Nadie está libre, cualquiera es sospechoso

Nadie está libre, cualquiera es sospechoso
DIEGO CARCEDOmadrid

El atentado de Orlando (Florida) demuestra que frente al terrorismo, sea el que sea y proceda de donde proceda, nadie está libre y cualquiera puede resultar sospechoso de querer cometer un atentado. El autor de la matanza era norteamericano, oriundo de Afganistán, parece que estaba fichado por la policía como simpatizante del Daesh y para más inri, trabajaba como agente de seguridad. Lo mismo que muchos millares de musulmanes o incluso de otras religiones como viven en los Estados Unidos y disfrutan de la libertad e igualdad de oportunidades que allí existe.

Una vez más el atentado, con su secuela de medio centenar de muertos y otros tantos heridos deja en el ambiente muchas dudas que el tiempo irá aclarando. Pero lo cierto es que a los fanáticos, en este caso supuestamente de la yihad, todo objetivo capaz de provocar muerte y terror les viene bien. Estos días la atención de los servicios de seguridad e inteligencia de todo el mundo, particularmente del mundo occidental, estaban puestos en Francia, donde acaba de comenzar el campeonato europeo de fútbol. Falló la lógica; los terroristas no suelen compartir la nuestra.

Para los terroristas, repito, les da lo mismo que sea un restaurante de lujo, un tren repleto de pasajeros, un hotel ocupado por turistas, una discoteca o un club de gays. Algunas hipótesis se volcarán en la tesis de que ha sido una reacción siniestra contra la homosexualidad, pero la realidad es que atentan contra todo lo que encuentran más a mano y les resulta más fácil. Igual podría haber sido en un estadio deportivo, en un teatro o en una simple plaza pública en un momento de gran afluencia de gente. Lo que les interesa es generar miedo y sembrar pánico.

Y lo más grave es que ante esta amenaza indiscriminada, las medidas para frenarla siempre serán insuficientes. Han aumentado en todos los países y de manera especial en los Estados Unidos, done parecía que después del 11 S no se repetiría algo semejante, pero cometer un atentado de esta naturaleza, a sujetos dispuestos a convertirse en la primera víctima no hay sistema de seguridad, por estricto y amplio que sea, que pueda evitarlo. La locura que sin duda sufren los fanáticos, es un problema con solución muy difícil.

Ahora por segunda vez ha sido en los Estados Unidos y contra un club gay; mañana, miedo da reconocerlo, será en otro lugar. La lista de países que ya han sufrido los zarpazos del terrorismo yihadista es larga y seguramente todavía no podrá darse por cerrada. Esto es una guerra nada convencional para la cual ningún ejército está preparado. Hay algunas medidas lógicas, que empiezan por el incremento de los sistemas de información y control: se impone una reacción contra el ISIS (Estado Islámico), contra sus fuentes de financiación, sus suministradores de armas, y el control de sus sistemas de comunicación Aparte de poner en marcha campañas eficaces de desintoxicación de tantos jóvenes, y a veces no tan jóvenes, a quienes la religión y el deseo de venganza les tiene comido el cerebro.