Bélgica se enfrenta a otro gobierno imposible

El rey Felipe de Bélgica (i) tras recibir al presidente del partido de extrema derecha belga Vlaams Belang. /Efe
El rey Felipe de Bélgica (i) tras recibir al presidente del partido de extrema derecha belga Vlaams Belang. / Efe

El Rey encarga a dos mediadores levantar puentes para salvar la profunda división política que dejaron las últimas elecciones

Salvador Arroyo
SALVADOR ARROYOCorresponsal en Bruselas (Bélgica)

El Rey Felipe de los belgas ya tiene 'informador', como se conoce en el país a los encargados de construir un gobierno. Mejor dicho, informadores. Y ninguno representa a los partidos más votados. El jueves de la Ascensión, jornada festiva en este país, se desvelaba que el viceprimer ministro valón Didier Reynders de los reformistas del Movimiento Reformador (MR -cuarto en escaños-) y el ex viceprimer ministro socialista flamenco Johan Vande Lanotte, del Partido Socialista-Didefente (Sp.a -noveno-) son los elegidos por la Casa Real para sondear a las doce formaciones políticas que han obtenido representación en las elecciones del pasado domingo. El objetivo: encontrar una fórmula de contrapesos que permita dar con un Ejecutivo federal que hoy parece imposible.

La elección dual y el hecho de que ninguno de esos mediadores represente a los ganadores de esos comicios (aunque forman parte de las familias con más peso, los liberales y los socialistas) ha sorprendido en un país que se despertó el lunes con la fractura política más honda de su historia: con un norte flamenco entregado a la derecha y la ultraderecha, ambas independentistas, y un sur francófono, de izquierdas. Las diferencias ideológicas norte-sur no son nuevas. Pero nunca antes la grieta había sido tan clara. Y salvarla requerirá un nuevo 'tour de force' para encontrar la gobernabilidad en una Bélgica que no se pone plazos límite para conseguirla. Necesitó 194 días en 2007 y escribió su propio récord entre 2010 y 2011: dieciocho meses; 541 días.

La decisión del monarca llegaba después de tres jornadas de encuentros privados con los líderes de los partidos. Más tiempo de lo habitual; síntoma de que el puzzle es complejo. Estos encuentros -que se rigen por el principio de la discreción- acabaron el miércoles con una entrada en palacio muy polémica: la del líder del partido de la ultraderecha flamenca Vlaams Belang, Tom Van Grieken, de 32 años, natural de Amberes. La entrevista, que este definió como «normal», «tranquila» y «agradable», se convertía en un hito.

Todo un hito

Los medios belgas han tenido que tirar de hemeroteca. Y se remontan hasta 1936 para encontrar la última reunión oficial de estas características entre un soberano y un líder de la extrema derecha. Fue la de Leopoldo III y Leon Degrelle, jefe del partido Rexista, la versión belga del fascismo, que colaboraría con los nazis durante los cuatro años de ocupación. Hubo un 'amago' varios años después, en 1978, cuando el Rey Balduino (tío del actual monarca) invitó a Karel Dillen, presidente de los Vlaams Blok (el partido antecesor del Vlaams Belang, que llegó a ser condenado por «racista»). Pero Dillen rechazó la invitación.

Polémica al margen, el Rey Felipe no tenía muchas opciones. La derecha radical ha vuelto a resurgir con su discurso independentista y xenófobo. Fue tercera en las urnas con 18 escaños (quince más de los que tenía) en un Parlamento Federal con 150. La mayor representación corresponde a la N-VA (con un relato similar, pero edulcorado), que ha retenido 25 asientos, cediendo ocho. Entre uno y otro, los socialistas, segundos, con 20 (-3).

La N-VA (Nueva Alianza Flamenca), la misma que da cobertura al expresidente catalán Carles Puigdemont en Bélgica, formó parte del anterior ejecutivo encabezado por el valón Charles Michel. Esa misma N-VA sostuvo durante más de cuatro años un gobierno de coalición con cristiano-demócratas y liberales. Hasta el pasado diciembre, cuando lo abandonó después de que Michel incluyera a Bélgica en la lista de países firmantes del Pacto Mundial para la Migración. Era parte de una estrategia preelectoral de desafección pregresiva que no le ha salido bien.

Fracaso personal

Tanto es así que se ha tomado el repunte de la extrema derecha como un fracaso personal hasta el punto de que su líder, Bart de Wever, le ha entregado el triunfo moral a su competidor radical. Y parece dispuesto a «hablar» con él aunque entre ambos no exista mucho 'feeling'. Sin embargo, otros miembros de la N-VA como Theo Franken, que llegó a ser secretario de Estado de Asilo e Inmigración del anterior Ejecutivo, parecen entenderse mejor con el nuevo jefe de la extrema derecha.

Aún no se ha aclarado si sumarán fuerzas, poniendo fin al histórico cordón sanitario. Pero el solo hecho de «hablar» ya se ve como un gesto que multiplica la dificultad de encajar el número de piezas suficientes (que están en las antípodas ideológicas) para coser otro 'gobierno Frankenstein' (como ya se llegó a definir al anterior).

En el otro lado, el veto que pretendían los socialistas a la N-VA (lo de los ultras se daba por descontado) no suma suficientes escaños; tampoco es factible un tripartito clásico entre familias liberales, socialistas y cristianos demócratas si no es con el apoyo de los Verdes. Y aun así este no se cumpliría con el equilibrio en la representatividad de valones y flamencos que también requiere el complejo sistema de este país. El norte quedaría en minoría.

Los informadores-mediadores del rey tienen que entregarle un primer informe de 'opciones' el próximo jueves día 6 tras mantener entrevistas con representantes de todos los partidos. «La situación es compleja», han señalado al unísono. Ambos son de la confianza del monarca y a ambos se les reconoce una dilatada trayectoria política. Los dos, el valón Didier Reynders y el flamenco Johan Vande Lanotte, han realizado por separado, con anterioridad, esta función conciliadora. No obstante, no tuvieron éxito.