México negocia a marchas forzadas concesiones migratorias para calmar a Trump

Donald Trump. /Reuters
Donald Trump. / Reuters

Nadie cree que se pueda alcanzar un acuerdo hasta que el presidente esté de vuelta en EE UU

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

Con el reloj en cuenta atrás y el único que puede pararlo de viaje por Europa, las autoridades mexicanas, los legisladores republicanos y los hombres de negocios que comercian a ambos lados del Río Bravo siguen buscando a la desesperada una manera de frenar los aranceles con los que Donald Trump ha amenazado a México para el lunes si no corta el paso a los inmigrantes centroamericanos.

México habría ofrecido un fuerte despliegue militar de 6.000 efectivos en la frontera guatemalteca para evitar que los inmigrantes indocumentados lleguen a EEUU, donde el mes pasado se ha batido el récord de detenciones de la última década con 133.000, solo en mayo. La reunión de dos horas que mantuvo el ministro de Asuntos Exteriores mexicano Marcelo Ebrard con el vicepresidente Mike Pence permitió hacer «grandes progresos», dijo este, «pero no lo suficiente ni de lejos», enfrió Trump por Twitter. El presidente de Estados Unidos quiere que México acepte quedarse en su territorio con todos los solicitantes de asilo político mientras duren los trámites, entre otras demandas que no ha hecho públicas. Este jueves la delegación mexicana tuvo que volver a presentar los deberes en el Departamento de Estado, donde busca una prórroga, en presencia de un grupo de asesores de la Casa Blanca, entre los que previsiblemente se encontraba el asesor económico Peter Navarro, que después de empujar a su jefe a posturas extremas en materias comerciales parece dispuesto a la concordia. «Creemos que estos aranceles no tendrán que entrar en vigor porque tenemos la atención de las autoridades de México», dijo a varias cadenas de televisión.

Intentaba así calmar los ánimo en casa, donde el presidente de la Cámara de Comercio Tom Donohue dijo tener a empresarios mexicanos sentados a la mesa mientras anunciaba su dimisión al Washington Post. «Ya no soy ningún pollo», se justificó ante el rotativo el hombre de 80 años al tirar la toalla. Igual de preocupado está el líder del Senado Mitch McConnell, que ha suplicado a la Casa Blanca que no tome ninguna decisión hasta que tenga la oportunidad de hablar con el presidente y presentarle el punto de vista de los legisladores.

Desde Normandía, el mandatario ha advertido que «los republicanos deberían de estar encantados» con lo que está haciendo, dijo en entrevista con Fox. «Cuando todo el mundo te usa como si fueras su hucha, los aranceles son algo precioso, si sabes manejarlos», aclaró. Trump ha comprendido que son su mejor arma negociadora para forzar a sus aliados a negociar condiciones ventajosas para EE UU, ya sea en materia de comercio, migratoria o incluso militar.

Algunos de sus aliados en el Congreso creen que está llegando «demasiado lejos», dijo el senador de Texas Ted Cruz, uno de los estados que más se vería afectado. Trump parece dispuesto a plantarles cara, a sabiendas de que el tema migratorio es el que más enciende a sus bases. «Entiendo que el presidente esté frustrado», templó Cruz, «pero no hay razón para que millones de agricultores y empresarios tengan que pagar por ello con 30.000 millones de dólares en nuevos impuestos, eso sería un error».

En el país azteca también se juega a dos bandas, con mucho diplomacia, para no herir aún más el orgullo nacional de quienes esperaban que Andrés Manuel López Obrador defendiera la dignidad del país frente a los abusos de Trump. Por eso el sábado ha convocado en Tijuana un «acto de unidad en defensa de la dignidad de México» en el que canalizar ese sentimiento, mientras que continúan las negociaciones. Guatemala, por su parte, viendo arder las barbas de su vecino, ha ofrecido ya desmantelar las caravanas antes de que crucen su frontera con México.