Grecia inicia «un nuevo capítulo» tras poner fin a ocho años de «pesadilla»

El primer ministro griego Alexis Tsipras./Efe
El primer ministro griego Alexis Tsipras. / Efe

Moscovici celebra que desde este lunes el país heleno es «libre para definir su política económica», aunque avisa de que Bruselas seguirá vigilante

Lucía Palacios
LUCÍA PALACIOSMadrid

Punto y final. O quizá sea mejor decir punto y seguido, porque el tercer y último programa de rescate de la economía de Grecia terminó oficialmente este lunes, pero sus consecuencias seguirán presentes en los próximos años en el país, principalmente en sus ciudadanos, que han sufrido el castigo de unos recortes sociales sin precedentes en la historia de la Unión Europea en las últimas décadas.

El Gobierno heleno vuelve a ser desde este lunes dueño y soberano del rumbo de su política económica e inicia una nueva etapa sin el férreo control al que le ha sometido Bruselas en los últimos ocho años y en la que tendrá que financiarse por sí misma en los mercados. Sin embargo, no hubo celebraciones, puesto que las heridas están aún sin curar y el futuro -al menos cercano- se vislumbra borroso. Así, en el corto plazo, el próximo año las pensiones sufrirán un nuevo recorte, el decimoséptimo. No es de extrañar, por tanto, que Theodoros Prassas, un jubilado, califique este periodo de «pesadilla, sobre todo para los empleados y los jubilados, que han visto cómo se reducían a la mitad sus ingresos».

Y es que hasta el propio comisario europeo para los Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici, admitió que han sido ocho años «dolorosos» y por eso celebró el fin del tercer rescate concedido al país, en este caso por el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), algo que a su juicio «marca el principio de un nuevo capítulo». Moscovici destacó que Grecia «es un país normal ahora, no vamos a controlar las medidas que adopte (…), es libre para definir su política económica». Así, dejó claro que «el tiempo de la austeridad terminó», pero advirtió que «el final del programa no es el final del camino de las reformas».

«Seguiremos al lado de Grecia, trabajaremos duro para que los sacrificios del pasado no sean en vano», aseguró el comisario francés, quien anunció que la primera misión comunitaria en el país tras el cierre del programa de asistencia tendrá lugar en la semana del 10 de septiembre. Porque la previsión es que el país siga sujeto a una estrecha vigilancia hasta 2022.

En esta línea se expresó también el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, que habló de «un momento importante para Grecia y Europa» y alabó la «solidaridad» demostrada por los socios europeos y la «valentía y determinación» con la que los griegos han afrontado todos los retos.

Un 25% menos de PIB

Tras Portugal, Irlanda, España y Chipre, Grecia era el último país de la zona euro que seguía bajo el programa de asistencia instaurado durante la crisis. En tres planes sucesivos (2010, 2012 y 2015), recibió 289.000 millones de euros en préstamos del FMI, la UE y el BCE. Pero a cambio tuvo que llevar a cabo duras reformas que le hicieron perder un cuarto de su PIB en ocho años, llevando el desempleo hasta el 27,5% en 2013.

«Esto ha tardado más de lo previsto, pero creo que ya está», dijo Mario Centeno, presidente del Eurogrupo, que se felicitó de que «por primera vez desde comienzos de 2010, Grecia se mantiene en pie por sí sola».

Efectivamente, la mejora de los indicadores económicos confirma que, si bien queda mucho por hacer, los esfuerzos realizados ya están logrando beneficios tangibles, tal y como resalta la Comisión Europea. El crecimiento económico se ha recuperado desde el -5,5% en 2010 hasta el 1,4% en 2017 y se espera que se mantenga en torno al 2% en 2018 y 2019. De igual manera, el saldo presupuestario ha pasado de un déficit masivo del 15,1% en 2009 a un superávit del 0,8% en 2017. Y, aunque el desempleo sigue siendo inaceptablemente elevado (el mayor de toda la UE), bajó a un 19,5% en mayo de 2018, alcanzando un nivel inferior al 20% por primera vez desde septiembre de 2011.

Ahora queda que esta mejoría de los datos macroeconómicos se traslade también a la vida cotidiana de los habitantes.

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