Un beso sin gracia en Santiago

El vándalo que pintó una figura de la catedral compostelana con símbolos del grupo Kiss se expone a una multa de hasta 150.000 euros

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Hace apenas diez días, los compostelanos estaban de enhorabuena: después de 50.000 horas de restauración volvió a lucir con todo su esplendor el Pórtico de la Gloria, el símbolo de la Catedral de Santiago. Ayer, sin embargo, se levantaron asombrados y enfadados al comprobar que el monumento más importante de la ciudad había sido víctima de una broma de mal gusto. Una de las figuras apostólicas de la fachada de las Platerías apareció con un bigote pintado, sombra en los ojos y a su lado, la palabra Kiss. Un vándalo quiso convertir la escultura en uno de los miembros del grupo musical, pero la broma le puede salir muy cara.

El consejero de Cultura de la Xunta de Galicia, Román Rodríguez, recordó ayer que el maleducado artista se expone a una multa de entre 6.000 y 150.000 euros y la Policía se ha puesto a revisar todas las videocámaras del contorno de la basílica para cazarlo. «No podemos tolerar este tipo de actuaciones, que atentan contra nuestro patrimonio», declaró el alcalde de Santiago, Martiño Ortega.

Los expertos son optimistas y creen que la restauración de la obra será sencilla, ya que tras los trabajos en el Pórtico de la Gloria, la Catedral cuenta con máquinas de rayos láser que permitirán borrar los estragos y devolver su imagen anterior a la figura, que está situada sobre una columna de mármol, tiene 900 años y data de la época en la que el arzobispo Xelmírez estaba al frente de la Diócesis de Santiago.

No es la primera vez que el patrimonio cultural sufre las consecuencias del vandalismo, la imprudencia o la locura de los seres humanos. En septiembre de 2002, un estudiante borracho rompió un brazo de la figura de Cibeles en la popular fuente de la capital de España. Allí donde el Real Madrid celebra sus títulos se subió un grupo de universitarios, que se llevaron como regalo la mano de la diosa y tres días después la depositaron en un contenedor. En el juicio dijeron que todo fue una «chiquillada» y todos quedaron absueltos menos el principal acusado, al que le multaron con 27.158 euros.

En mayo de 2016, a un joven de 24 años no se le ocurrió mejor idea, para llevarse el selfi más espectacular, que subirse a la estatua del rey Sebastián I en la Estación de Rossio de Lisboa. Su atrevimiento tuvo castigo: la figura, que tenía 126 años de antigüedad, se cayó y se rompió al golpearse contra el suelo. Algo parecido le ocurrió en Oporto a unos turistas españoles, que derribaron la emblemática estatua del vendedor de periódicos de la Plaza de la Libertad cuando querían hacerse una autofoto.

En Italia, el país con el mayor número de lugares considerados Patrimonio de la Humanidad, están acostumbrados a reparar los destrozos que sufren sus esculturas, pero también saben que algunas situaciones son difíciles de prever. En 1991, un perturbado destrozó a martillazos el pie izquierdo del 'David' de Miguel Ángel en la Galería de la Academia de Florencia.

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