Los laboristas prometen otro referéndum sin decidir su voto

Jeremy Corbyn./REUTERS
Jeremy Corbyn. / REUTERS

Jeremy Corbyn se inviste como profeta de la decisión del pueblo en una votación chapucera que rechazó por ahora la permanencia en la UE

ÍÑIGO GURUCHAGACorresponsal. Londres

El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, obtuvo una gran victoria en la conferencia anual por el apoyo aplastante de la moción sobre el 'brexit' que apoyaba su ambigüedad y el rechazo de la propuesta de que el partido adoptara desde ahora un compromiso con la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea. Los laboristas se presentarán en unas futuras elecciones como el partido que propone un segundo referéndum.

Aunque la votación a mano alzada creó amargura entre los partidarios de la permanencia y el preludio del voto exhibió la tensión entre facciones, la conferencia ha respaldado la estrategia de Corbyn: exigirá la convocatoria de elecciones una vez que el Parlamento bloquee la marcha sin acuerdo y, si forma Gobierno, negociará una estrecha relación con la UE que someterá a consulta con la alternativa de permanecer en la UE.

Los laboristas no se comprometerán en su programa electoral con la marcha o la permanencia. Numerosos miembros del partido creen que esa ambigüedad empuja a los partidarios de la permanencia a votar a los Liberal-Demócratas, que hace una semana se comprometieron con anular el proceso del 'brexit'. Los laboristas decidirán su posición en una conferencia especial de un día, en una fecha sin especificar después de las elecciones.

LA CLAVE:

Temor a la pérdida de seguidores.
Muchos partidarios de la UE miran hacia los Liberal-Demócratas y su promesa de anular el ''brexit''

Las negociaciones en la trastienda sobre las propuestas que se iban a someter a voto fueron tensas. La dirección pidió a los partidarios de adoptar la política de permanencia que retirasen su moción para no debilitar al líder. No la retiraron. La responsable de Exteriores, Emily Thornberry, se comprometió en su discurso a apoyar la moción rebelde y a hacer campaña por la permanencia en una segunda consulta.

Los oradores de una y otra facción que tomaron la palabra, elegidos a dedo por la presidenta de la asamblea, Wendy Nichols, reiteraron su adhesión a Corbyn para evitar que la votación fuese enmarcada como un voto sobre el liderazgo. En redes sociales, partidarios de Corbyn acusaban a los rebeldes de ser «neoliberales blairistas». El responsable laborista para el 'brexit', Keir Starmer, cerró el debate con ambigüedad medida para proseguir su empeño de llevar al partido hacia la opción de la permanencia.

Desorden

Antes de la votación, una delegada subió al estrado para señalar que, durante el discurso de Starmer, muchas personas habían entrado en la sala y estaban en pie en el fondo del centro de conferencias de Brighton, y que podrían votar sin ser delegados. La presidenta Nichols les pidió que se fueran y afirmó que solo se contarían los votos de asistentes sentados.

La ponencia de la Ejecutiva Nacional que contenía la estrategia oficialista fue decidida por correo electrónico, sin reunión de sus miembros, provocando críticas incluso de aliados de Corbyn. Fue respaldada por una gran mayoría de los delegados, porque los rebeldes no la veían incompatible con su ambición. Pero, cuando se votó su propuesta de adoptar la permanencia, el recuento a mano alzada provocó alarma.

Primero levantaron la mano los partidarios de la moción 13 y después los opuestos. Para observadores independientes, el 'no' pareció sumar más manos, pero Nichols, presidenta también del sindicato Unison, particularmente extendido entre empleados del sector público, dijo que había sido aprobada. La secretaria general del partido, Jennie Formby, que se sentaba a su derecha, le dijo que había sido rechazada. Nichols aceptó su opinión.

Delegados pidieron que se votase de nuevo con tarjetas, que acreditan la representación y se pueden contar más fácil. Nichols lo rechazó. «Si hubiese sido aprobada, lo diría», añadió como remate desaliñado de una presidencia serena y eficaz del debate anterior. Dominó el conato de tumulto y la sala ya pudo cantar el coro de hinchas de fútbol que celebra cada gesta de su líder: «¡Oh, Jeremy Corbyn! ¡Oh, Jeremy Corbyn!».