Un secesionismo dividido y bloqueado dirime los pasos a seguir tras el 'golpe' de la Fiscalía

Quim Torra vuelve a su escaño en el parlamento catalán. /Lluís Gené (Afp)
Quim Torra vuelve a su escaño en el parlamento catalán. / Lluís Gené (Afp)

El PDeCAT y Esquerra se enfrentan a la presión de las bases que reclaman desde una huelga general hasta abrir las cárceles

CRISTIAN REINOBarcelona

Después de mostrar su indignación tras hacerse público el escrito de acusación de la Fiscalía y de la Abogacía del Estado, el independentismo mantuvo este sábado un silencio casi sepulcral. La estrategia no está clara. Quim Torra dio la impresión en las primeras horas de que no tenía un plan concreto para responder. Recurrió a la retórica más contundente y acusó a Sánchez de ser cómplice de la represión, pero no movió ficha en su discurso junto al presidente del Parlament, Roger Torrent.

Horas después, en la manifestación ante la cárcel de Lledoners, anunció lo que los miles de manifestantes allí presentes querían oír. «Presidente Sánchez, nosotros, el pueblo de Cataluña, le retiramos el apoyo y no votaremos los Presupuestos». El sector duro del independentismo imponía su relato. Golpe de efecto. Pero si el secesionismo deja morir la legislatura española sabe que el escenario tras unas generales puede ser aún peor para sus intereses, en caso de una victoria entre el PP y Cs, que abogan casi a diario por volver a aplicar el 155.

El mutismo exhibido este sábado es síntoma de que unos y otros necesitan ordenar las ideas hasta tomar una determinación sobre qué camino seguir. Cuando en cada manifestación que celebra el independentismo el grito que más se oye es el de unidad, quiere decir que la situación interna entre los Esquerra y PDeCAT es muy delicada. «Los intereses de partido siguen primando» sobre todo lo demás, señalaba ayer un dirigente secesionista. Por ello, más allá de dejar la legislatura española herida de muerte, la hoja de ruta secesionista brilla por su ausencia.

Todo lo que hicieron este sábado, 24 horas después de la bomba judicial, fue mover las redes sociales y poner en marcha dos campañas para internacionalizar su causa. En una, bajo la etiqueta de «Yo acuso», los líderes del soberanismo cargaron contra el Estado español. Con otro 'hashtag', «No pasarán», Torra y Puigdemont, entre otros, pedían el apoyo de los antifascistas del mundo ante el comienzo de los juicios del 1-O.

Ideas y corrientes

La campaña tuvo su impacto en la red. Pero eso no es lo que el independentismo de base pedía el viernes en Lledoners. La protesta frente a la prisión, donde están ingresados Oriol Junqueras, Jordi Sànchez, Jordi Cuixart, Raül Romeva, Joaquim Forn, Josep Rull y Jord Turull, se convirtió en un enorme 'brainstorming' colectivo en el que se escuchó casi de todo: pasar a la acción, desobediencia civil, huelga general, movilización permanente, abrir las prisiones y liberar a los presos a la brava, ni un paso atrás, república ya y un largo etcétera.

Hay tantas propuestas como corrientes tiene el secesionismo. Lo que está sobre la mesa es una gran movilización en Europa y la posibilidad de que los diputados de ERC y PDeCAT abandonen sus escaños en el Congreso para hacer ver que no hay nada que hablar con Madrid. Algunos de los ideólogos del movimiento secesionista como Salvador Cardús o Pilar Rahola ya lo defienden en público. Un candidato independentista a la alcaldía de Barcelona, que calificaba todas estas iniciativas de fuegos de artificio, apostaba hoy en cambio por convocar elecciones, volver a contar el número de escaños que están por la ruptura real y a partir de ahí lanzar un nuevo desafío al Estado como el de octubre del año pasado.

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