Trump da el control de las cuentas venezolanas a Guaidó

Juan Guaidó. /Reuters
Juan Guaidó. / Reuters

El nombramiento de un nuevo presidente de Citgo podría redirigir los ingresos petroleros de la refinería de Houston a manos del nuevo gobierno

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (Estados Unidos)

En cuestión de días, el gobierno de EE UU ha reconocido a un nuevo embajador de Venezuela en Washington, ha dado el control de las cuentas bancarias del Banco Central de Venezuela al autoproclamado presidente Juan Guaidó y considera embargar el importe del crudo que Caracas envía a las refinerías en el Golfo de México.

Así de rápido actúa el gobierno de Trump, decidido a consolidar el cambio de régimen en el país sudamericano. El embargo del crudo venezolano es el paso más delicado por el impacto que puede tener en los mercados mundiales, pero el secretario del Tesoro Steve Munchin aseguró: «Muchos de nuestros amigos en Oriente Medios estarán contentos de compensar el desabasto» que apenas supone «un 10% o menos en un puñado de refinerías estadounidenses». Según él, estas refinerías que registraban una peligrosa dependencia del petróleo venezolano han reducido el porcentaje que adquirían porque «han leído las hojas del té». Al gobierno de Nicolás Maduro, sin embargo, le arrebatará de inmediato 7.000 millones de dólares que se redirigirán al gobierno de Guaidó y, si lograse seguir en el poder, 11.000 millones en exportaciones a lo largo de un año.

Washington quiere que secunden su iniciativa de redirigir las cuentas e intereses financieros de Venezuela al nuevo mandatario para dotarlo de medios económicos con los que ganarse el apoyo del pueblo venezolano, con el que la oposición intenta sacar músculo estos días. La decisión de autorizarle el uso de las cuentas bancarias no fue anunciada por el Departamento del Tesoro, sino por el senador cubanoamericano Marco Rubio, al que el New York Times ha bautizado como 'ouster in chief' (derrocador en jefe), una suerte de comandante en jefe para cambios de régimen, etiqueta que el ex candidato presidencial rechaza por respeto a Trump y su equipo. «Aquí el que decide es el presidente, yo solo aporto ideas -aunque tiene un gran equipo alrededor-, y en realidad nunca ha necesitado que le convenzan mucho».

Su antiguo rival en las primarias presidenciales dice que Trump le había sacado el tema más que él, lo que concuerda con reportes que achacan a Trump más de un año pidiendo a los líderes con los que se reúne su apoyo en Venezuela. Eso habría sido utilizado como baza negociadora con México, pero su asesor de Seguridad Nacional John Bolton tiene otras ideas: compartir las oportunidades de negocio que presentará el petróleo venezolano.

El halcón de Bush en la guerra de Irak es el que mejor entiende al mandatario, a quien sus asesores han tenido que explicar una y otra vez por qué EEUU no puede quedarse con el petróleo de Irak. Bolton dijo en Fox el jueves pasado que «marcaría una gran diferencia para la economía estadounidense si las petroleras de EE UU pudieran invertir y producir en las capacidades petroleras de Venezuela». Horas después, Guaidó anunció sus planes para una nueva ley de hidrocarburos que flexibilice las inversiones. Precisamente por la susceptibilidad que provoca el gobierno de Trump intenta ser cauto con el embargo del petróleo venezolano, su mejor arma para asfixiar a Maduro.

La alternativa es que el gobierno de Guaidó logre ejercer el control sobre PDVSA, la empresa estatal propietaria de la refinería Citgo con sede en Houston (Texas). Guaidó ya despidió el viernes en conferencia de prensa al ministro de petróleo venezolano Manuel Quevedo, que sigue rindiendo lealtad a Maduro, y anunció sus intenciones de reemplazar al presidente de Citgo, Asdrubal Chávez, que tiene la entrada vetada en EE UU. Es ahí donde entraría en conflicto directo con Rusia, ya que el 49,9% de Citgo fue utilizado como aval para un préstamo de 1.500 millones de dólares que Moscú concedió a Venezuela en 2016.

El otro balón de oxígeno que el gobierno de Maduro habría perdido es el de sus reservas de oro en el Banco de Inglaterra, que según Bloomberg ya habrían sido bloqueadas. Ante el temor de que fueran incautadas, el gobierno de Maduro había cerrado días antes del golpe una transacción con el Deutsche Bank para transformarlas en 1.300 millones de dólares, que ya no recibirá a petición de Guaidó. Falta por ver si el Banco de Inglaterra le da acceso al nuevo presidente.

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