna de ellas, regresa la opción de acudir a vivir su final de temporada. Se espera que sea largo, sobre todo en el caso de Masella, que suele ofrecer el cierre más tardío del país.

En la Baja Cerdaña aún se mantienen 49 kilómetros esquiables

Lo hace gracias a su privilegiada ubicación, que en estos días aún le permite mantener un total de 49 kilómetros de pistas en unas fechas especiales. Y es que este comienzo de época primaveral llega cuando se cumplen 150 días desde el inicio de otra buena temporada, como lo son las últimas que se están viviendo en la Baja Cerdaña.

El centro catalán ofrece 935 metros de desnivel a estas alturas de temporada y sus condiciones le permiten seguir convirtiéndose en una de las mejores opciones en este tramo primaveral, que se alargará lo máximo posible, gracias a la orientación norte que ya le permitió empezar a disfrutar el curso el día 1 de noviembre. Entonces aún nadie había logrado abrir sus puertas, y en Masella, una vez más, lo volvieron a hacer.