El PSOE dirige la mirada a PP y Ciudadanos a una semana de la investidura

La secretaria de Igualdad de la Ejecutiva Federal y vicepresidenta del Gobierno en funciones, Carmen Calvo. /Ep
La secretaria de Igualdad de la Ejecutiva Federal y vicepresidenta del Gobierno en funciones, Carmen Calvo. / Ep

Apela de nuevo a «la responsabilidad de la derecha» ante las dificultades para llegar a un acuerdo con Podemos

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

A una semana del debate de investidura, los socialistas han vuelto la mirada hacia PP y Ciudadanos. Apelan a su «responsabilidad» porque también ellos, en palabra de la vicepresidenta Carmen Calvo, tienen que arrimar el hombro para que «el sistema funcione». El PSOE apuesta por explorar de nuevo la vía de la abstención de populares y liberales una vez que ha comprobado que el acuerdo con Unidas Podemos se aleja cada día más.

Segundo intento en septiembre o repetición de las elecciones. Son las alternativas a una investidura fallida de Pedro Sánchez el 23 y 25 de julio. El candidato socialista no tira la toalla pero en su partido reconocen que las negociaciones con Pablo Iglesias han entrado en una fase de difícil reconducción tras la consulta interna de los inscritos de Podemos.

Sánchez ha pedido la colaboración de PP y Ciudadanos, sobre todo del segundo, desde el día siguiente a las elecciones generales y ha escuchado sonoras negativas, en especial de los liberales que, en teoría, deberían ser los más proclives a dar ese paso por su alegada posición centrista y regeneracionista.

«Todo el mundo tiene que asumir su responsabilidad», reclamó este domingo la vicepresidenta del Gobierno en un mensaje directo a Pablo Casado y Albert Rivera. «No vale lo que les escucho a sus líderes. ¿No va con ellos servir a España? ¿No va con ellos que el sistema funcione?», inquirió Carmen Calvo.

El ministro de Agricultura, Luis Planas, se sumó a la ofensiva y pidió la colaboración de populares y liberales porque la estabilidad del sistema es «tarea de todos, no solo del PSOE». Abstenerse «no es dar un cheque en blanco», apostilló el secretario de Estado para la Unión Europea, Luis Marco Aguiriano. Los socialistas recuerda a ambas formaciones que ellos se abstuvieron por la mentada responsabilidad en la investidura de Rajoy en octubre de 2016, aunque Sánchez y 16 diputados del PSOE no lo hicieran.

Un voto en blanco de PP y Ciudadanos podría permitir la investidura de Sánchez en la segunda votación aún en el supuesto de que Unidas Podemos votara en contra. Sería un tanto surrealista porque supondría que el candidato socialista lograría la reelección con el único apoyo de sus 123 diputados y quizá algún otro de fuerzas nacionalistas, mientras el resto de la Cámara se abstendría, con la excepción de Vox y el partido de Iglesias. Pero los socialistas están dispuestos a moverse en todos los escenarios.

Sánchez, a pesar de su enfado con Iglesias, tampoco descarta que las conversaciones con su interlocutor den un giro. Está convencido de que la alianza con Unidas Podemos, siempre que se cumplan sus condiciones, es la mejor opción. La vicepresidenta señaló que el documento que ha presentado el candidato socialista como base de la negociación, que no es más que una síntesis del programa electoral del PSOE con algún añadido, no es intocable, «se puede perfeccionar y modificar».

Calvo soslayaba así el principal escollo de las negociaciones, que no es otro que gobierno de coalición con presencia de Podemos y su líder en el Consejo de Ministros, o gobierno de cooperación con participación de miembros de perfil técnico del partido morado. Para la número dos del Ejecutivo, «los contenidos es lo que realmente importa». Iglesias no piensa lo mismo, porque sin restar valor a las cuestiones programáticas prima la incorporación al Gobierno sobre otros aspectos.

Repetición de elecciones

Sánchez y el PSOE siguen empeñados en lograr la investidura en julio porque consideran que septiembre el escenario no va a variar y dos meses de parálisis son del todo desaconsejables. Además una segunda oportunidad no es obligatoria porque depende de la voluntad del Rey designar al candidato. La encomienda de Felipe VI a Sánchez es para esta investidura, no es vitalicia, y si en septiembre el panorama político es el mismo puede resolver que no tiene sentido otro intento. De ser así, las elecciones serían el 10 de noviembre.

Un escenario en el que los socialistas ven elementos a favor, pero también muchos riesgos. Es factible, o eso dicen los sondeos, que el PSOE mejore algo su representación parlamentaria, pero no es seguro porque la movilización de su electorado no será la misma que el 28 de abril, cuando el temor a la irrupción de la extrema derecha con Vox fue un catalizador para el voto socialista. Esa inquietud ha menguado mucho.

Además, si se produce la mejoría sería a costa de Unidas Podemos con lo que el bloque de la izquierda se quedaría más o menos como está ahora. El PP, en cambio, sí que puede salir reforzado de unas nuevas elecciones porque todo apunta a que recogerá votos que se fugaron al partido de Santiago Abascal, y también de Ciudadanos, cuyo juego en las negociaciones de la derecha no convence en los ambientes conservadores.

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