El comienzo de la pesadilla de Totalán, según el relato del padre del niño

El comienzo de la pesadilla de Totalán, según el relato del padre del niño

José Roselló contó con detalles el accidente que sufrió Julen después de tres días de búsqueda infructuosa

JUAN CANOMálaga

Habían pasado tres días desde que la tierra se tragó a Julen, un niño de dos años que cayó a un pozo mientras jugaba en el campo con su familia, en Totalán (Málaga), cuando su padre concedió una entrevista a Diario Sur en la que explicaba cómo sucedió todo.

Fueron varios los motivos que le llevaron a romper su silencio. Lo hizo, dijo entonces, para reclamar más medios en la búsqueda desesperada del pequeño, inédita en España y en el mundo por el diámetro del pozo al que cayó (25 centímetros). Pero también para salir al paso de los comentarios que tuvo que escuchar en algunos medios: «Mi hijo está aquí, que nadie lo ponga en duda. Ojalá fuese imposible que esté en el pozo, como he oído. Ojalá fuese yo el que estuviera enterrado ahí abajo, y que él estuviera aquí arriba, con su madre», declaró.

En la citada entrevista con SUR, contó cómo sucedió todo. «Habíamos ido a pasar un día de campo en una parcela del novio de mi prima, que inauguraba ese día (iba a empezar las obras). Estaban ellos, la hija, que también tiene dos años y medio (la misma edad que Julen), mi mujer, el niño y yo», describe el padre.

Al grupo se iban a sumar otros dos primos y un par de amigos. «Estábamos preparando una paella. Yo estaba echando leña al fuego y mi mujer cogió el teléfono para avisar de que no iba al trabajo (en una hamburguesería de La Cala). Ella estaba con Julen y me pidió que yo le echara un ojo mientras llamaba. El crío estaba a cuatro o cinco metros. Yo fui a coger un par de troncos y el niño echó a correr», relataba el joven, que tiene 29 años, los mismos que su mujer.

Dice que, cuando se vino a dar cuenta, el chiquillo estaba a 10 o 15 metros. «Mi prima, que estaba más cerca, salió tras él y empezó a gritar '¡el niño, el niño!' temiendo que se tropezara». Ella, y también José, que venía detrás, vieron cómo el pequeño caía al pozo de prospección que el novio de su prima encargó hacer en diciembre para buscar agua en la parcela. «Está destrozada, imagínate. Vio cómo Julen caía de pie por el agujero, con los brazos hacia arriba. Yo llegué justo después. Aparté como pude las piedras [las que previamente se habían usado para tapar el agujero] y metí el brazo hasta el hombro, apoyando la cabeza contra el suelo, para tratar de alcanzarlo, porque no sabía la profundidad del pozo y creía que él estaba más cerca. Yo escuché llorar a mi hijo. Solo pude decirle: 'Estate tranquilo, papá está aquí y el hermanito [Óliver, fallecido en 2017, a la edad de tres años, por una muerte súbita] nos va a ayudar'». Tras esa primera reacción instintiva, José asegura que se puso a apartar las piedras para que no cayeran dentro del agujero y pudieran lastimar al menor.

Cuenta que a su prima y al novio los mandó «abajo» –del monte en el que estaban– para llamar al 112 y a los bomberos, pero que con los nervios ni atinaban. Una pareja de senderistas, a la que quiere dar las gracias por su ayuda, acudió segundos después al escuchar sus gritos y los ayudaron a avisar a los servicios de emergencias. «Vimos perfectamente cómo se caía por el agujero. Ella mejor que yo, porque estaba más cerca», sostiene José, que se queja amargamente de quiénes pusieron en duda la posibilidad de que el niño se deslizara por ese agujero imposible.

«No se pueden insinuar esas cosas, es muy duro. Soy el primero que, cuando ocurre un crimen o algo feo, lo repudio. Lo llego hasta a entender, pero cuando vean su error... Yo solo quiero a mi niño conmigo, ojalá lo tenga muy pronto. Y cuando lo tenga, se van a dar cuenta. No se debería especular con nada, pero con esto menos todavía», insistía José, quien añadió entonces: «Sé que soy un buen padre. He vivido para mis hijos, me he buscado la vida para comprarles sus 'hobbies', como las equipaciones de fútbol, buena ropita... Es algo que yo no he tenido, por eso quería que ellos vivieran mejor».

Respecto al pozo de prospección, José asegura que no sabía «ni que estaba ahí arriba». «Lo hizo [el novio de su prima, que se lo encargó a un pocero] a finales de diciembre. No se encontró agua. El pozo nunca ha estado sellado, como dice el pocero. Estaba tapado con unas piedras que le pusieron ellos. Él [la pareja de su prima] nos dijo que tuviéramos cuidado, sobre todo para que los niños no pisaran mal. Nadie quitó las piedras [inicialmente, se dijo que habían sido los niños], pero se ve que no estaban bien puestas y Julen pisó y se coló entre ellas. Es delgadito, pesa 11 kilos».

Sobre los medios que reclamaba en su entrevista, dijo: « No puede ser que el primer camión de bomberos que llegó no llevara ni cámara; tuvieron que meter un móvil. Se lo he dicho al delegado [Gómez de Celis] y se lo diré al presidente del Gobierno: no necesito 'tuits' ni mensajes en redes, necesito medios. Sé que es un caso complicadísimo, y que están teniendo que trabajar sin recursos, inventando y fabricando herramientas. Ojalá nadie más tenga que pasar por esto».

 

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