Kim Jong-un reconoce que el lanzamiento de misiles es una «advertencia»

Kim Jong-un observa el lanzamiento de los dos nuevos misiles norcoreanos./Reuters
Kim Jong-un observa el lanzamiento de los dos nuevos misiles norcoreanos. / Reuters

El líder norcoreano afirma que los nuevos proyectiles son difíciles de interceptar y muestra su enfado por los ejercicios militares de Estados Unidos

ZIGOR ALDAMAShanghái

Los analistas surcoreanos estaban en lo cierto cuando el jueves avanzaron que el lanzamiento de dos nuevos misiles norcoreanos se debía interpretar como una pataleta de Corea del Norte por los ejercicios militares conjuntos que protagonizarán Corea del Sur y Estados Unidos el mes que viene. Lo confirmó ayer el propio líder norcoreano, Kim Jong-un, en unas inusuales declaraciones realizadas a la prensa estatal tras las pruebas de «una nueva arma táctica guiada muy difícil de interceptar».

El Brillante Camarada explicó que los dos misiles disparados son «una solemne advertencia para los amantes de la guerra surcoreanos», a quienes criticó por su doble moral. «Tienen la extraña costumbre de hablar sobre paz, pero, a nuestras espaldas, adquieren armas ofensivas ultramodernas -en referencia a los cazas F-35 americanos que ha comprado Seúl- y realizan ejercicios militares conjuntos. Así que no podemos sino continuar desarrollando armamento muy poderoso para hacer frente a las amenazas que pesan sobre la seguridad de nuestro país», denunció Kim, que supervisó personalmente el lanzamiento. «El Jefe del Ejecutivo -surcoreano- no debería cometer el error de pasar por alto nuestra advertencia», subrayó.

Corea del Sur confirmó que los dos lanzamientos en la madrugada del jueves fueron de misiles no identificados, que recorrieron unos 600 kilómetros antes de caer al agua sin consecuencias, y que la prueba no modificará ni lo más mínimo su postura. Estados Unidos, por su parte, analizó los datos de los misiles norcoreanos y concluyó que guardan grandes similitudes con los SS-26 Iskander rusos, que son pequeños, rápidos, y tan versátiles como difíciles de detectar.

En cualquier caso, las amenazas de Kim dejan traslucir más que un enfado. Pyongyang comienza a impacientarse por el estancamiento del proceso de pacificación iniciado el año pasado, y tiene buenas razones para ello: las sanciones económicas están ahogando al país y, según el Banco Central de Corea del Sur, su PIB volvió a contraerse el año pasado. La caída no fue desdeñable: un 4,1%, la peor cifra desde 1997. No obstante, hay que tomar estos datos con precaución, ya que no son oficiales. Corea del Norte no proporciona estadísticas sobre el rumbo de su economía, y las cifras proporcionadas por la entidad financiera surcoreana contrastan con las imágenes de prosperidad vistas en Pyongyang.

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