Rusia conmemora el fin del asedio de Leningrado con un desfile militar

Putin, durante un momento del homenaje. /EFE
Putin, durante un momento del homenaje. / EFE

Putin aprovecha el 75 aniversario del levantamiento del sitio de la actual San Petersburgo para exhibir músculo una vez más

RAFAEL M. MAÑUECOCorresponsal en Moscú (Rusia)

Leningrado, la actual San Petersburgo, nunca hasta ahora había conmemorado el aniversario del final del asedio nazi a la ciudad con un desfile militar. Siempre se había recordado a los muertos durante aquellos 872 días de horror acudiendo a los cementerios. Este año, por orden del presidente Vladímir Putin, la efeméride ha incluido por primera vez demostración de fuerza a cargo de más de 2.500 militares.

Las unidades desfilaron en la Plaza del Palacio de San Petersburgo mostrando tanques, sistemas de artillería, misiles y aviones, circunstancia que la levantado polémica entre quienes critican el frenesí militarista de Putin y su obsesión con la terrible guerra que enfrentó a la Unión Soviética con la Alemania nazi.

Junto a los destacamentos ataviados con uniformes de la II Guerra Mundial y a bordo de tanques de la misma época, como el legendario T-34, máquina blindada que protagoniza una película homónima actualmente en cartel en los cines rusos, ayer desfilaron los modernísimos misiles antiaéreos C-400 y los Iskander-M, de alcance medio y capaces de portar carga nuclear.

«Hay que vivir el día de hoy, el presente y el futuro, pero nunca jamás debe olvidarse lo que ocurrió en Leningrado», dijo ayer Putin en uno de los actos conmemorativos. Según sus palabras, «no hay ni habrá perdón para los nazis, que intentaron doblegar una ciudad inexpugnable a base de hambre, matando conscientemente a miles de civiles. Esto es lo que se llama crimen contra la humanidad».

Cerco nazi

El máximo dirigente ruso, que nació en esta ciudad, no presenció la parada militar, pero estuvo en la localidad de Kirovsk, en el llamado 'Nevski Piatachok', uno de los puntos claves en la defensa de Leningrado en los días del asedio y donde las tropas soviéticas trataron de romper el cerco nazi. Allí luchó su padre, Vladímir Spiridónovich Putin, que resultó herido gravemente en una pierna. Los alemanes no lograron tomar la ciudad, pero la sometieron a un brutal bloqueo y a bombardeos continuos.

La madre de Putin cerca estuvo de perecer de hambre en el sitio de Leningrado y su hijo Víctor, hermano del actual presidente, murió allí de difteria. Por eso otra de las visitas que ayer efectuó el jefe del Kremlin, con ofrenda de flores incluida, fue al cementerio Piskarióvskoye, donde yace su hermano. En este campo santo hay enterradas cerca de medio millón de víctimas del asedio, de las que 420.000 eran civiles y 70.000 militares.

Se calcula que el total de muertos en los 872 días de bloqueo supera los 800.000, el 97% a causa de la feroz hambruna, aunque hay cifras que hablan de millón y medio. La cúpula hitleriana declaró en el juicio de Nuremberg que perecieron 632.000 personas.

Pero a muchos en San Petersburgo no les ha gustado lo del desfile. El experto en temas militares, Alexánder Golts, mantiene que «las autoridades rusas se han apropiado de la victoria sobre la Alemania nazi para realzar su imagen». El diputado de la asamblea local de San Petersburgo, Borís Vishnevski, va más allá y afirma que la «explotación excesiva» por parte de Putin de todo lo relacionado con la II Guerra Mundial es uno de los recursos empleados para «eternizarse en el poder».