La UE despacha a May con apoyo político

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, saluda a la primera ministra británica, Theresa May, en la cumbre de Bruselas./Reuters
El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, saluda a la primera ministra británica, Theresa May, en la cumbre de Bruselas. / Reuters

Los líderes le piden que concrete cómo quiere las relaciones de futuro mientras aceleran los planes de contingencia ante un divorcio sin acuerdo

SALVADOR ARROYOCorresponsal. Bruselas

Los jefes de Estado y de gobierno de los Veintisiete no ofrecieron ayer a Theresa May más garantías que su voluntad de mantener que el 'backstop' o solución de emergencia siempre será una última opción que no quieren ejecutar. La emplazaron a concretar por dónde quiere que caminen las relaciones futuras con la UE para evitar llegar a diciembre de 2020 sin un acuerdo de futuro sellado. Y que si ese fuera el escenario, la polémica solución de respaldo irlandesa «sería siempre temporal» poniendo el acento en que las negociaciones se intensificarían aún más. Todo ello se recoge en el documento de conclusiones que cerró la sesión extraordinaria del 'brexit' de ayer en el Consejo Europeo en torno a las doce de la noche. Conclusión: más de lo mismo. O sea, nada más. May solo consiguió palabras de apoyo político de sus colegas. De hecho, incluso Jean-Claude Juncker anunció que el día 19 se publicará todo el paquete de contingencia ante una retirada sin acuerdo.

Eso se llevó la 'premier' para intentar el asalto a Westminster y conseguir la ratificación parlamentaria de lo ya acordado sobre el 'rrexit'. Poco con lo que seducir. Si acaso, deberes: ese «¿cómo quieren que sea su relación futura con la UE?», que lanzó el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.

May había venido a Bruselas pidiendo «garantías políticas y legales» para diluir la interpretación que más enerva a los eurófobos de su partido conservador: que Reino Unido quedaría «atrapado» en una unión aduanera sine die. Por eso durante la noche se jugó otra carta en la reunión de líderes: la de la extensión del Artículo 50 (la base legal de la escisión). Más tiempo para un 'brexit' que genera ya hartazgo. La cláusula permite estirar el chicle y algunos presidentes como el rumano Klaus Iohannis (Rumanía cogerá el testigo de Austria en la presidencia temporal del club) ya lo habían advertido antes de sentarse a escuchar y decidir. Pero nada de nada.

Porque los 585 folios del Acuerdo de Salida, el único de los dos documentos jurídicamente vinculantes del pacto de divorcio, no se tocarán. Es un tratado laborioso que exigió más de 17 meses de negociaciones. Se firmó el 25 de noviembre y modificarlo es un salto al vacío de consecuencias impredecibles. No se hará. Primero, porque no garantizaría que May ablandase a los eurófobos de su partido («este es un problema británico-británico», incidieron fuentes diplomáticas). Y porque la sola mención de mover una coma de ese tratado molestaba (y mucho) a la mayoría de los socios -España, que no lo consiguió con Gibraltar, insistía ayer en que el agravio sería «inaceptable»-. Vamos, que, como dijo el presidente portugués, António Costa, sólo «una iluminación divina podría reabrir». Y ésta no llegó.

Lo más parecido fue una epifanía a propuesta del canciller austriaco, Sebastian Kurz. Apuntó directamente a hacer cambios en la declaración sobre la relación futura, un documento igualmente político, de buenas voluntades, cuya redacción también se firmó el 25 de noviembre. «En ese texto se podrían detallar y definir algunas cosas, ahí tenemos algo de margen que debemos aprovechar», invitó a sus colegas. Pero tampoco ahí hubo consenso.

El acuerdo no se toca

Kurz, como hicieron otros ministros y presidentes europeos, felicitó a May tras superar el mal trago que tuvo que pasar el miércoles. Estaba en Bruselas horas después de haber sobrevivido a la última estocada de sus compañeros de partido. Y fue franca al avanzar lo que esperaba de esta cita. Tras mantener una nueva bilateral con Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, descartó que fuera a recibir «garantías de forma inmediata» de sus colegas. El 'backstop' siempre ha estado ahí. Y ella sabe que solo se activaría si no se sella antes un pacto comercial Reino Unido-UE y nunca antes de dos a cuatro años, lo que dure la retirada transitoria. Solo consiguió el término «temporal» en el texto de conclusiones del Consejo.

El acuerdo de salida no se toca. Angela Merkel se lo planteó subrayando «la calidad» del arreglo. Emmanuel Macron la diría que «el marco jurídico y el acuerdo ya se negociaron». Y el holandés Mark Rutte optó por quitar hierro al 'backstop' («nadie en su sano juicio piensa en aplicarlo», aseveró). El luxemburgués Xavier Bettel protagonizó una de las anécdotas de la entrada. Coincidió con May en la alfombra roja. «Estás haciendo mi entrevista», bromeó May. «Les estoy diciendo que estamos aquí para ayudarte». Buen rollito, nada más.

