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La triste historia de León: Ulibarri, 'El Patatero', Rinconete, Cortadillo y una amante

La 'operación Enredadera' pone al descubierto la parte más ruin de la clase política y empresarial leonesa, una mezcla de ambición y soberbia hasta alcanzar el despropósito

Rinconete y Cortadillo en una ilustración de Decrépito./
Rinconete y Cortadillo en una ilustración de Decrépito.
J. CALVOLeón

La 'operación Enredadera' podría entenderse como una mala serie de humor británico atendiendo a la 'calidad' de algunos de sus personajes.

Podría ser así salvo por el dramatismo de sus consecuencias, por la impunidad con la que todos los salpicados actuaban, por su frivolidad y desconsideración, por el insulto permanente a la sociedad a la que han pisoteado sin escrúpulos.

Al menos, y eso es evidente, las grabaciones realizadas durante dos largos años por la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) han servido para desenmascarar a quienes por acción y por omisión permitieron y alimentaron el crecimiento de esta vomitiva enredadera.

En el tronco de esta planta trepadora, cargada en unas ocasiones de corruptelas y en otras de delirantes amaños políticos, emerge sin discusión la figura de José Luis Ulibarri. El empresario, propietario de media docena de periódicos (con el Diario de León a la cabeza), emisoras de radio y la mitad de la Televisión de Castilla y León, convirtió a la prensa en su guardia pretoriana.

En ocasiones sus medios, aquellos con los que convocaba a la sociedad civil para seguir tejiendo redes, servían como elemento propagandístico, en otros momentos actuaban como sicarios. Sicarios, sí, sin contemplaciones.

No es de extrañar por tanto que Ulibarri se asociara con otro personaje que por su alias podía haber sido extraído de una novela, 'El Patatero'. Es cierto, para determinados negocios se precisan 'elementos' con este perfil: fanfarrones, crecidos, descarados, sofocantes, capaces de hacer un rascacielos y de robar una cartera.

Pero nada le habría sido posible a Ulibarri y 'El Patatero' sin la complicidad de una clase política llena de debilidades, mísera, poco hecha, rendida a las primeras de cambio y capaz de entregarse por una foto y un bocadillo de filetes de pollo.

La política leonesa, en general, invita a la vergüenza y el desprecio. Salvo honrosas y milagrosas excepciones, todo lo que desprende es vomitivo y no importa el partido al que pertenezcan. Ninguno de cuantos aparecen en el sumario tiene disculpa, por mucho que se las quiera inventar. La lectura de los 8.000 folios del sumario evidencia que los leoneses, todos, tienen una representación política de lo más variopinta: los hay que llaman al empresario por temor, para venderle un favor, quienes se arrodillan hasta ser azotados, los que atemorizados prometen lo que no tienen, hay políticos capaces de saltarse toda legalidad para evitar una bronca del empresario, o quienes sin desnudarse se han bajado los pantalones simplemente para no verse cuestionados en una portada de un periódico. Todos, sin excepción, son una vergüenza moral, social y política. Pura mugre.

Claro que, a la 'Enredadera' le faltaba una parte de sainete. Y quizá por eso tiene que haber personajes como Sadat Maraña y Juan Carlos Fernández, 'Rinconete y Cortadillo', dos frívolos aprendices de pícaro que no le llegan a la suela del zapato a cualquier ciudadano de esta tierra. Uno, corto y plomizo; el otro, casposo, un sonámbulo marcado por aspiraciones imposibles.

Entre ellos se repartían sus miserias, cobrando de aquí y de allí, rapiñando de este de aquel, entretenidos divagando en las 'cenas del mal' (como ellos las denominaban) junto con la amante de 'El Patatero'. Y allí, en la mesa, se creían los dueños del mundo.

Debería entregarse el sumario como fascímil a todos los leoneses, para que así vieran qué tipos manejan sus bienes y cuidan de su destino, para que conocieran en qué elementos se sustenta una parte tan esencial de la sociedad como la clase empresarial y la política. Sería un buen experimento que todos los leoneses tuvieran en su mesilla esta novela salpicada por truhanes, ilusos, ladrones, ladronzuelos y ratas de alcantarilla, una larga lista de ratas de alcantarilla.

Claro que de ser así el resultado sería lo que hoy es la 'Enredadera': una enorme pesadilla que a todos -menos a los propios implicados- abochorna.

 

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