Casado y Rivera, empatados contra Sánchez

Casado y Rivera, empatados contra Sánchez
Virginia Carrasco
José María Calleja
JOSÉ MARÍA CALLEJA

Había implorado Pedro Sánchez a Casado y Rivera que, ¡por favor!, dejaran que empezara la legislatura con su abstención, aunque luego le pusieran a caldo durante los siguientes cuatro años.

Era una forma de decirles, si tengo que gobernar apoyado por lo que ustedes consideran 'lo peor' de España, será por su culpa, por no haberme dejado gobernar, aunque sea en minoría.

Casado no ha hecho el menor caso a esa propuesta y se ha aferrado a la agenda del apoyo a Sánchez de los independentistas y simpatizantes etarras y le ha reprochado que no haya hecho la menor referencia a Cataluña, lo que le impedía atacarle por ese flanco.

Llamaba la atención ver a Casado sin ocupar todo el 'quesito' del hemiciclo que antaño ocupaba su partido, cuando Rajoy era el más votado de largo. Casado ha establecido la equivalencia Sánchez igual a ruptura de España y , por tanto, voto no.

Rivera ha ido más allá, y ha hablado de «la banda de Sánchez» que pacta contenidos inconfesables en «la habitación del pánico». Ha sido Rivera, incluso más reiterativo que de costumbre. Parecía que sufría una especie de tirantez de concepto o sequía argumental. En bucle. Ha hecho Rivera un ataque monotemático a Sánchez, personal sin casi. En sus intervenciones resultaba difícil no pensar en la fuga de socios fundadores y cuadros de su propio partido, aunque él reivindicase a Ciudadanos como el partido en el que acaban los valientes.

Si había una segunda lectura, establecer quién lidera la oposición, si Casado o Rivera, no creo que esa disputa haya quedado saldada en esta primera sesión. La idea compartida por ambos es el ataque frontal a Sánchez. Si finalmente la legislatura echa a andar, tendrán ocasión de reivindicarse. De momento, aparecen empatados en su rechazo a Sánchez, quizás más gesticulante el de Rivera.