Un grito viral por la libertad de las mujeres árabes

La mujer saudí Rahaf Mohammed al-Qanun (C) es escoltada por un oficial de inmigración (D) de Tailandia y funcionarios del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) (I)./AFP
La mujer saudí Rahaf Mohammed al-Qanun (C) es escoltada por un oficial de inmigración (D) de Tailandia y funcionarios del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) (I). / AFP

La joven saudí, Rahaf Mohamed al Qunun, de 18 años, huyó de su familia, que la ha amenazado de muerte

Elena Martin Lopez
ELENA MARTIN LOPEZMadrid

En un momento en el que los movimientos feministas son tan numerosos y significativos en gran parte del planeta, historias como la de Rahaf Mohamed al Qunun conmueven.

Esta joven saudí, de 18 años, huyó de su familia durante un viaje a Kuwait, tras un enfrentamiento provocado por su renuncia a la religión islámica y a un matrimonio concertado. «Se negaba a llevar hijab y había tensión con la familia debido a desacuerdos en asuntos religiosos... Que su familia tratara de obligarla a un matrimonio concertado parece que fue la gota que colmó el vaso», ha dicho Sunai Pasuk, investigador de la ONG Human Rights Watch (HRW) en Tailandia.

Al contrario que en Arabia Saudí, en Kuwait las mujeres sí pueden viajar solas. Aprovechando la ocasión, al Qunun voló hasta el aeropuerto Suvarnabhumi, en Bangkok (Tailandia) donde pretendía hacer escala, pues su objetivo era viajar a Australia para pedir asilo político. Para ello contaba con un billete de avión y un visado en regla.

Su plan se truncó cuando las autoridades migratorias del país del sudeste asiático la detuvieron. Según declaraciones de la joven, un empleado de la aerolínea Kuwait Airways le confiscó el pasaporte y le dijo que, a petición de la Embajada de Arabia Saudí, iba a ser obligada a embarcar en un vuelo de vuelta a Kuwait, donde la esperaba su familia.

Una historia viral

A través de su cuenta de Twitter, abierta hace pocos meses, pero que ya cuenta con más de 89.000 seguidores, al Qunun ha ido relatando su historia, que se ha hecho viral. En esta red social publicó un vídeo desde una habitación de hotel de la zona de tránsito del aeropuerto de Bangkok, donde se atrincheró para evitar su deportación, advirtiendo que no saldría hasta recibir ayuda de las Naciones Unidas. También de esta forma pidió asilo en Europa, EE UU, Canadá, Australia y Reino Unido.

La joven saudí también ha asegurado que su vida corre peligro si regresa, pues su familia la ha amenazado de muerte en varias ocasiones. «Compartí mi historia y mis fotos en las redes sociales y mi padre está muy enojado por ello«, ha dicho en declaraciones a la BBC. «Mi primo me está amenazando con que seré sacrificada», escribió en un tuit acompañando a un pantallazo del comentario de su familiar.

«Me habían amenazado con matarme antes y no tienen miedo de amenazarme en público. ¿Crees que esta familia es lo suficientemente moderna como para establecer y negociar las decisiones de mi vida?», relataba en otro.

Este lunes quedó bajo la protección de la agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR, que ha paralizado el proceso de deportación. «No será devuelta en contra de su voluntad si no quiere irse» de Tailandia, informó el responsable de la policía de inmigración tailandesa, Surachate Hakparn.

Al Qunun se encuentra alojada en un hotel de Bangkok mientras la ONU procesa su solicitud para obtener el estatus de refugiado, de cara a que pueda solicitar asilo en un tercer país. El proceso podría llevar «varios días», según ha admitido el representante de ACNUR en Tailandia, Giuseppe de Vincentiis.

La embajada de Arabia Saudí ha mantenido que no le había confiscado el pasaporte a Al Qunun ni pedido su deportación, achacando lo sucedido a las autoridades tailandesas. Mientras, Australia se ha comprometido a estudiar la concesión de un visado humanitario una vez que se haya pronunciado ACNUR sobre este caso.

Un portavoz del Ministerio de Interior de Australia, ha anunciado este martes que «el gobierno australiano está contento de que la solicitud de protección de la señora Rahaf Mohammed Al Qunun sea evaluada» por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). «Cualquier demanda de visado humanitario por parte de la señora Al Qunun será considerada cuidadosamente cuando el proceso de ACNUR haya concluido», ha agregado.

El padre de Rahaf Mohammed al Qunun ha viajado a la capital tailandesa con la intención de reunirse con su hija. El subdirector para Asia de HRW, Phil Robertson, ha considerado la visita del padre a Bangkok «un motivo de preocupación».

Libertad para decidir

Al Qunun ha denunciado que en Arabia Saudí no puede «estudiar ni trabajar». «Quiero liberarme y estudiar y trabajar en lo que quiera», ha dicho a la BBC. A pesar de todo, su historia no es un caso aislado en este país.

Una mujer en Arabia Saudí está controlada por un hombre desde que nace hasta que muere. Es consecuencia de la ley de tutela del varón, que dicta que toda mujer debe tener un «hombre guardián», normalmente un padre o marido, aunque en algunos casos un hermano o incluso un hijo. Las mujeres deben obtener un permiso de este tutor masculino para casarse, viajar, salir de la cárcel o acceder al sistema de salud.

Esta ley es el impedimento más importante para hacer realidad los derechos de las mujeres en dicho país. Presionada por distintas organizaciones de derechos humanos, Arabia Saudí ha realizado una serie de pequeños cambios en los últimos diez años para aliviar esta situación, como permitir a las mujeres entrar en la esfera política (con limitaciones) o el mercado de trabajo, pero estas medidas siguen siendo insuficientes, incompletas e ineficaces para erradicar el problema.

 

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