Sánchez e Iglesias ahondan su enfrentamiento y ponen en peligro la colaboración tras el 10-N

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias./
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

El líder de Podemos dice que se arrepiente de haber creído que el secretario general del PSOE era sincero al ofrecer una coalición

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

El martes 10 de septiembre, cuando los equipos negociadores del PSOE y Unidas Podemos certificaron que no merecía la pena seguir reuniéndose si ninguna de las dos partes estaba dispuesta a renunciar a su postura sobre la fórmula del Gobierno, la vicesecretaria general de los socialistas, Adriana Lastra, y el secretario de acción política de los morados, Pablo Echenique, quisieron hacer hincapié en el buen tono en el que se había producido la ruptura. Poco más de una semana después, el enfrentamiento público entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se ha intensificado tanto, que se hace difícil pensar en que tras el 10 de noviembre sean capaces de recomponer la relación.

La mayor estocada la dio, en realidad, el líder del PSOE con su afirmación de que de haber aceptado entregar a Podemos ministerios como el de Hacienda y la responsabilidad de gestionar la Seguridad Social ahora «no podría dormir por la noche», como, llegó a decir, «el 95% de los españoles». Pero Iglesias replicó hoy en Antena3 acusándole de no haber sido jamás sincero y de faltar al respeto a gente que ya está sufriendo mucho, entre otras cosas, por el hecho de que no haya aún en España un Ejecutivo en plenas facultades. «Un presidente del Gobierno que está en funciones y no duerme bien puede cambiar el colchón de la Moncloa todas las veces que quiera», dijo en contraposición a las penurias de miles de personas corrientes.

Entre las cuestiones que tendrán que esperar por la repetición de elecciones están dos de las promesas del PSOE negociadas en su momento con Podemos, la subida de las pensiones conforme al IPC y el aumento del Salario Mínimo Interprofesional para 2020. Los socialistas sostienen que están a tiempo de aprobarlas antes de que acabe el año si, como esperan, obtienen una mayoría «aun más clara» que la del 28 de abril. Pero no hay ninguna garantía de que vaya a ser así.

Iglesias acusó a Sánchez de haber puesto cuestiones como esa en riesgo simplemente por su deseo de «acaparar todo el poder para dormir bien». «Pedro me mintió –insistió–, me dijo antes y después de las elecciones generales que haríamos un Gobierno de coalición y yo confié en él. Si cometí un error fue confiar en su palabra«.

Con estos mimbres, el entendimiento futuro entre las dos fuerzas de la izquierda se complica. Hoy por hoy, sin embargo, todos los sondeos indican que quizá su acuerdo sea imprescindible tras la repetición electoral porque, aunque el PSOE crezca, seguirá quedando muy lejos de la mayoría absoluta; Ciudadanos, que caería mucho, sigue vetando a Sánchez, y Podemos se desinfla pero no de manera catastrófica (a la espera de lo que pueda hacer Íñigo Errejón).

«Seguridad y confianza»

En la cabeza de muchos socialistas aún resuenan las palabras que pronunció Iglesias durante la primera jornada del debate de la investidura fallida de julio: «Si ustedes, por cerrazón, no hacen una coalición con nosotros proporcional a los votos, temo que usted no será presidente nunca». En el entorno de Sánchez aseguran, sin embargo, que él afronta el escenario postelectoral «con absoluta seguridad y confianza». Cree que crecerán a costa de Podemos, pero sobre de todo de Ciudadanos.

La portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, por si acaso rebatió, en su comparecencia habitual tras el Consejo de Ministros, los reproches de Iglesias y trató de hacer pedagogía sobre la postura del PSOE. De un lado, rechazó que el líder de su partido se excediera con su comentario punzante en la entrevista del jueves por la noche en La Sexta, con la que cuestionó la capacidad de gestión y confiabilidad de los dirigentes de Podemos. Por otro, negó que mintiera a Iglesias al ofrecerle en julio un Ejecutivo de coalición. «Lo dijo –enfatizó– de manera clara y subrayada».

«Se les ofreció Sanidad, Igualdad, Cultura... Se les ofreció un Gobierno de coalición y dijeron que no. Se puede hacer la pregunta de por qué en septiembre no se ofreció lo de julio, pero planteémoslo a la inversa –dijo–: Si uno no valora (en julio) lo que tiene, tratándose del Gobierno de España, cómo puede pretender ser depositario de la confianza para gestionar».

Celaá argumentó además que el Ejecutivo «comparte el estado de ánimo de la ciudadanía» sobre la repetición electoral pero llamó a «no caer en el bucle de la melancolía». «Este país es fuerte, vigoroso y sabe salir de circunstancias más complicadas que estas en las que nos encontramos», adujo.