La presidenta de Lituania, Dalia Grybauskaitè, dio con la clave en su reflexión en Twitter. Un mensaje con un árbol de Navidad de chocolate. Tras el hastag #Brexit escribió «Deseo de Navidad: decide finalmente qué es lo que quieres de verdad y Santa te lo enviará». Y el problema es que no lo sabe.

LOS PROTAGONISTAS

Angela Merkel - Canciller alemana.
«Podemos hablar sobre garantías adicionales pero no creo que podamos cambiar el acuerdo».
Sebastian Kurz - Canciller de Austria.
«En la declaración política tenemos algo de margen que debemos aprovechar».
Mark Rutte - 'Premier' holandés.
«Nadie en su sano juicio en la Unión Europea quiere activar la salvaguarda para Irlanda».

Porque los 585 folios del Acuerdo de Retirada, el único de los dos documentos jurídicamente vinculantes del pacto de divorcio no se tocará. Es un tratado laborioso que ha exigido más de 17 meses de negociaciones; se firmó el pasado 25 de noviembre (hace algo más de dos semanas) y modificarlo es un salto al vacío de consecuencias impredecibles. Primero, porque no garantizaría que May ablandase a los eurófobos de su partido («este es un problema británico-británico», incidieron fuentes diplomáticas). Y porque la sola mención de mover una coma de ese tratado molestaba (y mucho) a la mayoría de los socios -España, que no lo consiguió con Gibraltar, insistía este jueves en que el agravio sería «inaceptable»-. Vamos, que como dijo el presidente portugués António Costas, solo «una iluminación divina podría reabrir». Y ésta no llegó.

Lo más parecido fue una epifanía a propuesta del canciller austriaco, Sebastian Kurz. Apuntó directamente a hacer cambios en la declaración sobre la relación futura, un documento igualmente político, de buenas voluntades, cuya redacción también se firmó el pasado 25 de noviembre. «En ese texto se podrían detallar y definir algunas cosas, ahí tenemos algo de margen que debemos aprovechar», invitó a sus colegas horas antes de que arrancara la sesión sobre el Artículo 50 de este Consejo Europeo.

La última puerta

Kurz, como lo hicieron otros ministros y presidentes europeos, felicitó a May tras superar el mal trago que tuvo que pasar el miércoles. Estaba en Bruselas horas después de haber sobrevivido a la última estocada de sus compañeros de partido. En clave interna, la británica ratificó que no competirá por el liderazgo 'tory' en las elecciones de 2022 -uno de los movimientos más efectistas que tuvo que ejecutar el miércoles para conseguir superar la moción de confianza-.

Y en el asunto medular del cónclave de Bruselas, el 'brexit', fue franca en lo que se refiere a sus expectativas. Tras mantener una nueva bilateral con Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, aseguró que no esperaba recibir «garantías de forma inmediata» en esta cita.

Pedía «garantías» de que el 'backstop' irlandés nunca se va a llegar a ejecutar -ésta sería la ultima puerta hábil en el acuerdo del 'brexit' si no se sella antes un pacto comercial Reino Unido-Unión Europea, pero nunca se abriría antes de dos a cuatro años, lo que dure la retirada transitoria-. Ante la reiteración europea de que quería ayudarla para ganar en Westminster, ella replicó que «la mejor manera de hacerlo es garantizar que ese 'backstop' no va a ser permanente». Y sí recibió buenas palabras. Pero el Acuerdo de Salida no se toca.

Angela Merkel se lo planteó subrayando «la calidad» del arreglo. Emmanuel Macron la diría que «el marco jurídico y el acuerdo ya se negociaron». Y el holandés Mark Rutte optó por quitar hierro al 'backstop' («Nadie en su sano juicio piensa en aplicarlo», aseveró). Rutte fue comprensivo y el luxemburgués Xavier Bettel protagonizó una de las anécdotas de la entrada al coincidir con May en la alfombra roja ante los periodistas. Ambos se saludaron con afecto -«Estás haciendo mi entrevista», bromeó May-. «Les estoy diciendo que estamos aquí para ayudarte».

La otra anécdota llegó vía Twitter. La presidenta de Lituania, Dalia Grybauskaité. Esta prefirió dejar ahí su reflexión. Un mensaje con la imagen de un árbol de Navidad de chocolate. Tras el hastag #Brexit escribió «Deseo de Navidad: decide finalmente qué es lo que quieres de verdad y Santa te lo enviará».

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