LA SUCESIÓN CONTINúA ABIERTA

LA SUCESIÓN CONTINúA ABIERTA
DIEGO CARCEDO

Los líderes del Partido Popular, no tanto los militantes que acogieron la idea con escaso interés, han roto su resistencia a la democracia interna. Por primera vez se han empeñado en elecciones primarias para nombrar a su nuevo presidente y, detalles de desorganización al margen, para carecer de tradición y entrenamiento la experiencia que acaba de empezar no les está saliendo mal. Compitieron en el primer round -reservado a los afiliados que desearon participar- seis candidatos y dos, Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado, han pasado la primera criba. Ahora tendrán que ser los compromisarios quienes dentro de dos semanas rematen la elección definitiva.

Las elecciones se han visto empañadas por el escaso número de afiliados que se inscribieron para votar: 66.706, menos del 8% de un supuesto censo de 900.000, y el detalle de que los dos presidentes anteriores, José María Aznar y Mariano Rajoy, no hayan participado ni en la campaña ni en las votaciones. Hace días que algunos dirigentes, preocupados por los enfrentamientos que salieron a flote durante la campaña, vienen proponiendo que los dos finalistas pacten, que uno renuncie y el otro concurra al Congreso como aspirante único para que sea proclamado por unanimidad, más en la línea tradicional del partido.

Empieza por lo tanto una cuenta atrás. Los compromisarios no son un colectivo similar al de los votantes que previamente se inscribieron: es más reducido y más dependiente de sus agrupaciones. A primera vista parece probable que al final se inclinen por el que en esta primera ronda obtuvo mayor respaldo. Pero nunca puede ser descartada la sorpresa. La diferencia porcentual entre los dos contendientes es clara pero no contundente. La actitud tras su fracaso de Dolores de Cospedal, que partía con la ventaja de controlar el partido desde la secretaría general, abre una incógnita inmediata.

Vienen tiempos de negociación de apoyos, algo propio del sistema de balotaje; es decir, de recomendaciones de los derrotados, y el de Cospedal es sin duda el que despierta mayor curiosidad. Aparte que es el más voluminoso y que ya ha anunciado impugnaciones que sin duda perturbarán la evolución del proceso, en las últimas horas mantuvo un airado enfrentamiento con Casado, mientras que para nadie es un secreto la mala relación que venía manteniendo con Santamaría en el Gobierno. Es habitual que unas primarias desemboquen en una reconciliación formal de los adversarios, pero también es frecuente que las heridas queden abiertas y determinen el futuro.

Y más cuando el partido ha perdido el poder y las aspiraciones inmediatas de sus líderes se centran en la lucha por la capacidad interna de decidir. Las elecciones primarias, tan extendidas por todo el mundo democrático, abren a los partidos en canal para así suturar las heridas y lesiones que se mantenían ocultas. Por eso el pronóstico, a la vista de estos resultados es que quien acabe ganando tendrá por delante una difícil misión cuyo éxito tardará en que se le reconozca.

 

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