Pepu Hernández, un entrenador de equipo

Pepu Hernández, un entrenador de equipo

La selección española de baloncesto logró su mayor triunfo con el madrileño, quien luego fue despedido

Ander Azpiroz
ANDER AZPIROZMadrid

Su nombre es José Vicente Hernández (Madrid, 1958). No obstante, de cara al público, sobre todo para los amantes del baloncesto, se le conoce como 'Pepu'. Entrenador de baloncesto, llevó a la selección española a lo más alto del podio en el Mundial de Japón de 2006. A su favor jugó contar con una plantilla de las pocas que ha existido y, probablemente, podrán repetirse en la historia del deporte de la canasta: Pau y Marc Gasol, Juan Carlos Navarro, Felipe Reyes, Rudy Fernández, Sergio Rodríguez, Felipe Reyes... En su contra tuvo la lesión de Pau Gasol en las semifinales y la muerte de su padre la noche antes, algo que ocultó a sus jugadores hasta poco antes de subir al podio en la final contra Grecia. Pepu lloró de emoción por alegría y por dolor aquel día.

Aquellos integrantes de la primera selección española campeona del mundo destacaron siempre la calidad humana de aquel hombre y su capacidad para el equilibrio. El madrileño tenía mano izquierda y mano derecha para todos. Quería el balance entre la diversión, el trabajo y el descanso a partes iguales, según les inculcó en una concentración en la que espabiló a un desnortado Marc Gasol y le recuperó para el baloncesto.

Aquel podio en lo más alto del remoto país asiático colocó al baloncesto español en un pedestal que aún se idolatra, pero del que Pepu se descolgó por cuestiones extradeportivas a las primeras de cambio. «Os voy a decir una palabra. Y escuchadla bien, porque va a ser una palabra muy importante: BA-LON-CES-TO», esculpió como discurso ganador en Madrid y meses después se habló de todo menos de canastas. Su enemistad con el expresidente de la Federación Española de Baloncesto, José Luis Sáez, desencadenó una desttitución que los enamorados del baloncesto, más de una década después, aún no han logrado entender más allá de una lucha por tener el control. Eso sí, aquel chaval que había dirigido como entrenador desde los 15 años dejaba su cargo como seleccionador como campeón del mundo en Japón en 2006, subcampeón de Europa de 2007 y con la clasificación conseguida para los Juegos Olímpicos de Pekín 2008.

Fuera uno u otro el responsable, la cosa acabó como el 'rosario de la Aurora'. Hernández y Sáez peleaban porque la selección se había convertido en la 'gallina de los huevos de oro' y la preparación en una maratoniana ruta por España para recoger beneficios que apenas dejaba tiempo para los entrenamientos. El seleccionador que logró levantar el título de campeón del mundo, salió poco después por la puerta de atrás. El motivo fue, se adujo, cobrar dinero al margen de los estipulado en su contrato. «Ha utilizado los contactos de la federación para obtener beneficios económicos», denunció Sáez. «He tenido que escuchar cosas muy duras y ahora tengo que defender mi dignidad», respondió Pepu Hernández.

Tras abandonar la selección, la carrera deportiva de Pepu Hernández ha sido discreta. Volvió de nuevo al Estudiantes, su equipo de siempre, pero sin lo que se puede definir como éxito. No pudo repetir su presencia en las finales con su capacidad para innovar. Fue despedido con el equipo en el último de la clasificación y entre los aficionados se hablaba de que había perdido la mano dura con la que había enderezado al equipo en otros tiempos. Tampoco su posterior paso por el Joventut de Badalona, club de similar discurso, mejoró su carrera.

Al margen de resultados, Pepu ha demostrado que lleva el baloncesto en la sangre. Hace dos años acudió a presenciar el partido de dos de sus hijas en categoría infantil. La entrenadora del equipo no pudo asistir por enfermedad y, antes de que se cancelara el encuentro, el seleccionador nacional bajó de la grada y se sentó en el banquillo, con su licencia de entrenador nacional en la mano. Dirigió un equipo al que nunca había entrenado con las mismas directrices de siempre.

Palabra y balores

Una de las principales cualidades de Pepu Hernández dentro y fuera de las pistas fue siempre su capacidad para transmitir. De verbo fácil, incluso se planteó ser escritor. Él, que había comenzado a estudiar Ciencias de la Información y que fue becario en la cadena SER, apuntó su carrera en torno a la fuerza de su discurso hasta que su palabra se quedó para la pizarra de la canasta.

En todos sus mensajes siempre se transmitieron los valores del instituto madrileño Ramiro de Maeztu, que además de ser cuna del Estudiantes -el mismo equipo en el que jugó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez- alberga unas aulas que animan al debate político y a la discusión. Allí, aprendió a fraguar sus principios. Y con el balón de baloncesto, la solidaridad y el trabajo en equipo. Ahora, le toca ganar otro partido.

Los banquillos de la política

Se da la circunstancia de que Javier Imbroda, también seleccionador de baloncesto anteriormente, ha entrado en la política de manera activa recientemente. De hecho, es el nuevo consejero andaluz de Educación y Deportes gracias a su vinculación con Ciudadanos, en cuyas listas por Málaga se presentó como independiente.

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