El guardián del valle de los muertos

Santiago Cantera Montenegro, Prior de la Abadia del la Santa Cruz del Valle de los Caídos./Alberto Ferreras
Santiago Cantera Montenegro, Prior de la Abadia del la Santa Cruz del Valle de los Caídos. / Alberto Ferreras

De moral rígida y conservadora, Santiago Cantera ha sublevado a la izquierda y metido en un lío a la jerarquía católica | Rompió con su novia para vestir los hábitos

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUAMadrid

La sola mención de su nombre produce urticaria entre los descendientes de los presos políticos del franquismo. El blanco de las iras se llama Santiago Cantera, prior de la abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, en cuya basílica yacen 33.833 muertos. Ahora ha puesto la enésima traba para la exhumación de Franco, después de comunicar por escrito al Gobierno que no permitirá el acceso de los operarios a la basílica donde está la tumba del dictador. El monje benedictino argumenta que no existe un acuerdo con la familia Franco para el traslado de los restos. Pero desde el Gobierno no se da crédito alguno a esta justificación, que se tacha de mera excusa.

Santiago Cantera ha incomodado a todos, ha sublevado a la izquierda parlamentaria y puesto en un brete a la jerarquía católica. Con su negativa a obedecer al juez, primero, y su desaire después al Senado, donde se negó a comparecer invocando su condición de sacerdote, resucitó viejos demonios. Su rebeldía reavivó de repente la identificación de la Iglesia católica con el bando de los vencedores de la Guerra Civil. El prior ha rectificado después de que el presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, desautorizara su conducta. «El responsable es Patrimonio Nacional. Si la autoridad se lo dice al prior del Valle de los Caídos, el prior no se puede negar a recibir ni a sacar los restos».

«Gloriosa Cruzada»

En el Valle de los Caídos, monumento venerado por los admiradores de Franco, yacen los cadáveres de José Antonio Primo de Rivera y del dictador, así como miles de muertos republicanos y nacionales. Toda una bomba de relojería que el prior ha manejado con torpeza. Desde los años cincuenta los benedictinos gobiernan la basílica.

En los ambientes eclesiásticos de Madrid se dice que Santiago Cantera, de 46 años, se ha atrincherado en el monasterio y actuado por libre. El monje hizo un desplante en marzo de 2018 a los miembros de la Comisión de Justicia del Senado. Sus señorías le demandaban explicaciones sobre su negativa a desenterrar los huesos de dos anarquistas, tal y como ordenó un juzgado. Se trata de los hermanos Antonio y Manuel Lapeña, creadores de la CNT en su pueblo natal, Villaroya de la Sierra (Zaragoza) y fusilados en 1936.

Reputado medievalista

Y ¿quién es Santiago Cantera, que estos días guardaba mutismo porque la comunidad se encontraba de ejercicios espirituales? El monje es un reputado historiador medievalista de ademanes delicados, bajo los cuales esconde una moral rígida y un pensamiento político conservador. En una de sus homilías arremetió contra el atuendo de algunos fieles cuando van a comulgar. «Al sacerdote muchas veces se le plantea la duda de dar o no dar la comunión a una persona, tanto hombre como mujer, que se acerca vestida casi como si fuera a la playa», dijo ante el púlpito.

Ganas le dan al religioso de negar el sacramento a los creyentes poco pudorosos. Si al final hace la vista gorda es porque se apiada de esas gentes que, pese a su «ignorancia», pueden «estar en gracia de Dios». «Deberíamos ser conscientes de que vamos a recibir a Dios mismo y que, por lo tanto, deberíamos evitar ciertos vestidos que muchas veces son más bien desvestidos», dijo en 2017 en vísperas de que llegara el verano.

Al estilo de Antonio María Rouco Varela, expresidente de la jerarquía católica, el benedictino deplora que los españoles abjuren del amor a España. «Hoy a algunos les produce escalofrío pensar en la relación entre España y la fe en Cristo, por rechazo a ambas o a una de las dos».

Pese a su verbo fustigador, Santiago Cantera no es ni mucho menos un cura montaraz. Es un monje culto, especializado en Historia Medieval, un intelectual que ha escrito unos 18 libros en los que aborda la cristianización de Europa, la doctrina social de la Iglesia católica, la filosofía de las civilizaciones y asuntos mariológicos, entre otras cosas.

Nacido en Madrid, se hizo doctor en la Universidad para luego ejercer de profesor en la San Pablo-CEU. Un periodista que le conoce le describe como un «hombre comprensivo, cercano, humilde y que escucha. De formas suaves y de gran caridad».

Ingresó en el monasterio con treinta años, cuando aún era profesor en la Universidad San Pablo-CEU de Madrid. La docencia le gustaba, le agradada el trato con los alumnos y sus colegas, pero el sacerdocio tiraba mucho de él. Rompió con una novia para vestir los hábitos. «Tenía todo lo que me cabía desear y podía pensar en casarme, pues el matrimonio y los hijos me atraían mucho y era una vocación a la que estaba abierto», declaraba en una entrevista concedida a la agencia religiosa Zenit.

Desde 2014 desempeña el cargo de prior de la comunidad benedictina del Valle de los Caídos, aunque sus compañeros no le hicieron abad, un cargo de rango superior, al no reunir el suficiente consenso. Este periódico se puso en contacto con el monje, quien rechazó hacer declaraciones. Antes de la polémica lamentaba que los españoles siguieran enfrascados en «venganzas del pasado» y no quisieran «comprender el sentido de la reconciliación» que representa el monumento.

Sus detractores le reprochan que defienda unas ideas que destilan resabios del nacional-catolicismo. Tampoco ayuda el hecho de que el 20 de noviembre celebrara los funerales por el alma de José Antonio Primo de Rivera y Franco. También fue Cantera quien ofició la misa por la muerte de Carmen Franco, hija del general, en el tanatorio de Carabanchel (Madrid).

Una persona que frecuenta la basílica y que prefiere permanecer en el anonimato alega que hay que ponerse en la piel de Cantera y sus colegas benedictinos. «Tienen miedo de desaparecer; además se sienten perseguidos». Ese sentimiento de persecución está muy presente en la mente del prior, que en sus sermones denuncia sin tapujos la existencia de una «cristianofobia».

En la Fundación Francisco Franco tienen una buena opinión de Santiago Cantera. No en vano algunos dirigentes de la organización han mantenido algún encuentro en el pasado con el benedictino. «Está abierto a todos. Nosotros hablamos con él porque allí está Franco», dicen.

33.833 muertos de los dos bandos

El Valle de los Caídos, a pocos kilómetros de El Escorial (Madrid), se construyó entre 1940 y 1958. Franco ordenó su creación para conmemorar la «gloriosa Cruzada». El conjunto monumental está situado en Cuelgamuros. En el interior están enterrados 33.833 muertos de los dos bandos. En 1959, Franco ordenó trasladar a los columbarios del Valle a los republicanos de la represión franquista. Unos 20.000 republicanos que fueron fusilados yacen en el lugar.

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