El difícil camino de la maternidad a partir de los 35 años

La escritora Silvia Nanclares./
La escritora Silvia Nanclares.

La escritora Silvia Nanclares relata en la novela autobiográfica 'Quién quiere ser madre' los obstáculos a los que se enfrentan las mujeres de su generación cuando quieren tener hijos

ÁLVARO SOTOMadrid

El alemán es, probablemente, el único idioma que tiene la palabra perfecta para definir el "deseo de tener hijos": 'kinderwunsch'. Como tantos de su generación, Silvia Nanclares (1975) sintió la urgencia del 'kinderwunsch' ya pasados los 35 años. Ahí empezó una carrera por la maternidad que relata, a veces de manera angustiosa, a veces de manera divertida, en la novela autobiográfica 'Quién quiere ser madre' (Alfaguara).

"Igual que le ha pasado a la mayoría de la gente de mi edad, yo no me eduqué para ser una madre joven. A mí me dijeron que me formara, que estudiara, que viajara...", cuenta Nanclares. Y sin embargo, cuando por fin se vio en el momento de pensar en la maternidad, se encontró con un "coctel molotov" de "bienestar más crisis económica más precariedad laboral más falta de pareja estable" que se convirtieron en obstáculos antes de afrontar la decisión final. "En ese momento te das cuenta de que el reloj biológico pasa más rápido y se ha hecho más pequeño", explica.

En la novela, Silvia Nanclares relata todos los pasos que ella ha dado antes de ser madre: encontrar pareja, llegar con ella al consenso de que se quiere tener hijos, mejorar las condiciones laborales, intentar quedarse embarazada de manera natural y finalmente, seguir un tratamiento de fertilidad, algo tan "duro" que puede llevar a quien se somete a él a sentirse como "un yogur caducado o un juguete estropeado".

Por eso, las clínicas de fertilidad y las plantas de neonatos de los hospitales están llenas de mujeres que ya han pasado los 40 años. La escritora cree que el sexo femenino sigue llevando dentro "la inercia" de ser madre, y aunque muchas ya no lo son por elección, para otras sigue siendo "un estigma como el que visualizó Lorca en 'Yerma'". "Las madres que tienen hijos suelen decir que envidian a las que no lo tienen, pero es una envidia desde la felicidad", asegura Nanclares, que opina que sigue existiendo una presión social y familiar, más o menos explícita, sobre las mujeres. "Cuando una mujer no es madre, las expectivas vitales de sus padres también se frustran. El sueño de los padres siempre es jubilarse y ser abuelos. Quizá tengan que acostumbrarse a que no van a poder jubilarse y en muchos casos, tampoco a ser abuelos", bromea Nanclares.

Mayor reconocimiento social

Licenciada en Dramaturgia y Dirección de escena y colaboradora en varios medios de comunicación, la escritora asegura que ser madre significa, para una mujer, un mayor reconocimiento social. No sucede lo mismo con los hombres, que en este campo de la paternidad-maternidad, cree Nanclares que tienen ventaja. "Ellos afrontan el proceso con mucha inconsciencia, no ven venir el final de los 30, o no sienten que eso sea importante. Para el hombre, el hecho de ser padre no es constitutivo de su identidad, como sí lo es en la madre".

En cualquier caso, España no es de ninguna manera el mejor país del mundo para ser madre, opina la autora. Por un lado, la Seguridad Social olvida atender la nueva realidad de las mujeres mayores que sueñan con la maternidad, de ahí el auge de las clínicas privadas de fertilidad. "Necesitamos una nueva ley de reproducción asistida que esté adaptada a la realidad porque la actual (de 2006) no lo está", asevera. Por otro lado, la falta de servicios de guardería o de prestaciones sociales retrasa la decisión de muchas mujeres. "Si las condiciones fueran mejores, se abrirían muchas puertas", dice Nanclares, que constata un posible cambio de tendencia: que las futuras generaciones, viendo la dramática situación de la actual respecto a la maternidad, decidan ser madres mucho más jóvenes.

Silvia Nanclares, que ha cumplido los 42 años en enero, cuenta que no renuncia a su sueño de ser madre. Se está preparando para empezar un ciclo de fecundación in vitro y se plantea hacer uno o dos intentos "como mucho" para quedarse embarazada. La escritora afirma que muchas mujeres padecen un gran sufrimiento cuando, después de los tratamientos, no logran ser madres. Pero también insiste en que al final, el instinto de supervivencia acaba venciendo y la vida sigue para todos.

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